Han pasado 50 días desde que el devastador terremoto azotó Nepal el 25 de abril. Con otro potente sismo de réplica el 12 de mayo, se perdieron en total 9.000 vidas, lo que lo convierte en el peor desastre de la historia de Nepal en cuanto a víctimas humanas. Uno de cada tres nepaleses se ha visto afectado por los terremotos. Uno de cada diez se ha quedado sin hogar. Medio millón de hogares han perdido sus medios de vida, en su mayoría agricultores pobres de subsistencia. Todos se han visto afectados de una u otra manera: mujeres, hombres, niños, personas mayores y personas con capacidades diferentes. Gran parte del país está en ruinas.
Nepal agradece a sus amigos de la comunidad internacional la rápida respuesta humanitaria en los momentos inmediatamente posteriores al desastre. Les debemos nuestro profundo respeto por su generosidad y heroísmo.
Las estimaciones preliminares de nuestra Evaluación de Necesidades Posteriores al Desastre (PDNA, por sus siglas en inglés) calculan los daños y las pérdidas económicas en US$ 7.000 millones, aproximadamente un tercio de nuestra economía. Se espera que la tasa de crecimiento económico en este año fiscal, que termina a mediados de julio, sea la más baja en ocho años: 3,04 por ciento. La recaudación de ingresos quedará al menos un 8 por ciento por debajo del objetivo y dará lugar a una base menor de cara al próximo ejercicio fiscal. La prioridad inmediata es restablecer los medios productivos de subsistencia de millones de personas en la agricultura, los servicios y la industria.
Antes del terremoto, Nepal avanzaba satisfactoriamente hacia una trayectoria de mayor crecimiento. Trabajábamos en una nueva generación de reformas económicas y promulgábamos y revisábamos una serie de políticas, leyes y reglamentos. También estábamos bien encaminados para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio pendientes antes de que terminara este año. Nepal también cumplió los criterios exigidos para dejar de ser un país menos adelantado (PMA) antes de 2022. El desastre ha asestado un duro golpe a nuestras aspiraciones.
El desastre ha afectado de manera desproporcionada a las personas pobres. Las estimaciones preliminares sugieren que, como resultado directo de los terremotos, otro 3 por ciento de la población ha caído en la pobreza. Esto equivale a por lo menos 700.000 personas. Hasta la fecha, el Gobierno de Nepal ha anunciado casi US$ 1.300 millones en asistencia monetaria inmediata y a mediano plazo para ayudar a quienes se han visto más afectados por el desastre a reconstruir sus vidas.
Aunque doloroso, el terremoto de 2015 no es el primer ni el último desastre que afrontará Nepal. Según el informe Natural Disasters Hotspots, Nepal ocupa el puesto 11 entre los países más vulnerables del mundo a los terremotos y el 30 en cuanto al riesgo de inundaciones. Al combinar estas amenazas y el alto grado de vulnerabilidad a ambas, el país ocupa el segundo lugar del mundo en riesgo de mortalidad por dos o más amenazas. Casi el 80 por ciento de nuestro territorio está expuesto a múltiples amenazas naturales, y la gran mayoría de nuestra población vive en estas zonas de alto riesgo. La reciente secuencia de terremotos fue una llamada de atención para todos nosotros.
El 25 de junio, el Gobierno de Nepal será anfitrión de una conferencia internacional en Katmandú sobre la reconstrucción de Nepal. Hemos invitado a más de 60 socios para el desarrollo y muchos han confirmado su participación. La PDNA servirá de base para los debates de la conferencia, especialmente en cuanto a la magnitud de la devastación y de las necesidades para recuperarnos. Más importante aún, la conferencia nos ayudará a articular una visión de reconstrucción ampliamente compartida y estrategias para planificar y prepararnos mejor frente a los riesgos, las amenazas y la vulnerabilidad.
Nepal ha gestionado prudentemente sus fundamentos económicos durante muchos años. Tuvimos la fortuna de que, cuando se produjo el desastre, tanto nuestro margen fiscal como nuestra balanza de pagos eran holgados. Sin embargo, de cara al futuro, nuestras necesidades de reconstrucción son enormes y no podemos financiarlas solos. Además, tendremos que garantizar que se sigan atendiendo las necesidades de desarrollo en las zonas menos afectadas del país y que nuestros avances previos queden debidamente protegidos.
Organizar una conferencia y presentar nuestras necesidades no se traduce automáticamente en generosas promesas de apoyo. Como ministro de Finanzas, no me hago ilusiones al respecto. Esperamos que nuestros amigos y socios nos hagan muchas preguntas, incluidas algunas difíciles. Eso es lo que hacen los buenos amigos. Al fin y al cabo, nuestros socios para el desarrollo también tienen prioridades contrapuestas en sus países y en el extranjero, y deben rendir cuentas ante los contribuyentes de sus jurisdicciones. No obstante, la conferencia será una buena plataforma para debatir nuestros planes y asegurar a nuestros socios que la asistencia externa se utilizará de la mejor manera posible.
Como se mencionó antes, muchas reformas, incluidas las relativas a la gestión de las finanzas públicas, ya estaban en marcha antes del terremoto y ahora las aceleraremos. Se adoptarán medidas extraordinarias para afrontar circunstancias extraordinarias. Pero, al hacerlo, no buscaremos atajos en las salvaguardias fiduciarias, ambientales y sociales. Eso solo perjudicaría nuestros propios intereses de desarrollo. Más bien, buscaremos formas de facultar al servicio público para que asuma riesgos informados y agilice procesos engorrosos, de modo que las decisiones, los flujos de fondos, las acciones y los resultados se produzcan de manera oportuna y transparente, con rendición de cuentas.
En cuanto a la estructura institucional para ejecutar los programas de reconstrucción, estamos considerando varias propuestas basadas en experiencias internacionales y posibles innovaciones adaptadas al contexto local. Estamos abiertos a ideas. Nuestra intención es mantener una estructura ligera, empoderar a los organismos ejecutores, atraer a los mejores profesionales, tanto del país como de la diáspora, crear sinergias y coordinar las actividades mediante un organismo central dotado de facultades especiales. Los controles y contrapesos formarán parte integral de los arreglos institucionales. Se está rediseñando la arquitectura de los flujos de fondos para que sea sencilla y transparente. Actualmente se están revisando leyes y reglamentos con estos fines.
Soy plenamente consciente de las críticas en torno a la política gubernamental de «ventanilla única» para la asistencia a la reconstrucción. Creo que el debate actual está mal informado y que el escepticismo carece de fundamento. Hay mucha buena voluntad hacia Nepal entre organizaciones benéficas internacionales, fundaciones, ONG, filántropos y ciudadanos particulares. Nos interesa aprovechar esta oleada de solidaridad. Dicho esto, cualquier gobierno responsable procurará que la ayuda se distribuya de forma inclusiva y equitativa. Lo último que queremos es que una asistencia mal focalizada agrave los conflictos. El propósito de la ventanilla única no es controlar ni dirigir la asistencia, sino garantizar que la ayuda llegue a quienes más la necesitan de una manera que favorezca la cohesión social. Estamos trabajando en una política que aclarará las funciones y responsabilidades y tendrá en cuenta las aspiraciones de los sectores público, privado y cívico de participar en las labores de reconstrucción.
Nuestros programas de reconstrucción rendirán cuentas ante la sociedad. Se diseñarán para fomentar la participación comunitaria e incluirán seguimiento por terceros, así como certificación, por ejemplo, en el caso de reconstruir viviendas nuevas conforme a estándares de resiliencia. Estos programas aprovecharán la experiencia de Nepal en participación ciudadana, transparencia y gestión de reclamos a nivel local. A nivel central, la supervisión estará a cargo de organismos establecidos por mandato constitucional, como las comisiones parlamentarias, la Comisión para la Investigación del Abuso de Autoridad (el organismo anticorrupción) y la Oficina del Auditor General. Los vibrantes medios de comunicación de Nepal y el derecho a la información de la ciudadanía, garantizado por la Constitución, complementarán estos esfuerzos.
Por último, nuestras iniciativas de reconstrucción se diseñarán para trabajar con el mercado —no contra él— con el fin de restablecer cuanto antes las economías locales, los empleos y los medios de vida. Los enfoques integrados y las alianzas innovadoras con el sector privado serán clave a este respecto.
El desastre nos ha unido ante la adversidad. La semana pasada, los principales partidos políticos de Nepal dejaron de lado sus diferencias de larga data para superar un estancamiento de ocho años y llegar a un acuerdo sobre los fundamentos de una nueva constitución que promete poner fin a nuestra prolongada transición hacia la paz y la estabilidad. Esto ha sido recibido con amplio optimismo y esperanza. Ahora es el momento de volver a construir. Trabajando juntos con la comunidad internacional, creo que estamos bien preparados para afrontar colectivamente el desafío.
Esta publicación apareció originalmente en el blog de The World Bank End Poverty en Asia Meridional.
La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: El Dr. Ram Sharan Mahat es ministro de Finanzas de Nepal.
Imagen: Un monje pasa junto al monasterio y los santuarios derrumbados de la estupa de Swoyambhunath, sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, tras el terremoto del sábado en Katmandú, Nepal. REUTERS/Navesh Chitrakar



