En Liberia, el número de nuevos casos semanales de la enfermedad por el virus del Ébola (EVE) ha disminuido drásticamente desde noviembre de 2014, y está remitiendo la «conducta de evitación» de la población debido a la crisis. La movilidad de las personas ha aumentado, como lo reflejan la reapertura de los mercados y el incremento de las ventas de gasolina. El Gobierno se muestra más optimista respecto de la evolución futura de la epidemia y ha levantado los toques de queda, llamado de vuelta a los funcionarios públicos suspendidos temporalmente y abierto las fronteras; además, está reabriendo las escuelas, cerradas desde el inicio de la crisis.
A medida que la crisis se alivia, es seguro que el Gobierno prestará más atención a impulsar una rápida recuperación económica. El colapso de la actividad económica provocado por la crisis del ébola ha sido drástico, grave y sin precedentes. Aunque los efectos indirectos de la enfermedad y las muertes relacionadas han consumido recursos de atención de la salud e impedido la participación temporal o permanente en el mercado laboral, han sido las respuestas conductuales las que más han perjudicado la demanda y la oferta agregadas. Esto ha provocado una fuerte contracción de la actividad económica y la pérdida de muchos empleos, particularmente en los sectores agrícola y de servicios.
Una encuesta telefónica en curso mediante teléfonos móviles realizada por el Banco Mundial indica que casi el 41 % de los jefes de hogar liberianos que trabajaban en el primer semestre de 2014 informaron estar sin trabajo en enero de 2015; las pérdidas de empleo recientes se concentran entre los asalariados urbanos del sector privado. También hay un efecto desproporcionado por género: de quienes trabajaban en el primer semestre de 2014, el 60 % de las mujeres, frente al 40 % de los hombres, había dejado de trabajar en enero de 2015.
Antes de la crisis, el Gobierno de Liberia ya estaba profundamente preocupado por las tasas relativamente altas de desempleo en una economía que se recupera de 14 años de conflicto civil. Esta preocupación se ve agravada por el hecho de que muchos desempleados son jóvenes cuya inactividad prolongada puede plantear riesgos para la paz y la seguridad del país. Una nota de política reciente del Banco Mundial, «Empleo y crecimiento en favor de los pobres en Liberia», también ha demostrado una fuerte asociación entre el empleo y la pobreza.
A medida que Liberia sale de las sombras de la epidemia de ébola, a los ciudadanos liberianos les preocupa, ante todo, recuperar sus empleos o reanudar el trabajo por cuenta propia en distintos sectores. Sin embargo, es probable que muchas pequeñas empresas nacionales y empresas familiares sigan cerradas porque sus propietarios consumieron el capital de trabajo e incluso sus activos como estrategia para hacer frente a la crisis. Aproximadamente un tercio de las personas encuestadas en diciembre y enero informó haber vendido activos y vendido o sacrificado ganado para hacer frente a la situación.
Lograr que la gente vuelva a trabajar será absolutamente crucial, no solo para la recuperación económica, sino también para la armonía social. El desafío consiste en cómo hacerlo con un margen fiscal limitado, una economía nacional poco desarrollada y unos inversionistas extranjeros que quizá necesiten más garantías y tiempo para volver a participar. Entonces, ¿por dónde debería empezar el Gobierno? ¿Qué enseñanzas de otros países son pertinentes y cómo puede ayudar la comunidad internacional?
Una próxima nota de política del Banco Mundial, «Crear más y mejores empleos en Liberia: problemas y opciones» », propone algunas medidas que el Gobierno podría adoptar para influir en la rapidez con que se crean empleos y en la calidad de estos. Entre ellas figuran:
Proporcionar insumos mejorados (como semillas y fertilizantes) para animar a los agricultores actuales a retomar la actividad, e incentivos para que nuevos agricultores ingresen al sector agrícola. Estas medidas pueden ayudar a mejorar la productividad y los ingresos de los hogares dedicados a la agricultura;
Prestar asistencia para la preparación mecánica de las tierras cuando se haya desarticulado el sistema de trabajo compartido y la escasez de mano de obra limite el cultivo de superficies más extensas por parte de los hogares;
Facilitar un mejor acceso al crédito para apoyar la reanudación de las actividades y la expansión de microempresas y pequeñas y medianas empresas, incluidas las empresas familiares; y
Establecer programas de obras públicas productivas a escala nacional, vinculados a la reconstrucción de infraestructura social crítica y a la creación de oportunidades de capacitación.
Incluso mientras el Gobierno toma medidas para volver a poner en marcha la economía, debe prestar atención a las personas más vulnerables, incluidos los hogares con limitaciones de mano de obra y en situación de pobreza extrema. Las experiencias de América Latina y otros lugares han demostrado que las transferencias monetarias sociales bien focalizadas, incluso cuando no están condicionadas, pueden ser eficaces para abordar la pobreza crónica.
Por último, la crisis del ébola no tiene por qué convertirse en una crisis laboral más profunda para Liberia, pero se requieren iniciativa y una estrategia clara. Cuando, en septiembre de 2004, el huracán Ivan prácticamente arrasó Granada, una pequeña isla del Caribe oriental, el lema del país para la recuperación fue «¡más grande y mejor!». Quizá esta sea la oportunidad de Liberia para adoptar su propio lema laboral: «¡más y mejor!».
Este artículo se publica en colaboración con el blog Investing in Health del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Errol Graham es economista sénior en la Práctica Global de Macroeconomía y Gestión Fiscal del Banco Mundial.
Imagen: Personal sanitario se pone equipo de protección antes de entrar en una zona de cuarentena en un centro de la Cruz Roja.




