La paz debe sustentar las nuevas metas de desarrollo

La paz debe sustentar las nuevas metas de desarrollo
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Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) originales ofrecieron a la comunidad internacional una plataforma común para abordar los obstáculos que enfrentan los países y las personas menos privilegiados del mundo. Aunque no se alcanzarán todas las metas en el plazo fijado, no cabe duda de que hoy se consideran ampliamente deseables y que algunas de ellas justifican que los gobiernos y otros socios centren su atención en ámbitos que, de otro modo, habrían quedado desatendidos.

Y ahora, ¿qué sucede después? La experiencia de Costa de Marfil, Guinea, Liberia y Sierra Leona (conjuntamente, los países de la Unión del Río Mano, o MRU), donde llevo trabajando los últimos años, demuestra que la paz y la seguridad deben situarse en primer plano de una agenda de desarrollo posterior a los ODM. Estos países, que enfrentan desafíos sociales y económicos y que han salido del conflicto solo recientemente, confirman lo importante que son la paz y la estabilidad para que cualquiera de las metas pueda alcanzarse y mantenerse. Somalia, Afganistán, Oriente Medio e incluso los recientes acontecimientos de la Primavera Árabe nos han enseñado que, allí donde no hay paz ni estabilidad, incluso cuando se logran avances en desarrollo, los retrocesos pueden ser rápidos y desastrosos.

Los primeros ODM seleccionaron ocho metas que contribuirían a mejorar las condiciones de vida de las personas en todo el mundo. Todas eran válidas, pero la paz no figuraba en la lista. La recientemente adoptada Estrategia de Seguridad Transfronteriza en los cuatro Estados de la MRU reconoce la importancia de la colaboración regional, no solo para gestionar y prevenir la violencia, sino también porque las iniciativas de desarrollo deben orientarse, directa o indirectamente, a promover la paz; de lo contrario, cualquier avance será insostenible.

El ingrediente clave de cualquier programa exitoso en favor de la paz, la seguridad y la estabilidad es el Estado de derecho. Sin Estado de derecho, los ciudadanos carecen de un método estructurado y justo para resolver sus agravios; la inversión extranjera, tan vital para expandir la economía, buscará alternativas para proteger sus inversiones (ya sea mediante sobornos, costes inflados o estrategias empresariales de corto plazo), y la delincuencia organizada y otras actividades ilícitas prosperarán. Sin embargo, en los cuatro países, los indicadores internacionales que miden la vigencia del Estado de derecho los sitúan en la parte inferior de la escala. Las medidas correctivas son aisladas, están insuficientemente financiadas y se ven socavadas por consideraciones políticas. Por ejemplo, en un país, casi todos los gobiernos elegidos desde la independencia destituyeron de inmediato al presidente del Tribunal Supremo en funciones e instalaron a su propio candidato. No es de extrañar que los grupos de oposición no consideren creíble el poder judicial.

El Estado de derecho está vinculado a la buena gobernanza, en particular a la gobernanza política. ¿Cómo se toman las decisiones relativas a la administración del Estado y quién las toma? La democracia tal como se practica en los países industrializados es posiblemente el sistema de buena gobernanza más conocido. Sin embargo, la adopción de las formas externas o las prácticas visibles que tanto éxito han tenido en estos países no ha producido los mismos resultados en los países en posconflicto. Las elecciones resultan ser socialmente divisivas. Cada vez se acepta más que esto se debe a que el poder judicial no es tan creíble ni eficaz como en los países industrializados. Sin embargo, cuando el 40 % o más de la población no se siente representada en la toma de decisiones, y cuando esto se agrava por la corrupción y la impunidad que prevalecen porque no existe Estado de derecho, la inestabilidad se vuelve inevitable.

Por estas razones y otras más, el próximo conjunto de metas de desarrollo debe incluir metas para la paz, el Estado de derecho y la buena gobernanza. La comunidad internacional, en especial los países en desarrollo, debe definir indicadores adecuados para construir una plataforma común desde la cual abordar lo que podría anular todos los avances en otros ámbitos.

Autor: Herbert M’cleod es asesor del Gobierno de Sierra Leona y miembro del Consejo de la Agenda Global sobre Estados Frágiles y Prevención de Conflictos. La Cumbre sobre la Agenda Global se celebra en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos, del 18 al 20 de noviembre, y «Impulsar el crecimiento inclusivo» es uno de sus pilares temáticos.

Imagen: Niños juegan en el puerto de Sal Rei, Cabo Verde. REUTERS/David Lewis.

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