La profundización de los vínculos internacionales en las cadenas de suministro verticales cuestiona el enfoque tradicional para calcular los saldos comerciales bilaterales y, por extensión, complica la formulación de políticas.
La naturaleza del comercio internacional ha cambiado drásticamente en las últimas décadas. Los procesos de producción han ido incorporando cada vez más una cadena de suministro vertical y secuencial que abarca muchos países, cada uno de los cuales se especializa en una o varias etapas de la producción. Si bien la fragmentación internacional de la producción permite a los países especializarse en la fabricación de bienes en los que tienen una ventaja comparativa, también ha creado desafíos en materia de datos y políticas.
Las exportaciones oficiales de cualquier país se miden en términos brutos, lo que incluye el valor tanto de los productos finales como de los insumos intermedios de otros países utilizados para producir esos productos finales. Por definición, esta metodología cuenta dos veces los bienes intermedios: primero como exportaciones de su país de origen y luego, de nuevo, como exportaciones del país donde se utilizan como bienes intermedios. Como resultado de este doble cómputo, las estadísticas oficiales de comercio son cada vez menos fiables para medir el valor de las exportaciones que aporta realmente un país determinado.
La producción en China de un producto reconocido en todo el mundo, el iPhone, es un buen ejemplo de cómo el comercio vertical pone en entredicho las medidas comerciales convencionales. Según las estimaciones de Yuqing Xing y Neal Detert, dos economistas del Banco Asiático de Desarrollo, los iPhones exportados de China a Estados Unidos en 2009 estaban compuestos por un 96 % de bienes intermedios extranjeros —la mayor parte procedente de Japón, Alemania, Corea y Estados Unidos— y un 4 % de contenido nacional chino. Aunque se producían casi en su totalidad con contenido extranjero, en términos brutos, el 100 % del valor de exportación de los iPhones exportados de China a Estados Unidos se registró en el superávit comercial de China con Estados Unidos. En términos de valor añadido, un método alternativo que no cuenta dos veces los bienes intermedios, solo se habría registrado en el superávit comercial de China con Estados Unidos el 4 % del valor de exportación de esas mismas exportaciones de iPhones.
Con este breve ejemplo en mente, resulta fácil ver cómo el enfoque del valor añadido para calcular el valor de los bienes comercializados puede arrojar saldos comerciales bilaterales muy distintos de los del enfoque bruto. A partir de datos de la Base de datos mundial de insumo-producto para calcular las proporciones de contenido extranjero y nacional en las exportaciones de China, el superávit comercial bilateral de China con Estados Unidos en 2008 fue aproximadamente una cuarta parte mayor en términos brutos que en términos de valor añadido, porque los bienes chinos destinados a la exportación a Estados Unidos utilizan ampliamente insumos intermedios producidos por otros países (como en el ejemplo del iPhone) (figura 1). Del mismo modo, el superávit bilateral de China con México en términos brutos es aproximadamente el doble que en términos de valor añadido. También se observan diferencias entre ambas medidas en el caso de los países con los que China tiene un déficit comercial. Por ejemplo, el déficit de China con Japón es aproximadamente tres veces mayor en términos brutos que en términos de valor añadido, lo que refleja que una parte importante de las exportaciones de Japón a China se utiliza no para el consumo interno chino, sino para producir las exportaciones de China al resto del mundo.
Además de poner en duda cuál es la mejor manera de medir el comercio en un mundo con cadenas de producción profundamente integradas en sentido vertical, la dispersión mundial de los procesos productivos plantea desafíos para la formulación de políticas, entre ellos cómo evaluar la competitividad de las exportaciones y desarrollar la política comercial. Por ejemplo, un alto grado de integración vertical puede atenuar los cambios en la competitividad provocados por las fluctuaciones bilaterales del tipo de cambio, porque se vuelven a fijar los precios tanto de los insumos intermedios importados como de las exportaciones. De no haberse integrado en las cadenas mundiales de suministro durante la última década, es posible que las exportaciones e importaciones de China hubieran reaccionado con mucha más fuerza a la apreciación de alrededor del 40 % de su tipo de cambio efectivo real desde 2005.
Esta publicación resume los hallazgos presentados en la edición de enero de 2015 de Global Economic Prospects.
Figura: Saldo comercial bilateral de China en términos de valor añadido y brutos, 2008

Fuentes: WIOD y Banco Mundial.
Nota: El superávit comercial bilateral de China con Estados Unidos queda fuera de escala en la figura. Los importes correspondientes se muestran entre paréntesis.
Este artículo se publica en colaboración con The World Bank’s Prospects for Development Blog. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autoría: Dana Vorisek es economista del Development Prospects Group. Tianli Zhao es economista de investigación del Development Prospects Group.
Imagen: Un hombre sube por una escalera mecánica cerca de la Torre de Shanghái (a la derecha, en construcción), la Torre Jin Mao (al centro) y el Shanghai World Financial Center (a la izquierda), en el distrito financiero de Pudong, Shanghái, el 4 de julio de 2013. REUTERS/Carlos Barria



