¿Depende África demasiado de la deuda en moneda extranjera?

¿Depende África demasiado de la deuda en moneda extranjera?
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Durante la última década, los gobiernos africanos han recurrido cada vez más a los eurobonos para financiar sus prioridades presupuestarias. La emisión de estos títulos —denominados en monedas extranjeras— se disparó tras la crisis financiera mundial, cuando muchos países del África subsahariana accedieron por primera vez al mercado internacional de bonos. La oportunidad que ofrecen los eurobonos para garantizar una financiación adecuada de las iniciativas de desarrollo en África es inmensa, pero este potencial solo puede hacerse realidad si su uso se gestiona cuidadosamente.

Varios factores han contribuido a la popularidad de los eurobonos africanos. Por el lado de la oferta, muchos países se benefician de un entorno macroeconómico más favorable. Las iniciativas de alivio de la deuda han dejado a los gobiernos con balances más saneados. La urgente necesidad de invertir en infraestructura, la escasa profundidad de los mercados financieros nacionales y la insuficiencia de la ayuda de los donantes han llevado a los gobiernos a recurrir a instrumentos de deuda alternativos.

Por el lado de la demanda, el relato ampliamente difundido sobre el auge económico de África —con un crecimiento sólido y sostenido impulsado por poblaciones jóvenes— ha despertado el apetito de los inversores por la deuda del continente. Mientras tanto, en muchos países desarrollados, la expansión cuantitativa y las políticas monetarias no convencionales han reducido las tasas de interés, lo que ha hecho más atractivos a los mercados fronterizos de alta rentabilidad, como África.

Como resultado, la demanda de deuda soberana africana ha aumentado de forma constante y muchas emisiones recientes han recibido ofertas superiores a lo ofrecido. Cuando Côte d’Ivoire emitió 1.000 millones de dólares en eurobonos en febrero, la demanda superó la oferta por un factor de cuatro. Lo mismo ocurrió con la oferta de 1.000 millones de dólares de Nigeria en julio pasado y con la primera emisión de Kenya en el mercado de bonos, por 2.000 millones de dólares, en noviembre pasado. Las condiciones de emisión también fueron favorables, con rendimientos medios del 5%.

En algunos casos, se han vendido eurobonos para equilibrar los presupuestos, saldar atrasos de pagos a proveedores del gobierno o financiar gastos corrientes. Sin embargo, por favorables que sean las condiciones actuales, depender excesivamente de los eurobonos quizá no sea la estrategia más acertada.

Al fin y al cabo, un eurobono es deuda externa, con todos los riesgos que implica ese tipo de endeudamiento, en particular en lo que respecta a los tipos de cambio. Además, las condiciones mundiales están cambiando; por ejemplo, la Reserva Federal de Estados Unidos ha comenzado a reducir gradualmente su expansión cuantitativa. Es probable que los rendimientos aumenten, elevando los costos de endeudamiento y reduciendo el apetito de los inversores.

Por ello, a la mayoría de los países africanos les convendría más financiar sus presupuestos mediante la emisión de títulos públicos en los mercados nacionales o regionales. El endeudamiento externo debería reservarse principalmente para ambiciosos proyectos de desarrollo —por ejemplo, puentes, carreteras y aeropuertos— que puedan sentar las bases de una transformación estructural y de una mayor producción potencial.

De hecho, los eurobonos pueden ser transformadores si los gobiernos toman las decisiones estratégicas adecuadas. Una posibilidad especialmente prometedora es utilizarlos para impulsar el desarrollo de los mercados financieros nacionales y ampliar el acceso al crédito para el sector privado. Muchos mercados africanos, incluida la Unión Económica y Monetaria de África Occidental, se han visto limitados por una base reducida de inversores en los sectores bancario y financiero. La consiguiente falta de competencia ha generado costos de endeudamiento prohibitivos para los gobiernos y una elevada exposición para los bancos.

Acompañada de reformas adecuadas, una mayor dependencia de los eurobonos como fuente alternativa de financiación podría revolucionar estos sectores al reducir los rendimientos de la deuda soberana en los mercados nacionales. Al depender menos del crédito interno, los gobiernos permitirían que los prestamistas se interesaran cada vez más en ofrecer crédito al sector privado, que con demasiada frecuencia ha quedado desplazado del mercado.

El mayor uso de eurobonos ya parece estar impulsando un círculo virtuoso. A medida que países como Ghana, Côte d’Ivoire y Ethiopia solicitan por primera vez calificaciones crediticias soberanas, sus responsables de formular políticas toman conciencia de la necesidad de mantener perspectivas positivas. Como resultado, muchos gobiernos africanos están llevando a cabo reformas institucionales de gran alcance: reforman organismos del sector público, mejoran la política fiscal y refuerzan la disciplina en muchos ámbitos.

El deseo de los gobiernos africanos de desarrollar las economías de sus países, junto con la escasez de recursos tradicionales, garantiza que los eurobonos seguirán siendo una fuente destacada de financiación. Sin embargo, a medida que cambien las condiciones económicas mundiales, también evolucionarán la disponibilidad de estos títulos y las condiciones que acompañan a su uso. La ventana de financiación alternativa favorable quizá no permanezca abierta para siempre. Por tanto, es fundamental que los países africanos aprovechen al máximo su nuevo margen de endeudamiento para asegurar beneficios duraderos para el desarrollo.

Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Koffi Alle es asesor sénior del Director Ejecutivo para África del Fondo Monetario Internacional y exasesor económico del ministro de Economía y Finanzas de Côte d’Ivoire.

Imagen: Vista aérea de Nairobi, capital de Kenya. REUTERS

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