Nuestro mundo se hace cada día más pequeño, más plano y más conectado.
El auge del comercio electrónico ha empoderado a los consumidores y ha cambiado el panorama de la compra y venta de bienes, al tiempo que ha transformado la economía mundial.
Esta demanda omnipresente de bienes, con independencia del mercado, pronto se intensificará aún más.
Sin embargo, los actuales sistemas de pago, compensación y liquidación son grandes cuellos de botella para el flujo del comercio global. Son ineficientes, tienen plazos de liquidación largos y comisiones y tipos de cambio costosos.
Las tecnologías actuales han mejorado el intercambio global de información sobre bienes y han reforzado las redes de transporte que mueven mercancías a través de las fronteras. Personas de todo el mundo tienen acceso a mercados virtuales que parecen no tener fronteras.
Pero los consumidores siguen atrapados en la era de la tarjeta de crédito en los pagos de esas transacciones. Es cierto que las tarjetas de crédito existen desde hace más de 65 años, pero están listas para dar un salto tecnológico.
Derribar barreras
Si alguna vez ha viajado al extranjero, sabe que cambiar dinero en efectivo o usar la tarjeta de crédito suele ser un engorro.
Calcular tipos de cambio justos y las comisiones que conllevan es como intentar resolver un problema matemático sin conocer las variables.
En el mundo del comercio electrónico global, el problema es el mismo.
Las normas y regulaciones, así como la moneda, varían según el país. Por desgracia, no todos los comerciantes son capaces de gestionar ese nivel de complejidad en línea.
Si alguien que vive fuera de Estados Unidos no tiene una cuenta bancaria ni una tarjeta de crédito estadounidenses, es casi imposible completar una compra en línea a un minorista estadounidense.
En pocas palabras, una serie de barreras puede dificultar la compra de lo que se desea una vez que se cruzan las fronteras, incluso en línea.
Una moneda global unificada es la solución ideal, ya que simplificaría las transacciones transfronterizas.
Pero, como han demostrado los acontecimientos recientes, incluso las monedas regionales como el euro tienen dificultades para mantener en orden las economías nacionales y están lejos de ser perfectas a la hora de gestionar las complejidades de una economía global.
Una esperanza virtual
Las tecnologías avanzan, aunque los gobiernos se esfuerzan por seguir su ritmo. Estas plataformas están impulsando un mecanismo de intercambio aceptado globalmente, que no requeriría un sistema monetario unificado.
Aquí es donde la moneda virtual podría entrar en juego. El dinero digital puede enviarse a través de las fronteras sin pasar por múltiples intermediarios ni cambios de divisa.
Si se reconoce, su valor es el mismo con independencia de dónde se realicen las operaciones, lo que elimina puntos de fricción y facilita un flujo más rápido de bienes.
En 2008, Satoshi Nakamoto publicó un artículo titulado Bitcoin: A Peer-to-Peer Electronic Cash System, en el que se detallan los pormenores de un sistema de pago que permitiría a las personas enviar y recibir pagos sin intermediarios financieros. Así nació Bitcoin.
No fue la primera moneda virtual, pero sí la primera aplicación de una nueva tecnología de cifrado de cadena de bloques.
Aunque Bitcoin ha sufrido una buena dosis de controversia y volatilidad en sus primeras etapas, la tecnología de cadena de bloques ha creado numerosas posibilidades para mejorar las transferencias de dinero y simplificar los procesos de pago, además de revolucionar muchos otros sectores.
Más de 100.000 empresas ya aceptan Bitcoin, entre ellas grandes compañías como Microsoft, Home Depot, Dell, CVS, Expedia y Amazon.
Las empresas emergentes están captando cientos de millones de dólares en inversiones de capital riesgo.
Importantes instituciones financieras y líderes tecnológicos como Barclays, Citigroup, la Bolsa de Nueva York e IBM también están invirtiendo en la tecnología.
Muchas de sus transacciones actuales ya son virtuales y se realizan en línea.
No es de extrañar, pues, que la moneda se vuelva más fácil, barata y segura. Nuestro concepto de dinero y de cómo se intercambia va a cambiar a medida que nos digitalizamos cada vez más.
La forma en que manejamos, almacenamos e intercambiamos la moneda seguirá evolucionando; solo es cuestión de a qué velocidad y en qué ámbito la veremos a continuación.
Abrir el comercio
Para que el comercio electrónico global prospere, el movimiento de bienes, fondos e información debe ser seguro y sin fricciones. La moneda digital permitiría participar a consumidores y empresas de todos los tamaños y de todos los lugares.
Es probable que el mayor crecimiento a nivel mundial se dé en los mercados emergentes de África, Oriente Medio y otras zonas del mundo que tradicionalmente han estado menos desarrolladas.
Vastas poblaciones de estas comunidades están accediendo mejor a la tecnología y al capital, lo que les permite intercambiar dinero, bienes y servicios con facilidad.
Empresas de pagos móviles como M-Pesa están dando a millones de personas acceso al sistema financiero formal, estimulando los negocios y reduciendo la delincuencia en sociedades que, por lo demás, se basan en gran medida en el efectivo.
Desde nuestra perspectiva, la fuerza impulsora a nivel mundial es que todas las empresas y los consumidores puedan hacer negocios entre sí con facilidad.
Solo necesitamos los avances técnicos y regulatorios que permitan que las transacciones financieras globales sean posibles.
La moneda virtual parece un paso siguiente lógico, que podría acercar los mercados entre sí y facilitar un comercio más rápido.
Normalmente, los avances que resisten la prueba del tiempo son los que eliminan de forma más eficaz las barreras y facilitan el comercio; quizá por eso el comercio global está tan preparado para un sistema de intercambio global que permita transacciones fluidas.
Este artículo se publica en colaboración con Longitudes. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Rimas Kapeskas es director gerente del UPS Strategic Enterprise Fund, un grupo de capital riesgo corporativo que se centra en desarrollar alianzas estratégicas clave y en obtener conocimientos y rendimientos de sus inversiones en empresas de tecnología de la información y en mercados emergentes.
Imagen: Un billete de 100 yuanes (abajo) se coloca junto a billetes de 100 dólares estadounidenses en esta ilustración tomada en Pekín. REUTERS/Petar Kujundzic



