El orden liberal global se está desmoronando. Tras 70 años, el futuro de la democracia liberal, los mercados abiertos y los acuerdos de seguridad común está en juego. Hay señales de alarma prácticamente por todas partes: desde brotes de populismo en América, Europa y Asia hasta la propagación del proteccionismo y las guerras comerciales abiertas. La pregunta que casi todo el mundo se hace es si estas tendencias pueden revertirse. Si no es posible, ¿qué tipo de orden (o desorden) podría surgir?
En nuestra nueva serie de artículos (copatrocinada por la Iniciativa Lind), exploramos la crisis que afronta el orden liberal global, tanto desde fuera como desde dentro. Invitamos a algunos de los científicos sociales más destacados del mundo —Francis Fukuyama, Steven Pinker, Anne-Marie Slaughter, Misha Glenny, Edward Luce, Yves Tiberghien, Bruno Giussani y otros— a compartir sus opiniones. El desafío es sencillo: diagnosticar las amenazas y considerar las alternativas al orden liberal global.
Hasta hace muy poco, pocos occidentales creían de verdad que el orden liberal global estuviera en peligro mortal. Cuando la Unión Soviética se derrumbó en 1989, Francis Fukuyama proclamó triunfalmente el fin de la historia. Aunque muchos críticos se opusieron con vehemencia a su tesis, tenía algo de razón. Las décadas de 1990 y 2000 fueron el apogeo de un orden global que, pese a distar mucho de ser perfecto, contribuyó a preservar la estabilidad, ampliar la gobernanza democrática y propiciar un crecimiento económico sin precedentes.
La velocidad vertiginosa del desplome del orden liberal tomó a todos por sorpresa. Es difícil precisar el momento exacto en que Occidente perdió el rumbo. Desde luego, la elección de Donald Trump en 2016 y el brexit fueron síntomas, no causas. Edward Luce describe la desastrosa guerra de Irak de 2003 como un punto de inflexión. La crisis financiera de 2008 fue claramente otro. Sea cual sea el punto de partida, ahora se cuestiona abiertamente la credibilidad del proyecto liberal global.
Aunque Steven Pinker sostiene que las democracias liberales son resilientes, la mayoría de los académicos teme que la propia democracia liberal esté amenazada de extinción. Hablan con pesimismo de cómo las democracias atraviesan una «corriente subterránea», un «retroceso», una «recesión» e incluso una «depresión». A otros les preocupa que las democracias se estén vaciando por dentro y se vuelvan «parciales», de «baja intensidad», «vacías» e «iliberales»: puede haber elecciones, pero cada vez se desprecian más los controles al poder y las libertades civiles.
Según Yves Tiberghien, el espectacular auge de China es una de las razones por las que el orden liberal global está perdiendo fuerza. El PIB del país pasó de 950.000 millones de dólares en 2000 a 22 billones de dólares en 2016. Entre 2017 y 2019, China aporta el 35 % del crecimiento mundial y EE. UU., el 18 % (India aporta el 9 % y Europa, el 8 %).

La presencia de China crece en todo el mundo. El país lidera el mayor plan de urbanización y desarrollo del planeta: la iniciativa Un cinturón, una ruta, dotada con 1 billón de dólares y que alcanza a no menos de 65 países. También puso en marcha recientemente el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, que rivaliza con el Banco Mundial. Además, es una potencia ecológica mundial y marca el ritmo de la economía digital.
Según Robert Kagan, China y Rusia, en particular, tienen el poder político, económico y militar necesario para socavar el proyecto liberal en Europa y Asia. Entre quienes también lo obstaculizan están Irán, que busca la hegemonía regional en Oriente Medio, y Corea del Norte.
Sin embargo, probablemente la amenaza existencial más grave para el orden liberal global proviene de su interior. Desde la década de 1980, los países occidentales han visto cómo se vaciaba su clase media: la riqueza está hipconcentrada en una élite reducida. Una minoría ruidosa de quienes se han quedado atrás resiente las ideas, los valores y la política identitaria de los habitantes de las ciudades y los recién llegados, especialmente los migrantes. Levitzky y Ziblatt sostienen que las democracias están muriendo gradualmente. Para agravar la situación, los electorados están cada vez más polarizados por las campañas electorales impulsadas digitalmente.
La retirada de EE. UU. como garante del orden global podría significar el fin del proyecto liberal global. Por primera vez desde 1945, su principal arquitecto y custodio ya no defiende de forma activa los valores democráticos y las normas de derechos humanos, los mercados abiertos ni los acuerdos de seguridad común. Si EE. UU. se aleja durante demasiado tiempo —y si Trump gana un segundo mandato en 2020—, cuesta imaginar que el orden liberal global pueda recuperarse.
Aunque EE. UU. de algún modo volviera a ser como antes, es muy poco probable que el orden liberal global recupere su forma original. Según Anne-Marie Slaughter, está surgiendo rápidamente un nuevo orden global en red. Este va mucho más allá del tablero de ajedrez de las relaciones entre Estados y es mucho más interconectado y complejo. Ella y otros creen que las placas tectónicas de la geopolítica han cambiado de forma fundamental y que se avecina un mundo más áspero y duro.
Si las tendencias actuales sirven de guía, lo más probable es que el nuevo orden mundial esté determinado por esferas de influencia regionales, y no por una única superpotencia. Parece que la historia ha vuelto con fuerza. ¿Es demasiado tarde para que los aliados occidentales —incluidos EE. UU., los países de la UE y otros— recuperen su empuje? Si muere el orden liberal global, ¿estará el nuevo orden mundial liderado por potencias emergentes —principalmente China, India, Rusia, Indonesia y Turquía? ¿Irá acompañado el cambio de un conflicto violento o podrá gestionarse pacíficamente la transición? Estas son solo algunas de las preguntas que planteamos en esta nueva serie.
Nuestra serie de blogs, El futuro del orden liberal global, se encuentra aquí.


