La economía nacional española está en auge, o eso dice el relato, y este auge se debe en buena medida a la llegada de lo que se denomina «el tipo bueno de deflación»: ese que todos querrían tener, un mundo donde los precios bajan, los ingresos reales aumentan, se crean empleos y todos viven felices para siempre. No nos preocupemos de que, en el proceso, el auge esté transformando gradualmente una recuperación impulsada por las exportaciones en otra basada en el consumo interno —o impulsada por las importaciones—.
«La deflación es como el colesterol», dijo el ministro de Economía Luis De Guindos a CNBC en el WEF de Davos: «Hay dos tipos… El malo y el bueno. En España, ya saben, tenemos el tipo bueno». La historia que contó resultaba tan atractiva que me sorprende que muchos de los presentes en su audiencia no se subieran de inmediato a un avión para visitar el país e intentar descubrir cuál era el secreto. Al fin y al cabo, parece la mejor alternativa a un almuerzo gratis. ¿Quién no querría un poco de eso?
O también está Maria Tadeo, de Bloomberg, quien la semana pasada informó tentadoramente a sus lectores de que «Madrid está lista para volver a la fiesta». «Una economía en expansión y un repunte del gasto de los consumidores», dijo, «están reanimando la vida nocturna de la capital española después de que una tormenta perfecta de desempleo récord, aumentos de impuestos y una prohibición de fumar dejara a más de 400 locales fuera del negocio desde 2008».
«Madrid es un lugar estupendo», dijo Javier Bordas, propietario de Opium, que planea abrir los siete días de la semana. «Están los futbolistas, las celebridades, y a la gente le encanta salir de fiesta. Somos optimistas».
Uno se pregunta por qué demonios está aumentando el apoyo al partido radical Podemos en las encuestas. Seguro que debe de haber algún inconveniente, ¿no?
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La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Edward Hugh es macroeconomista y está especializado en la teoría del crecimiento y la productividad, los procesos demográficos y su impacto en el desempeño macroeconómico, y la dinámica subyacente de los flujos migratorios.
Imagen: Personas pasan frente al Banco de España, en el centro de Madrid. REUTERS/Sergio Perez




