Las noticias recientes sobre la disminución del número de nuevos casos de ébola en Guinea, Liberia y Sierra Leona apuntan a avances alentadores hacia el fin de la epidemia. El costo humano ha sido trágico y, hasta que lleguemos a cero casos, la amenaza para la vida de las personas sigue siendo el principal riesgo, por lo que la respuesta de salud pública debe seguir siendo nuestro foco. Sin embargo, mientras Guinea, Liberia y Sierra Leona vislumbran —esperamos— la luz al final del túnel, también es necesario pensar en sus necesidades de reconstrucción y desarrollo.
Una de las líneas de trabajo en las que hemos participado en el Banco Mundial es estimar cuáles han sido —y podrían haber sido— las pérdidas.
¿Cómo se formula una estimación fundamentada del impacto de una epidemia como esta en una economía? ¿Y cómo se piensa en lo que podría ocurrir si se propaga más allá? Estas son las preguntas que abordamos.
La primera pregunta es más fácil de responder si se está sobre el terreno: economistas del país observan cómo se comportan distintos sectores de la economía —las cosechas agrícolas, el procesamiento de alimentos y bebidas, los mercados informales—. Estas observaciones, junto con algunos supuestos sobre el trabajo y el capital, nos permiten actualizar nuestros pronósticos de crecimiento de la producción. Si se comparan las nuevas estimaciones con las anteriores para el mismo período, elaboradas antes de la epidemia, se obtiene una aproximación razonable del impacto. Calculamos que fue de unos 1.600 millones de dólares en 2015 en estas tres economías. Es un golpe enorme, de alrededor del 12 % del PIB (pista: no se debe solo al menor crecimiento en 2015, sino también a partir de una base más baja en 2014).
¿Qué ocurre con los efectos en el resto de África, más allá de los tres países? Los medios han publicado muchos relatos anecdóticos de vacaciones canceladas, desde Gambia hasta Kenia y Sudáfrica. El tráfico aéreo ha disminuido, se han cerrado fronteras… Sin embargo, parece que los efectos agregados no han sido tan grandes. Los informes de nuestros equipos de economistas de cada país suman poco más de 500 millones de dólares.
Los escenarios hipotéticos son algo más difíciles: ahí es donde necesitamos a nuestros investigadores y modelos. Podemos utilizar modelos de equilibrio de la economía mundial para centrarnos en los efectos en África de escenarios adversos en los que el ébola se propague más allá de estas tres economías —relativamente pequeñas— y calibrar nuestros modelos con lo que hemos observado en ellas. Lo hicimos en septiembre del año pasado y recientemente actualizamos nuestras estimaciones para el Foro Económico Mundial de Davos.
El escenario más optimista de septiembre, en el que la propagación más allá de los tres países es escasa o nula, coincide casi exactamente con nuestras estimaciones sobre el terreno para 2015: el daño que nuestro modelo calculó, en comparación con un escenario «sin ébola» para 2015, fue de 2.100 millones de dólares.
Nuestra estimación más reciente de lo que podría ocurrir si el ébola se propaga más allá de los tres países es de unos 6.200 millones de dólares en pérdidas de producción en toda África, alrededor del triple. La diferencia entre estas dos cifras, más de 4.000 millones de dólares, puede considerarse, a grandes rasgos, el costo en términos de producción de llegar a cero nuevos casos sin que la enfermedad se propague a otros países.
En septiembre también llegamos a otra cifra: más de 30.000 millones de dólares en pérdidas para África en un escenario adverso de «mucho ébola». Un momento… ¿cinco veces las pérdidas? ¿Qué ha cambiado tanto desde entonces?
La respuesta es que, incluso en los lugares donde se ha registrado ébola —no solo en los tres países, sino también en Nigeria, Malí y Senegal—, los sistemas de salud africanos han demostrado y mejorado su capacidad de respuesta: han atendido a más pacientes en centros de salud, cambiado las prácticas sanitarias, rastreado contactos, entre otras medidas. Esto afecta a los modelos que utilizamos. Si la enfermedad se propaga, lo hace mucho más lentamente, y el daño económico causado por las reacciones de comportamiento motivadas por el miedo es mucho, mucho menor… cinco veces menor (de 30.000 millones de dólares a 6.000 millones).
Esto puede considerarse el precio —solo en términos de producción para 2015— de la preparación en el resto de África, para garantizar que lo ocurrido en los primeros días de la epidemia en Guinea, Liberia y Sierra Leona no vuelva a suceder.
Esta prevención del peor escenario quizá sirva de poco consuelo a Guinea, Liberia y Sierra Leona mientras comienzan a sanar sus propias economías. Pero pone de relieve el triple desafío al que nos enfrentamos ahora: eliminar el ébola de estos países; reconstruir sus economías; y crear mecanismos de vigilancia y preparación en toda África, especialmente en sus Estados más frágiles y vulnerables.
Esta publicación apareció primero en el blog Let’s Talk Development del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Mark Thomas es gerente de sector de Reducción de la Pobreza y Gestión Económica en la Región de África del Banco Mundial.
Imagen: Trabajadores de la salud se ponen equipo de protección antes de entrar en una zona de cuarentena en un centro de la Cruz Roja en la localidad de Koidu, distrito de Kono, en el este de Sierra Leona. REUTERS/Baz Ratner




