Sin una mejor preparación ante los desastres —ya sean terremotos y maremotos, fenómenos meteorológicos extremos o futuras pandemias— ponemos en riesgo vidas y economías. Tampoco tenemos ninguna posibilidad de ser la primera generación en la historia de la humanidad capaz de acabar con la pobreza extrema.
Hace apenas unos días, el mundo volvió a recordar nuestra vulnerabilidad ante los desastres, cuando el ciclón tropical Pam, una de las tormentas más poderosas que jamás haya tocado tierra, devastó las islas de Vanuatu. Algunos informes revelaron que hasta el 90 por ciento de las viviendas de Port Vila sufrieron graves daños. Cuando el ciclón azotó la zona, yo estaba en Sendai para la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Reducción del Riesgo de Desastres, celebrada apenas unos días después del cuarto aniversario del Gran Terremoto del Este de Japón de 2011. Ese terremoto y el tsunami posterior causaron trágicamente más de 15.000 muertes y daños estimados en 300.000 millones de dólares.
Lamentablemente, en los últimos 30 años, el mundo ha perdido más de 2,5 millones de personas y casi 4 billones de dólares a causa de desastres naturales similares. Más de tres cuartas partes de estas muertes ocurrieron en países en desarrollo, y casi la mitad de ellas, en países de ingresos bajos.
Por ejemplo, en 2011, el terremoto de Haití destruyó más de una década de crecimiento. En 2013, el tifón Haiyan empujó a casi medio millón de hogares filipinos a la indigencia: las tasas de pobreza aumentaron al 56 por ciento en las zonas más afectadas. Y en los últimos 16 meses, el virus del ébola ha matado a casi 10.000 personas en Guinea, Liberia y Sierra Leona.
Llegar a cero casos de ébola
Aún tenemos trabajo por hacer para controlar la epidemia de ébola. La gente seguirá muriendo y las consecuencias económicas serán graves hasta que lleguemos a cero casos. Por ejemplo, el Grupo Banco Mundial estima que en 2015 estos tres países perderán 1.600 millones de dólares en crecimiento económico debido al virus. Antes de la epidemia, tenían algunas de las tasas de crecimiento más altas del mundo; ahora se prevé que sus tasas estén cerca de cero o por debajo de cero.
A pesar de estas enormes pérdidas de vidas y dinero, durante las últimas dos décadas la comunidad internacional destinó poco menos de 110.000 millones de dólares a la ayuda, prevención y preparación ante desastres. Es una suma pequeña si se considera que, cada año, los costos de recuperación de desastres en todo el mundo promedian ahora cerca de 200.000 millones de dólares. Además, apenas algo más del 10 por ciento de la ayuda para desastres se ha destinado a la prevención y la preparación. Compárese esto con Japón, líder mundial en gestión del riesgo de desastres, que destina alrededor del 80 por ciento de su presupuesto para desastres a la preparación.
En definitiva, para salvar vidas y promover el crecimiento económico, debemos seguir ampliando nuestra comprensión de cómo gestionar los desastres y desplegar estos conocimientos de forma decidida. El Gobierno de Japón ha apoyado una labor fundamental para ampliar los conocimientos especializados y compartir su propia experiencia con el mundo. El primer ministro Abe y su gabinete han sido nuestros principales socios en este ámbito, y el apoyo continuo de Japón es esencial si queremos ayudar a los países a prepararse para futuros desastres.
Debemos responder más rápido a los desastres
Una de las medidas más importantes que podemos tomar para promover la preparación es garantizar que haya fondos disponibles de inmediato para responder a los desastres antes de que ocurra un evento. Esto nos ayudará a evitar uno de los fracasos del mundo en la lucha contra el ébola: nuestra lenta respuesta al brote. Para hacerlo mejor la próxima vez, el Grupo Banco Mundial y muchos socios están desarrollando el concepto de un mecanismo de financiación para emergencias pandémicas. Nuestro objetivo es crear un instrumento financiero que pueda desembolsar rápidamente una financiación cuantiosa en cuestión de horas tras un brote que cumpla ciertos criterios objetivos.
Otro objetivo de un mecanismo para pandemias es fomentar una mayor inversión de los países en preparación. Esto significa que una capacidad de respuesta mundial verdaderamente a la altura incluso de la peor pandemia podría incluir lo siguiente: mecanismos financieros de desembolso rápido, una sólida coordinación técnica mundial dirigida por una Organización Mundial de la Salud considerablemente reforzada y medidas de intervención ensayadas a fondo en las que participe una variedad de otros actores. Entre ellos podrían figurar grupos de profesionales médicos; expertos en logística; y empresas de transporte, farmacéuticas y de comunicaciones. También serían importantes las Naciones Unidas y el apoyo de otras instituciones financieras multilaterales y del sector privado.
Pero quizás el elemento más crucial de la preparación ante pandemias sea la creación de sistemas de salud sólidos en todos los países. Estos sistemas deben procurar ofrecer cobertura sanitaria universal, de modo que todos tengan acceso a servicios de salud esenciales y la pobreza no sea un criterio decisivo para recibir atención. Una vez más, Japón ha marcado el camino al promover la cobertura sanitaria universal en todo el mundo. Garantizar el acceso a la atención sanitaria para todos también es una prioridad tanto para los países de ingresos bajos como para los de ingresos medios.
Mientras el Grupo Banco Mundial trabaja con sus socios para mejorar la gestión del riesgo de desastres, aprovecharemos la experiencia de Japón en la preparación ante desastres y la prestación de atención universal. Esa sabiduría acumulada ha demostrado al mundo que tomar las precauciones adecuadas puede salvar miles de vidas, además de miles de millones de dólares en crecimiento económico perdido. También puede ayudar a acabar con la pobreza extrema.
Este artículo se publica en colaboración con el blog Voces del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
Para mantenerse al día con la Agenda, suscríbase a nuestro boletín semanal.
Autor: Jim Yong Kim, M.D., Ph.D., se convirtió en el 12.º presidente del Grupo Banco Mundial el 1 de julio de 2012.
Imagen: Niños juegan en un aula destruida de una escuela en Tanna, el 18 de marzo de 2015. REUTERS/Edgar Su.




