La sorprendente relación entre el tiempo y el voto

A woman inserts her ballot into an intake machine in the garage of Tom and Carol Marshall, which was made into a polling location in the neighborhood, during the U.S. presidential election in Los Angeles, California November 6, 2012. REUTERS/Fred Prouser (UNITED STATES - Tags: USA PRESIDENTIAL ELECTION POLITICS ELECTIONS) - GM1E8B70AYA01
“We found that for every 10C increase in temperature, voter turnout increased by 1.4%.”Image: REUTERS/Fred Prouser
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Las rebeliones políticas y los disturbios se han asociado con el clima más cálido, pero hasta ahora se había investigado poco su posible influencia en el comportamiento político pacífico y democrático. Un nuevo estudio, publicado en la revista de acceso abierto Frontiers in Psychology, ha descubierto una conexión entre los cambios de temperatura y el comportamiento electoral en los Estados Unidos de América.

«Descubrimos que los aumentos de las temperaturas a nivel estatal de una elección a otra están relacionados con un aumento de la participación electoral en cada estado y con un incremento de los votos para el partido gobernante», afirma Jasper Van Assche, quien llevó a cabo esta investigación en el Departamento de Psicología del Desarrollo, de la Personalidad y Social de la Universidad de Gante, Bélgica.

«Se recopilaron datos sobre el comportamiento electoral de cada estado para todas las elecciones presidenciales de Estados Unidos entre 1960 y 2016 y se compararon con la diferencia entre la temperatura máxima el día de la votación y la del día de las elecciones anteriores», explica Van Assche. «Descubrimos que por cada aumento de 10 °C, la participación electoral aumentaba un 1,4 %».

El estudio también reveló que el aumento de la temperatura motivó a algunos ciudadanos a votar por partidos políticos más pequeños (los Verdes, los Libertarios y los Independientes). En sentido contrario, se observó que el clima más cálido era un incentivo más fuerte para que algunos ciudadanos votaran por el gobierno en el poder.

«Aunque estos efectos son bastante pequeños en comparación con los “factores habituales” que permiten predecir el voto, podrían influir en contiendas reñidas», afirma Van Assche.

El estudio describe un caso de este tipo: las elecciones presidenciales de 2000. Al aplicar los hallazgos del estudio, Van Assche y sus coautores sugieren que un mero aumento de 10 °C (1,8 °F) en la temperatura podría haber convertido a Al Gore en el 43.º presidente de Estados Unidos en lugar de George W. Bush, ya que Gore habría ganado en Florida.

Van Assche insiste en que los resultados no se vieron afectados por otros factores capaces de influir en el comportamiento electoral.

«Es importante señalar que la relación entre el comportamiento electoral y la participación se mantuvo incluso al tener en cuenta los “factores habituales” que pueden influir: si el presidente podía optar a la reelección, si el presidente en ejercicio resultaba elegido o no (los presidentes Lyndon Johnson y Gerald Ford habían sido vicepresidentes), los índices de aprobación presidencial, si el partido del presidente tenía mayoría en el Congreso durante los dos últimos años y los cambios en el producto interno bruto (PIB) estatal, entre otros».

El estudio analizó los cambios de temperatura (un aumento o una disminución de la temperatura el día de la votación, en comparación con el día de las elecciones anteriores), en lugar de la temperatura absoluta, debido a los posibles efectos de esta última en los resultados. Una temperatura absoluta de 30 °C sería normal en California, pero calurosa en Alaska. Además, la temperatura absoluta puede estar vinculada a otros factores que podrían afectar el comportamiento electoral. Por ejemplo, la pobreza suele ser mayor en los países con climas más cálidos.

Se espera que futuros estudios profundicen en el tema y amplíen nuestros conocimientos sobre los factores que pueden influir en el comportamiento electoral.

«Hay una gran cantidad de investigaciones sobre el comportamiento electoral, pero se ha prestado poca atención a los factores aparentemente ilógicos que pueden influir en la forma en que vota la gente. Los estudios futuros podrían ampliar nuestra comprensión mediante análisis a menor escala (por ejemplo, en ciudades o condados) o incluyendo emociones (como la ira), que podrían explicar algunos de los efectos», concluye Van Assche.

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