España es uno de los países más polarizados de Europa. Estas son las razones por las que eso no debería frenar su potencial

Political polarization has prevented Spain from achieving its full potential.
Political polarization has prevented Spain from achieving its full potential.Image: Unsplash/Max Harlynking
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  • España tiene un enorme potencial, gracias a factores como sus excelentes infraestructuras, sus sistemas sanitario y educativo y su red de start-ups.

  • Pero importantes obstáculos le impiden alcanzar ese potencial.

  • Para reformarse, España necesita formas nuevas e innovadoras de que sus ciudadanos participen en la política y en la elaboración de políticas públicas.

En encuestas recientes, España figura como uno de los países más polarizados de Europa. El debate político está plagado de conflictos culturales, el lenguaje incendiario se multiplica y los candidatos de izquierda y de derecha cuestionan abiertamente el derecho del otro a gobernar. Dada la hostilidad entre los dos bloques que dominan el panorama político español, uno podría pensar que la extrema izquierda y la extrema derecha se turnan en el poder. Sin embargo, y en cierto modo de manera contraintuitiva, la gran mayoría de los españoles vota a partidos centristas como el conservador PP y el socialista PSOE de izquierda. La única vía de acceso al poder para los partidos extremos es como socios minoritarios en coaliciones encabezadas por los partidos moderados.

La polarización es un gran obstáculo en el camino de España hacia la modernización y la reforma. España cuenta con infraestructuras excepcionales y excelentes sistemas sanitario y educativo. La fuerza laboral española es seria y trabajadora. El modelo redistributivo funciona. La clase profesional es destacada. Desde la ingeniería o la construcción hasta la moda, la banca o la energía, las grandes empresas españolas compiten a escala global con soltura. Madrid se ha convertido en un centro empresarial de moda y Barcelona es una de las principales ciudades europeas para las start-ups innovadoras. Además de sectores tradicionales como el automovilístico, el agroalimentario y el turismo, el país está bien posicionado en energías renovables e hidrógeno verde. Y, por si fuera poco, España se encuentra en una ubicación ideal entre el Mediterráneo, la puerta de Europa a África, y el Atlántico, con fuertes vínculos históricos también con Latinoamérica.

Potencial desaprovechado

Los cambios que necesita el país son bastante sencillos y los conocen la mayoría de los españoles: aligerar la carga de una burocracia pública anticuada que impide la evolución hacia sectores más productivos y basados en la tecnología, ya sea por sí solos o combinados con los tradicionales, como el automovilístico y el agroalimentario; adaptar la educación universitaria a las necesidades económicas; reorientar el sistema educativo hacia competencias más flexibles y las STEM; aplicar políticas medioambientales sensatas, especialmente en materia de agua, dado que el país ya está sufriendo los efectos del cambio climático; reducir el continuo despilfarro de fondos públicos debido al clientelismo político e introducir controles y contrapesos básicos en el sistema político.

La mayoría de los ciudadanos españoles se alinea en torno a esas prioridades; quieren soluciones que modernicen el país y lo hagan financieramente autosuficiente. Lo que los partidos políticos les ofrecen, en cambio, son guerras culturales, hostilidad, manipulación emocional y el mantenimiento del statu quo. La distancia entre la política y la realidad es cada vez mayor. Tanto es así que el “comportamiento de los políticos” figura de forma constante entre las principales preocupaciones de los españoles. Los partidos políticos, con sus jerarquías rígidas, organizados según el tribalismo y el clientelismo en lugar de la retención del talento, no están en condiciones de afrontar los retos de la modernización nacional. Es casi como si España, un país con una difícil infancia en su trayectoria democrática, hubiera superado ya la pubertad, alcanzado la madurez y dejado atrás a sus élites políticas. Hay generaciones de personas que reclaman una España más moderna, innovadora, preparada para el clima e internacional.

España, como otros muchos países polarizados, reclama una democracia más práctica, sensata y orientada a las soluciones, una que funcione para todos. Muchos españoles están dispuestos a contribuir a mejorar su país, pero no quieren verse obligados a adoptar una postura política tribal para hacerlo. España Mejor necesita nuevas vías para contribuir a la elaboración de políticas públicas a través de organizaciones no partidistas, abiertas e inclusivas. Espacios en los que los ciudadanos puedan centrarse en sus verdaderas preocupaciones en lugar de en la animadversión y la rivalidad entre los partidos políticos.

Una España mejor es posible

Por eso se fundó España Mejor, que significa “una España mejor”. Como incubadora política sin ánimo de lucro y no partidista, promovemos políticas públicas innovadoras y pragmáticas para impulsar el potencial de España, y lo hacemos con la participación directa de los ciudadanos españoles.

Estamos abiertos a todos y nuestro objetivo es que personas de distintas ideologías trabajen juntas y antepongan el interés del país a sus diferencias. No somos un centro de análisis, aunque elaboramos soluciones de políticas públicas con expertos que emplean metodologías empíricas imparciales. No somos un grupo de presión, aunque defendemos propuestas políticas en favor del interés público. Y no somos un partido político, aunque pretendemos influir en la agenda política nacional mediante la participación directa de los ciudadanos y de organizaciones de la sociedad civil. España Mejor adopta un auténtico modelo híbrido, muy necesario para contrarrestar el tribalismo político que aleja a los ciudadanos y bloquea el potencial del país.

En el mes y medio transcurrido desde su fundación, España Mejor ha llevado a cabo iniciativas con jóvenes que nunca antes se habían realizado en España. Por ejemplo, les hemos dado la oportunidad de ser escuchados, con una encuesta a 50.000 jóvenes españoles. También hemos creado paneles consultivos de ciencias del comportamiento, en los que unimos a expertos con jóvenes para elaborar propuestas de políticas públicas.

Política y elaboración de políticas participativas

El mundo ha experimentado innumerables transformaciones en los últimos 20 años. Ahora viajamos, nos comunicamos, nos formamos, trabajamos, recibimos atención médica y nos entretenemos de otra manera. La tecnología nos ha empoderado para organizarnos con mucha más autonomía y, para cualquiera de esas actividades, dejar de depender de estructuras rígidas y jerárquicas. Hemos eliminado intermediarios y ahora disponemos de muchas más opciones, adaptables y personalizables a nuestras necesidades. Pero, paradójicamente, el único ámbito que no ha cambiado es el que más importa: la política. Ya es hora de empezar a explorar opciones alternativas de participación en las políticas públicas sin comprometer las garantías básicas de nuestros sistemas democráticos.

Países como España necesitan formas innovadoras de que la gente participe en la política y en la elaboración de políticas públicas, plataformas políticas abiertas centradas no en la hostilidad política, sino en encontrar soluciones concretas. La democracia no puede ser ajena a la innovación. De hecho, la innovación en la participación ciudadana es la mejor forma de garantizar la sostenibilidad de la democracia.

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