El 4 de julio, Narendra Modi, ministro principal de Gujarat y candidato putativo a primer ministro del opositor Partido Bharatiya Janata (BJP), se convirtió en el político indio con más seguidores en Twitter, con más de 1,8 millones de seguidores. (Conviene decirlo: el veterano líder al que eclipsó fui yo.) La ocasión fue celebrada por simpatizantes del BJP en toda Internet y desencadenó una oleada de análisis sobre el creciente impacto de las redes sociales en la política india.
Hace cuatro años, cuando me estrené en Twitter, muchos políticos indios menospreciaban el uso de las redes sociales. Me parecía que cada comentario mío era sacado de contexto por la prensa y convertido en una polémica política. Venkaiah Naidu, entonces presidente del BJP, me advirtió con visión de futuro: “Tuitear en exceso puede acabar en abandono.”
Todavía en septiembre pasado, el diario indio Economic Times informó de que, ante tales riesgos, la mayoría de los jóvenes políticos indios no estaba presente en ninguna red social. Los que tenían cuentas activas solo publicaban actualizaciones esporádicas y poco interesantes.
El periodista y poeta Pritish Nandy, en una entrevista publicada en el Times , señaló que incluso evenHowqe tenía más seguidores en Twitter que el primer ministro Manmohan Singh (que en aquel momento tenía solo unos 195.000). Otros entrevistados dejaron claro que no tenían intención de adoptar las redes sociales en un futuro próximo.
Pero el ritmo al que el mundo político adopta las redes sociales se ha acelerado de forma notable en el último año. Además de la adopción masiva de Twitter por parte del BJP –los aliados de Modi en la red incluyen al líder parlamentario del partido, Sushma Swaraj, y a un grupo organizado de simpatizantes–, destacados políticos indios de todos los partidos se han sumado con decisión.
Un día después de su toma de posesión como presidente de India, Pranab Mukherjee anunció que abriría una cuenta de Facebook para recibir y responder a las preguntas del público. La ministra principal de Bengala Occidental, Mamata Banerjee, mantiene un sitio web popular y muy leído, del que los medios tradicionales extraen información a diario. Del mismo modo, Omar Abdullah, el joven ministro principal de Jammu y Cachemira, interactúa con regularidad en Twitter, y sus homólogos de Rajastán y Kerala, mucho mayores que él, Ashok Gehlot y Oommen Chandy, respectivamente, también han abierto cuentas de Facebook.
Más de la mitad del Consejo de Ministros ya está en línea, como lo está la Comisión de Planificación, que difunde estadísticas, y la mayoría de las oficinas gubernamentales están estableciendo una presencia en las redes sociales. La cuenta de Twitter del primer ministro ha triplicado con creces sus seguidores en los últimos nueve meses, hasta casi 660.000 (más de un 50 % superior a la de Nandy).
Los temas políticos indios se plantean y debaten con regularidad, y con vehemencia, en las redes sociales. El ministro de Finanzas habló al público sobre el presupuesto, no en televisión, sino en una Google Hangout. La Comisión de Planificación, el ministro de Transporte por Carretera y Autopistas, y yo mismo lo hemos imitado. Incluso el 12 % de la población india –el alcance actual de la penetración de Internet– convierte al país en el tercer mercado en línea del mundo y también en el de crecimiento más rápido en relación con su tamaño. De hecho, en términos de personas conectadas, se prevé que India supere a Estados Unidos en 2020.
No obstante, es razonable ser escéptico ante el alcance y el impacto político de las redes sociales en India. Un reciente estudio realizado por la IRIS Knowledge Foundation y la Internet and Mobile Association of India (AIMAI) sugiere que hay hasta 160 circunscripciones (de las 543 de la cámara baja del parlamento indio, elegida por sufragio popular) en las que el margen de victoria es menor que el número de electores presentes en Facebook, o en las que más del 10 % de la población está en Facebook. El estudio calcula que, para las próximas elecciones, previstas para 2014, hasta 80 millones de indios utilizarán las redes sociales, un bloque de votantes que, supuestamente, ningún político puede permitirse ignorar.
Como uno de los primeros políticos indios en adoptar las redes sociales, considero que esta conclusión es prematura. No creo que, dadas las cifras, ninguna elección india pueda ganarse o perderse solo en las redes sociales.
Solo una pequeña minoría de los 753 millones de votantes indios utiliza las redes sociales; con distritos electorales de unos dos millones de personas cada uno, Twitter sirve de poca ayuda para la movilización política. A diferencia de Estados Unidos, por ejemplo, Twitter sería inútil para organizar un gran mitin o incluso para convocar una reunión pública numerosa.
Pero, aunque las redes sociales no pueden sustituir a la campaña convencional, sí pueden ayudar a marcar la agenda del debate público, porque los medios tradicionales –periódicos y televisión, que sí llegan a la mayoría de los votantes– se nutren de las redes sociales para obtener información sobre los políticos y procedente de ellos. Este impacto indirecto convierte a las redes sociales en una herramienta de comunicación indispensable para los políticos.
Esto será, sin duda, aún más importante a medida que los avances que mejoran la disponibilidad de Internet en los teléfonos móviles y la llegada de los servicios 4G hagan el acceso a las redes sociales más universal. Aunque solo el 12 % de los indios utiliza ordenadores, más del 70 % tiene teléfono móvil, pero muy pocos consideran actualmente fácil o asequible usarlos para acceder a las redes sociales.
En cualquier caso, ningún político democrático debería resistirse a un nuevo medio de comunicación, en particular uno interactivo, aunque algunos parezcan considerarlo principalmente una herramienta de relaciones públicas. El triunfo de Modi no se ha visto empañado de forma apreciable por las acusaciones generalizadas de que el BJP estaría creando cuentas “falsas” para aumentar su número de seguidores (y, si fuera cierto, sería una prueba más de que Twitter ahora importa en India).
El nombre Twitter al principio me desanimó, y muchos sabios indios sugirieron que no era un medio adecuado para un político serio. Pero Google y Yahoo! también eran nombres ridículos en su día; hoy ambos son palabras de uso cotidiano. Estoy convencido de que la mayoría de los políticos de las democracias del siglo XXI –incluida India– estarán tuiteando dentro de diez años, y quienes, como yo, se adelantaron a la curva solo tendrán el consuelo de saber que llegamos antes.
Infórmese sobre el Consejo de la Agenda Global sobre Redes Sociales y lea el informe Normas y valores en los medios digitales , elaborado por el Foro Económico Mundial a través de su comunidad de Media, Entertainment & Information industries.
Autor: Shashi Tharoor es ministro de Estado de Desarrollo de Recursos Humanos de India. Su libro más reciente es Pax Indica: India and the World of the 21st Century.
Las opiniones expresadas aquí son las del autor, y no necesariamente las del Foro Económico Mundial. Publicado en colaboración con Project Syndicate.
Imagen: Una mujer tuitea en su tableta REUTERS/Regis Duvignau


