Vuelta de la Guerra Fría: por qué es buena idea mantener la economía global

Gretar Jonsson, an Iceland supporter sits in a Lada car, on a street in Volgograd, Russia, June 20, 2018. As well as shooting all the matches, Reuters photographers are producing pictures showing their own quirky view from the sidelines of the World Cup. REUTERS/Ueslei Marcelino
A Lada in action in Russia, circa 2018. The brand's revived domestic market share is evidence of a new global economic divide.Image: REUTERS/Ueslei Marcelino
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  • A los expertos les preocupa la creciente fragmentación de la economía global según líneas geopolíticas.

  • Los cambios en el consumo interno de Rusia son una muestra de esta reorganización.

  • No trascender los intereses estratégicos mediante el libre comercio podría traducirse en mayores costos y más inestabilidad.

El Lada ha sido una abundante fuente de bromas. Una encuesta entre propietarios del automóvil ruso reveló que solo el 5% se lo recomendaría a un amigo. Incluso una reseña que pretendía transmitir optimismo acabó con una nota pesimista al afirmar que «no son tan horribles como la gente cree».

Los trabajadores que ensamblan Ladas quizá tengan preocupaciones más inmediatas. Les informaron recientemente de que sus vacaciones de verano se adelantarían de forma repentina a finales de mayo, para dar tiempo a reponer las piezas necesarias.

Ante la drástica reducción de las importaciones europeas y japonesas, que han caído de forma drástica, la marca Lada de la era soviética ha recuperado gran parte de su antigua popularidad en el país. La única verdadera competencia local parece provenir de los modelos chinos, cada vez más extendidos.

Los cambios en el mercado automovilístico ruso se produjeron tras la invasión de Ucrania y el distanciamiento de los mercados occidentales. Son otra prueba de la división de la economía global según líneas geopolíticas, algo que preocupa a muchas personas.

«Debemos estar preparados para la nueva realidad que bien podría avecinarse», advirtió recientemente la presidenta del Banco Central Europeo Christine Lagarde. Poco antes, la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, alertó de que podría estar gestándose un nuevo tipo de Guerra Fría.

La economía global sigue estando en gran medida configurada por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial. En las décadas posteriores al conflicto, las democracias de mercado estrecharon sus vínculos al margen de sus pares con economías de planificación centralizada de maneras que hicieron que muchas personas fueran mucho más prósperas. Incluso después de la caída del Muro de Berlín y el auge de la globalización, los expertos temían lo que podría ocurrir si algún día el proceso se invirtiera.

Image: Foro Económico Mundial

Y con razón. La década de 1930, cuando el comercio internacional cayó hasta representar alrededor del 15% del PIB global (ahora supera el 50%), precedió a un ciclo funesto de demagogia y destrucción que muchos líderes políticos han intentado evitar repetir desde entonces, entre otras cosas, estrechando los lazos comerciales.

Los expertos afirman que el volumen del comercio global debería mantenerse esta vez, pero cada vez se desarrollará más dentro de burbujas aisladas, a medida que cada bloque rival intente acercar «al resto del mundo a sus respectivos intereses estratégicos y valores compartidos», como dijo Lagarde.

Según ella, las posibles consecuencias de este desvío forzoso incluyen un menor crecimiento económico mundial, en general costos más altos para todos y mayor inestabilidad.

Distintos «bandos», costos similares

Esto ayuda a comprender mejor el verdadero significado de que Rusia haya sustituido los automóviles europeos por Ladas y todoterrenos Chery, o los teléfonos Samsung y Apple por modelos de Xiaomi y Realme.

Los expertos no saben con certeza cuál sería el costo final de esos cambios. Pero pueden hacer estimaciones.

Un estudio publicado a principios de este mes por un instituto de investigación japonés dividió el mundo en bloques «occidental» y «oriental». Calculó que, en el peor de los casos, si el comercio entre ambos fuera prácticamente inexistente, la economía global perdería 8,7 billones de dólares para 2030, una cifra aproximadamente equivalente a un año completo de producción económica conjunta de Japón y Alemania.

En este escenario, los únicos «ganadores» serían los países neutrales, que, según el estudio, obtendrían un ligero beneficio económico mientras los bloques de Oriente y Occidente sufren fuertes pérdidas.

Según el estudio, la invasión rusa de Ucrania y las sanciones impuestas a Rusia por numerosos países en respuesta solo agravaron los temores ya existentes, gestados durante años, ante una posible desvinculación económica global más amplia.

Los cambios en la economía rusa forman parte de una fractura más amplia.Image: Foro Económico Mundial

Esos temores aumentaron a medida que se acumulaban los problemas, desde el acceso a recursos naturales vitales hasta el desarrollo y uso de tecnologías de vanguardia.

También crecieron al aumentar los llamamientos a reformular las normas globales sobre comercio y desarrollo, vigentes en su mayor parte desde hace unos tres cuartos de siglo, para que tengan más en cuenta los intereses de los países que ahora se han convertido en grandes actores económicos.

En un principio, esas normas se diseñaron para actuar como una fuerza estabilizadora, pero en algunos lugares sus beneficios pueden percibirse como mucho más importantes que en otros. Una respuesta natural podría ser buscar otras formas de hacer las cosas, aunque ello implique soportar cierta incomodidad en el proceso.

Ese era, en general, el razonamiento en la Unión Soviética cuando aparecieron los primeros automóviles Lada en 1970. Eran cuadrados y anodinos, pero también asequibles y fáciles de reparar de una manera que los hacía adecuados para un país construido en torno a una ideología estrecha y destinado a no durar más allá de 1991.

Una vez más, no está claro que ahora la gente necesariamente quiera más los Ladas; quizá lo que quiera sea poder comprar cualquier automóvil.

Es esencial encontrar formas de disuadir de emprender ejercicios tan dolorosos para satisfacer un propósito político, sobre todo porque es probable que ese dolor se extienda mucho más allá de las fronteras de cualquier país.

Más lecturas sobre los temores a una división económica global

Para más contexto, aquí hay enlaces a lecturas adicionales de la plataforma de Inteligencia Estratégica del Foro Económico Mundial:

  • «La persistente fantasía de que la seguridad y la economía pueden tratarse por separado». Este artículo sostiene que todos los países quieren tomar decisiones independientes para promover sus intereses, pero existe una diferencia entre soberanía y autonomía. (ASPI)

  • El mismo petróleo, a menor precio: este análisis concluyó que Rusia ha podido responder a las sanciones de la UE y el G7 redirigiendo sus exportaciones de petróleo crudo a mercados alternativos, aunque con «grandes descuentos». (CEPR)

  • Cómo evitar una «fragmentación descontrolada». Según este análisis, los patrones comerciales y de inversión han reflejado un cambio de poder hacia las economías emergentes y en desarrollo, pero la gobernanza global no. (VoxEU)

  • Según este artículo, tres décadas de globalización mejoraron el funcionamiento de los mercados, pero los responsables de las políticas perdieron de vista sus «consecuencias distributivas adversas». Es decir, muchas personas quedaron rezagadas. (Project Syndicate)

  • Fragmentación dentro de una fragmentación: la caída del Muro de Berlín permitió a los europeos encontrar juntos un nuevo rumbo, según este análisis, pero los países de la región no han sido inmunes a la «regresión democrática global». (Social Europe)

  • Según este análisis, la interrupción repentina de las exportaciones a Rusia y la reducción más lenta de las importaciones rusas generaron un déficit comercial de 67.000 millones de euros para la UE en 2022, pero para finales de ese año ya empezaba a desaparecer. (VoxEU)

  • «Todos nos hemos beneficiado de un mundo abierto», dijo el ministro de Asuntos Exteriores neerlandés en este discurso reciente; «y ahora que se está cerrando rápidamente, debemos adaptarnos». (ASPI)

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