Cómo pueden las empresas liderar la lucha contra la corrupción

Cómo pueden las empresas liderar la lucha contra la corrupción
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La corrupción es un problema mundial. A pesar de los códigos de conducta, los programas de cumplimiento y las políticas, muchas de las empresas más grandes del mundo siguen teniendo dificultades frente a la corrupción. Su complejidad es tal que las empresas y sus líderes deben equilibrar continuamente los objetivos empresariales con una serie de riesgos. Estos van desde decidir si hacer negocios en una región hasta determinar con qué empresas hacerlo.

Las políticas escritas y las revisiones de las áreas de alto riesgo proporcionan una base necesaria para los esfuerzos anticorrupción de una organización. Pero solo pueden hacer hasta cierto punto. Un liderazgo sólido y la vigilancia son fundamentales para combatir la corrupción. Por el contrario, cuando los líderes no hacen suyo el cumplimiento, pueden transmitir a la organización un mensaje contradictorio sobre si el compromiso con las prácticas empresariales éticas es realmente importante. Un líder que exhibe una mentalidad de «ganar a toda costa» puede comunicar, intencionadamente o no, a los empleados que el cumplimiento queda relegado frente a los beneficios y debilitar la cultura de la empresa.

El dilema

Las empresas y sus líderes se enfrentan a dilemas a diario. Pensemos, por ejemplo, en una empresa a la que un funcionario público de un país extranjero le pide un pago u otro «favor» para obtener una licencia que le permita vender sus productos a los consumidores de ese país. Sin ello, es posible que la empresa no pueda entrar a tiempo en un mercado con un potencial de alto crecimiento. Sin estas nuevas fuentes de ingresos, sus objetivos de crecimiento podrían verse comprometidos.

A menudo, el dilema se vuelve aún más acuciante para quienes tienen la responsabilidad de impulsar el crecimiento de una empresa en una región determinada. ¿Hacen lo que sea necesario para lograr los resultados esperados o se arriesgan a no alcanzar los objetivos al negarse a participar en prácticas incompatibles con las leyes o las políticas de la empresa? ¿Cómo pueden competir cuando se percibe que sus competidores están dispuestos a recurrir a esas prácticas para conseguir negocio?

Mirar más allá del cumplimiento

En un momento en que las empresas sienten presión para alcanzar sus objetivos de ingresos y satisfacer a los accionistas, los esfuerzos anticorrupción requieren un equilibrio constante. Un liderazgo eficaz puede significar dejar pasar una oportunidad de negocio considerable. En el entorno actual, donde la amenaza de corrupción es generalizada, los líderes deben ser modelos de conducta. Al participar en actividades de formación o citar el código de ética de la organización, un líder puede dar ejemplo a los empleados. Ese ejemplo puede servir de referencia al personal sobre cómo actuar éticamente cuando se presenta una situación difícil.

Combatir la corrupción exige algo más que cumplir las leyes y evitar aparecer en los titulares. Exige que los líderes demuestren un compromiso visible y activo para hacer frente a esta amenaza. Para ello, deben implicarse en los procesos anticorrupción de su organización. Y cuando esos procesos quedan obsoletos, deben identificar formas de mejorarlos. Los líderes deben ser las principales figuras que marquen en la organización el tono de lo que puede considerarse una conducta ética. Deben poder responder a las preguntas difíciles de empleados y socios comerciales.

La corrupción sigue viva y coleando

Sin duda, los responsables de formular políticas están adoptando leyes y reglamentos más estrictos e intensificando sus esfuerzos para combatir el problema. Además del aumento de los casos relacionados con la FCPA, China, Brasil y otros países han intensificado sus esfuerzos de aplicación de la ley. Pese a estos avances, la corrupción sigue siendo rampante. En un estudio reciente que realizamos, el 85 % de las empresas afirmó que su sector está expuesto al riesgo de corrupción. Más de una de cada cinco (22 %) dijo haber perdido negocio como resultado de una situación que implicó pagos ilícitos a un funcionario público. Rusia y África siguen siendo focos de corrupción. Persisten los riesgos relacionados con las sanciones y el blanqueo de capitales, mientras las situaciones en Rusia, Irán y Cuba siguen siendo inciertas o están en proceso de evolución.

El líder ético

Para guiar a una empresa a través de estos riesgos y dilemas, los líderes deben desempeñar un papel activo y visible a la hora de marcar el tono adecuado. La conducta ética sustenta el buen gobierno corporativo y abarca las prácticas empresariales en todos los niveles, desde el consejo hasta el personal. Hoy, el tono que se marca desde la alta dirección sigue siendo fundamental para prevenir y mitigar los riesgos asociados a la corrupción. En última instancia, la responsabilidad de establecer una visión estratégica recae en el liderazgo: el consejo de administración y la alta dirección. Los consejos, por ejemplo, desempeñan un papel importante al desarrollar estructuras de incentivos que contribuyan a respaldar un mandato de liderazgo ético entre la alta dirección.

Los líderes globales están en primera línea en la lucha contra la corrupción; pueden asumir su responsabilidad respaldando públicamente las leyes contra el soborno y pronunciándose contra las prácticas corruptas. Al marcar el tono, deben asegurarse de que cada empleado comprenda qué tipos de conducta son aceptables y cuáles no. Los líderes pueden demostrar su compromiso con el cumplimiento asegurándose de que la empresa atienda incluso los detalles más pequeños. Entre esas medidas figuran realizar verificaciones exhaustivas de antecedentes de los proveedores y comprobar las referencias durante el proceso de contratación.

Es posible que el liderazgo y el buen gobierno corporativo no sean por sí solos la solución definitiva al problema de la corrupción para las empresas de hoy. Pero, junto con los valores fundamentales y el compromiso con altos estándares éticos, pueden contribuir a crear un entorno en el que la corrupción sea la excepción y no la regla.

Ser líder significa actuar éticamente. En lugar de centrarse en el cumplimiento solo para evitar riesgos, los líderes deben reconocer que la ética consiste en hacer negocios correctamente. Esto significa defender los valores fundamentales y los preceptos, aunque ello pueda implicar perder oportunidades. Al contar con un programa integral de ética alineado con su estrategia empresarial, una empresa puede crear un sistema sólido de controles y contrapesos frente a comportamientos empresariales inadecuados.

Navegar por un panorama en evolución

Aunque se han logrado avances, aún queda mucho trabajo difícil por delante. Las políticas y las medidas de aplicación de la ley seguirán transformando el panorama del cumplimiento para los líderes empresariales. En el mundo actual, donde estamos más conectados que nunca, los líderes empresariales tienen un gran poder e influencia. Sus acciones pueden influir en la forma en que otros hacen negocios. Pueden incorporar la ética y el cumplimiento a la cultura organizativa promoviendo valores fundamentales, fijando expectativas y ofreciendo incentivos. Estas medidas pueden contribuir en gran medida a encontrar soluciones a un problema que obstaculiza la capacidad de las empresas para demostrar lo que mejor saben hacer: innovar, crear empleo y promover mercados justos y dinámicos.

Autor: Harvey Kelly, director gerente y responsable global de Servicios de Asesoría Financiera, AlixPartners

Imagen: Un cambista indonesio sostiene billetes de rupias para atraer clientes en una calle de Yakarta, el 21 de noviembre de 2008. REUTERS/Beawiharta

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