El 9 de diciembre es el Día Internacional contra la Corrupción.
Durante la COVID-19, la corrupción ha provocado que se desvíen fondos que debían llegar a quienes los necesitan, afirma el secretario general de las Naciones Unidas.
Desde la prevalencia de la corrupción en los países ricos hasta su vínculo con la desigualdad, aquí quedan al descubierto cuatro mitos sobre la corrupción.
La corrupción prospera en tiempos de crisis. Este es el mensaje de las Naciones Unidas con motivo del Día Internacional contra la Corrupción, el 9 de diciembre.
El secretario general de la ONU, António Guterres, dijo en un comunicado: «La corrupción es delictiva, inmoral y constituye la máxima traición a la confianza pública. Es aún más perjudicial en tiempos de crisis, como los que vive ahora el mundo con la pandemia de COVID-19.
«La respuesta al virus está creando nuevas oportunidades para aprovechar la debilidad de la supervisión y la falta de transparencia, y desviar fondos que deberían llegar a las personas cuando más los necesitan».
Se han movilizado miles de millones de dólares en todo el mundo para ayudar a quienes más han sufrido los efectos de la pandemia, pero la ONU afirma que existen «importantes oportunidades para la corrupción» cuando se dejan de lado el cumplimiento de las normas, la supervisión y la rendición de cuentas a cambio de lograr resultados rápidos.

Estos son cuatro mitos sobre la corrupción y sus efectos.
Mito 1. La corrupción a pequeña escala tiene poco impacto
La corrupción no se limita al blanqueo de capitales por valor de miles de millones de dólares. Para muchas personas, forma parte de la vida cotidiana: desde tener que pagar sobornos para acceder a los servicios públicos, hasta recibir ofertas de sobornos a cambio de votos, como les ocurre a una de cada dos personas en el Líbano.
Pero la corrupción a pequeña escala se acumula. Entre 2008 y 2009, la población de Afganistán pagó 2.500 millones de dólares en sobornos, y aproximadamente una de cada cuatro personas pagó al menos un soborno a la policía y a funcionarios locales durante ese período, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. Además, la demanda constante de sobornos puede hundir aún más a las personas en la pobreza.
Mito 2. La corrupción solo ocurre en los países pobres
Es más generalizada en los países donde «el dinero de las grandes fortunas puede fluir libremente hacia las campañas electorales y los gobiernos solo escuchan las voces de las personas ricas o bien relacionadas», afirma Transparencia Internacional.
En su Índice de Percepción de la Corrupción de 2019, que emplea una escala de cero a 100 (de muy corrupto a muy limpio), más de dos tercios de los países obtuvieron menos de 50 puntos, con una media de tan solo 43.
Europa occidental y la UE fueron la región con la puntuación más alta, mientras que África subsahariana obtuvo la más baja.
Pero ni siquiera los países desarrollados con puntuaciones altas, como Canadá (77), están a salvo de la corrupción. Canadá ha caído siete puestos desde 2012 debido a una condena por soborno relacionada con Libia (18).
Antes de la pandemia, el fraude, el soborno y la corrupción costaban al Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS) alrededor de 1.270 millones de dólares al año.
Mito 3. No se puede hacer nada contra la corrupción
Las organizaciones multilaterales hacen mucho para crear conciencia y promover las mejores prácticas.
La campaña RECOVER with INTEGRITY de la ONU insta a los países a reducir los riesgos de mala gestión y corrupción durante la pandemia, y a armonizar sus marcos nacionales de lucha contra la corrupción con la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción.
La Iniciativa para la Asociación contra la Corrupción del Foro Económico Mundial es la voz empresarial de referencia en materia de lucha contra la corrupción y transparencia.
Delia Ferreira Rubio, presidenta de Transparencia Internacional, insta a los gobiernos a «abordar urgentemente el papel corruptor del dinero de las grandes fortunas en la financiación de los partidos políticos y la influencia indebida que ejerce sobre nuestros sistemas políticos».
Mito 4. La corrupción no afecta a la desigualdad
«La pandemia de COVID-19 corre el riesgo de agravar las desigualdades a menos que reforcemos las defensas de primera línea del sistema mundial de lucha contra el blanqueo de capitales», afirma Transparencia Internacional.
Cada año salen de África 50.000 millones de dólares: dinero que podría utilizarse para mejorar vidas. En cambio, se canaliza al extranjero, a menudo con ayuda de bancos, abogados y contables cómplices o negligentes, afirma la organización.
Y puede formarse un círculo vicioso de corrupción y desigualdad porque la corrupción genera desconfianza.
«La corrupción no solo prospera en condiciones de gran desigualdad y poca confianza, sino que, a su vez, genera más desigualdad (y, por tanto, menos confianza)», escribe Eric Uslaner, profesor de Gobierno y Política de la Universidad de Maryland.


