Japón: pionero del futuro económico mundial

Well-wishers wave Japanese national flags as Japan's Emperor Akihito makes an appearance for the New Year celebrations at the Imperial Palace in Tokyo.
With its reliance on the tech sector and ageing population, Japan has become a canary in the world's post-industrial coal mine.Image: Reuters/Toru Hanai
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Japón está a las puertas de un crecimiento económico espectacular. En 2015, el primer ministro Shinzo Abe se comprometió a elevar el PIB del país a 600 billones de yenes (5,4 billones de dólares) para cuando Tokio acogiera los Juegos Olímpicos en 2020. Como esto exigiría tasas de crecimiento anual constantes del 3%, algunos podrían considerarlo poco realista. Pero el giro económico del país significa que alcanzar los 600 billones está al alcance; y, con este nuevo impulso de confianza, es un objetivo que merece la pena perseguir. Japón acaba de registrar su período de crecimiento más prolongado desde 1994: siete trimestres consecutivos. La tasa del último trimestre fue del 2,1%.

La postura intervencionista de la «Abenomics» —impulsar la economía japonesa mediante paquetes de gasto público (el plan de 17.800 millones de dólares anunciado antes de las elecciones de octubre pasado, junto con una política monetaria expansiva para estimular la inflación)— está en sintonía con el cambio de rumbo mundial contra las severas políticas de austeridad de los últimos dos años. Esta política, similar a la flexibilización cuantitativa —que, en la práctica, duplicó la oferta monetaria en Japón—, ha sido elogiada por su magnitud y por buscar que el dinero llegue a manos de la gente, en lugar de quedarse solo en los bancos.

Una mentalidad abierta al mundo

El primer ministro de Japón, Shinzo AbeImage: Reuters/Ints Kalnins

Persisten los desafíos: el crecimiento salarial sigue obstinadamente bajo —pese a que el desempleo, del 2,8%, está en su nivel más bajo en dos décadas—, pero los indicadores económicos generales son alentadores. El índice bursátil Nikkei 225 alcanzó en octubre del año pasado su nivel más alto en 25 años, impulsado por una fuerte inversión extranjera y por un yen más débil que favorece las exportaciones. Esta renovada confianza también se percibe en el extranjero: otros países, como India e Indonesia, observan los avances de Japón en el desarrollo de infraestructuras. La revista Monocle elogió esta nueva mentalidad abierta al mundo al situar aJapón en el cuarto puesto de su reciente encuesta sobre poder blando.

Como era de esperar, la tecnología está guiando la recuperación económica de Japón. La electrónica de consumo y las industrias de alto valor añadido, como la automovilística, desempeñaron tradicionalmente un papel destacado en el ascenso de Japón como potencia económica durante las décadas de 1970 y 1980. Ahora parece que esta larga trayectoria tecnológica llevará a Japón a la vanguardia de la Cuarta Revolución Industrial (4IR). Entre las diez empresas que más subieron en el Nikkei 225 el año pasado predominaron las tecnológicas; Yaskawa Electric, una empresa de Kitakyushu especializada en robots industriales, ocupó el primer puesto.

Por supuesto, esto también significa que Japón podría ser el primer país en afrontar la amenaza que la automatización de la 4IR supone para la fuerza laboral humana. Pero ese sería solo el último de una serie de dilemas posindustriales que Japón ha tenido que superar. El rápido envejecimiento de la población del país —en 2017, por 47.º año consecutivo, batió su propio récord de ciudadanos centenarios— fue un anticipo de lo que las sociedades occidentales experimentan cada vez más.

Por eso, Japón es el canario en la mina de carbón posindustrial del mundo.

Aunque el cambio demográfico no es un problema exclusivo de Japón, sigue siendo el primer país en destinar sus recursos a soluciones innovadoras, como la conducción automatizada, los sistemas de seguimiento para localizar a personas con demencia y los robots «cuidadores» que ayudan al personal que atiende a las personas mayores.

Desde 2012, Abe ha hablado de empoderar a las mujeres japonesas como parte de una ola más amplia de reformas económicas en el país, y poco a poco los resultados empiezan a verse. La tasa de participación laboral de las mujeres en edad central de trabajo (de 25 a 54 años) se disparó hasta el 76,3% en 2016, por encima de la de Estados Unidos y otros países de la OCDE.

Pero la participación laboral es solo una parte de la historia: en Japón, la brecha salarial entre hombres y mujeres sigue siendo considerable. El país ocupó el puesto 114 en elInforme Global sobre la Brecha de Género 2017, frente al puesto 111 del año anterior. Así que, aunque en los últimos 30 años se ha avanzado hacia la igualdad de género, no ha sido suficiente. Si Japón se toma en serio el impulso a la innovación y el logro del crecimiento económico, tiene mucho más por hacer para adoptar de verdad la diversidad y la inclusión.

Al igual que Japón, todas las sociedades tendrán que decidir qué camino quieren seguir para avanzar económicamente. Pero, ya sea por su genio tecnológico o por el destino de los seres humanos de carne y hueso que dependen de él, el país es un precursor del futuro económico y social del mundo. Mucho después de que terminen los Juegos Olímpicos de 2020, el mundo seguirá pendiente de Japón.

Este artículo apareció originalmente en Asahi Shimbun.

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