La intermediación financiera con tipos negativos
Stephen Cecchetti y Kermit Schoenholtz escriben que los banqueros gestionan lo que se denomina un «negocio de margen». Se basan en obtener una rentabilidad mayor de sus activos que la que pagan por sus pasivos. En el caso más sencillo, esto significa cobrar a los prestatarios un tipo de interés más alto por los préstamos que el que pagan a los clientes por sus depósitos. Ese es su margen. Este negocio de margen no suele depender del nivel de los tipos de interés. El margen de intereses del banco tiene varios componentes, entre ellos el coste de evaluar y supervisar a los prestatarios, la rentabilidad para los propietarios del banco y el coste de prestar servicios a los depositantes.
Bill Gross escribe que una preocupación seria podría ser que los bajos tipos de interés a escala mundial destruyan modelos de negocio financieros fundamentales para el funcionamiento de las economías modernas. Los fondos de pensiones y las compañías de seguros son quizá los ejemplos más importantes de sectores financieros amenazados por tipos de interés bajos o negativos. Ambos sectores siempre han intentado inmunizar sus pasivos a largo plazo (jubilación, salud, morbilidad) invirtiendo a un plazo similar y con una rentabilidad atractiva. Ahora que se espera que los tipos a corto plazo negativos y, en casi todos los casos, bajos persistan, los bonos a largo plazo y los activos de duración similar no ofrecen la posibilidad de pagar indemnizaciones dentro de 5, 10 o 30 años.
Wolfgang Munchau escribe que el impacto de los tipos bajos podría poner en peligro el sector de los seguros de vida en Europa. Estas compañías venden productos de seguros y rentas vitalicias con rentabilidades garantizadas. Invierten el dinero que reciben de sus asegurados en bonos públicos y corporativos. Para que esto funcione, la rentabilidad media de los bonos que mantienen en cartera debe ser superior al tipo garantizado que pagan. Esto sigue siendo así actualmente porque las aseguradoras mantienen bonos que compraron hace muchos años, cuando los tipos de interés eran más altos. Pero, con el paso del tiempo, aumentará el peso de los bonos de baja rentabilidad en sus carteras. Para ellas, el mayor peligro es cuánto tiempo se mantienen bajos los tipos de interés.
¿Están los tipos de interés artificialmente bajos?
David Beckworth escribe que los tipos de interés negativos suelen considerarse inquietantes porque se ven como otro paso de los bancos centrales para reducir artificialmente los tipos de interés. La premisa es que los bancos centrales están provocando que los tipos de interés se mantengan bajos. Pero esta premisa da demasiadas cosas por sentadas. Podría ser que, durante los últimos seis años, los bancos centrales estuvieran ajustando sus objetivos de tipos de interés para adaptarlos al nivel hacia el que se dirigía el tipo de interés de equilibrio del mercado, o «natural».
Brad DeLong escribe que, si los tipos de interés son bajos, pero el ahorro previsto a pleno empleo supera la inversión, entonces los tipos de interés no son «artificialmente bajos»: son naturalmente bajos. Si son «artificiales» en algún sentido, son artificialmente altos. Antonio Fatás escribe que, para sostener que los periodos de tipos de interés inusualmente bajos generan confusión entre los inversores y en los mercados (lo que algunos llaman «búsqueda de rentabilidad»), primero hay que entender la naturaleza global de este fenómeno, que indica que las razones de los bajos tipos de interés van más allá de las medidas concretas de un banco central. Después necesitamos una teoría de los mercados financieros, de su comportamiento irracional y de cómo el banco central puede influir en ese comportamiento.
Búsqueda de rentabilidad y huida de las pérdidas
Ben Bernanke dijo en su testimonio ante el Congreso de mayo de 2013 que un periodo prolongado de tipos de interés bajos conlleva costes y riesgos. Uno que nos tomamos muy en serio es la posibilidad de que unos tipos de interés muy bajos, si se mantienen durante demasiado tiempo, puedan socavar la estabilidad financiera. Por ejemplo, los inversores o gestores de carteras insatisfechos con los bajos rendimientos quizá busquen mayor rentabilidad asumiendo más riesgo de crédito, riesgo de duración o apalancamiento.Martin Feldstein escribe que los tipos de interés extremadamente bajos han impulsado una mayor asunción de riesgos por parte de prestatarios y prestamistas ávidos de rentabilidad. El resultado ha sido una valoración muy errónea de los activos financieros. Esto ha creado un riesgo creciente de efectos adversos graves en la economía real cuando se normalice la política monetaria y se corrijan los precios de los activos.
Gabriel Chodorow-Reich escribe que los tipos de interés bajos pueden estimular a las instituciones financieras a asumir más riesgos de los que preferirían quienes finalmente soportan esos riesgos. La gestión de inversiones plantea un clásico problema de principal-agente, en el que los incentivos de los gestores pueden no coincidir plenamente con los objetivos de los accionistas y los titulares de deuda. La definición de búsqueda de rentabilidad varía según los autores. La uso para referirme a aumentos de la asunción de riesgos por motivos distintos de las preferencias de riesgo del titular final.

Fuente: Gabriel Chodorow-Reich
Percival Stanion escribe que la búsqueda generalizada de rentabilidad evolucionará hacia una huida de una pérdida casi segura. Es dudoso que los inversores puedan soportar esto durante mucho más tiempo. Para evitar una pérdida casi segura, es posible que acaben asumiendo más riesgos. Hay abundantes pruebas de la poderosa aversión de los inversores a las pérdidas. Esto quedó demostrado hace más de 30 años por el economista conductual y premio Nobel Daniel Kahneman, quien descubrió que las personas estaban dispuestas a asumir más riesgos de lo normal si la alternativa —no hacer nada— implicaba aceptar una pérdida. Reveladoramente, se descubrió que el dolor de una pérdida de 100 dólares era mucho más intenso que la satisfacción de una ganancia de 100 dólares.
Este artículo se publicó originalmente en Bruegel, el centro de estudios con sede en Bruselas. Lee el artículo en su sitio web aquí. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
Para mantenerse al día con Agenda, suscríbete a nuestro boletín semanal.
Autor: Jérémie Cohen-Setton es candidato a doctorado en Economía en U.C. Berkeley y becario asociado de verano en Goldman Sachs Global Economic Research. Anteriormente fue economista en HM Treasury, donde su trabajo se centró en la preparación de la Cumbre de Londres. Jérémie también trabajó en Bruegel, un centro de estudios europeo sobre cuestiones económicas internacionales, en 2007, tras graduarse en la Paris School of Economics.
Imagen: Un hombre pasa junto a edificios del distrito central de negocios de Singapur. REUTERS/Nicky Loh



