El potencial inherente de justicia social de la economía islámica es un recurso rico y poco aprovechado para la reducción de la pobreza. Actualmente, la microfinanciación islámica está en condiciones de hacer crecer el mercado de la banca y las finanzas islámicas (IBF) al encaminar a las poblaciones pobres hacia la actividad financiera formal. Ampliar el alcance y la visibilidad de la microfinanciación islámica mediante alianzas y estrategias de financiación puede ayudar a satisfacer las necesidades financieras de los pobres y a que la industria mundial de IBF refleje mejor las motivaciones de la actividad económica islámica presentes en las enseñanzas del Corán y la Sunna. En este contexto, la microfinanciación islámica tiene un enorme potencial para aprovechar las fuentes de donación islámicas, a menudo dispersas –zakat, sadaqat y waqf– y canalizarlas hacia objetivos estratégicos orientados al impacto.
El valor de los activos financieros islámicos en todo el mundo crece con rapidez; desde la década de 1970, estos activos han pasado de medio millón de dólares a más de dos billones de dólares estadounidenses. Se prevé que esta cifra aumente hasta 3,4 billones de dólares para 2018.
La industria de IBF ha estado durante mucho tiempo dominada por las economías avanzadas del Golfo Pérsico, pero ahora los mercados de mayor crecimiento están más repartidos por el mundo. El crecimiento lento pero constante de la microfinanciación islámica se ha vuelto recientemente dinámico, impulsado por la mayor atención de gobiernos, bancos centrales, donantes e instituciones de IBF.
Como se señala en el informe: Islamic (Micro)Finance: Culture, Context, Promise, Challenges, para comprender mejor la microfinanciación islámica y el papel que puede desempeñar, debemos examinar los contextos culturales y tener en cuenta indicadores y métricas. La perspectiva antropológica del informe investiga cómo cobran vida las herramientas financieras en manos de los clientes y permite comprender de forma más matizada y compleja las experiencias de los usuarios mediante una metodología de «observación participante», entrevistas repetidas poco estructuradas y construcción de relaciones. Esto aborda los desafíos metodológicos de la investigación en microfinanzas: los bancos, al actuar como guardianes, pueden (de manera intencionada o no) restringir el acceso de los investigadores. La necesidad de los pobres de garantizar un acceso continuado a los bancos puede afectar a sus respuestas en estudios de mercado y encuestas de clientes.
El informe Islamic (Micro)Finance también ofrece antecedentes históricos y teológicos, panorámicas de los productos financieros islámicos, resúmenes de los principales países e instituciones, y análisis en profundidad de los panoramas de la (micro)financiación islámica en Bangladés, Indonesia y Pakistán. Se presta atención etnográfica a los desafíos específicos que enfrentan las clientas y los hogares encabezados por mujeres, a las implicaciones de las relaciones de los clientes con los agentes de campo y a la ausencia de herramientas que ayuden a los clientes con sus problemas de contabilidad y cálculo personal. El informe también ofrece puntos de partida para intervenciones digitales que atiendan las necesidades de los pobres, a la vez que abordan ineficiencias de larga data en la (micro)financiación islámica.
La capacidad de innovación en esta industria aún incipiente, donde la oferta no ha cubierto la demanda, debería animar a los observadores del sector, a los proveedores y a los clientes por igual a un optimismo impaciente.
Este artículo se publica en colaboración con The Bill & Melinda Gates Foundation. La publicación no implica el respaldo de las opiniones por parte del Foro Económico Mundial.
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Autora: Bridget Kustin es consultora y candidata a doctora en Bill & Melinda Gates Foundation / Johns Hopkins University.
Imagen: Se muestran personas en el Centro Financiero Internacional de Dubái. REUTERS/Omr Mohamed.




