Históricamente, la gente asocia el sonido de África con el rugido del león; pero en realidad, es el rugido del generador diésel. Manadas de estas arcaicas bestias están al acecho. Su hábitat incluye ciudades, pueblos, fábricas, minas, empresas y grandes granjas, en cualquier lugar donde se requiere energía y no está disponible o no es fiable.
Cuando empecé en el ámbito del desarrollo, y concretamente en el de las energías renovables, hace casi 15 años, los temas energéticos simplemente no figuraban en la agenda. Los conservacionistas y ecologistas nos alertaban de los peligros de la deforestación y el cambio climático, y de la importancia de preservar los hábitats africanos. Las redes eléctricas solo atendían en gran medida a zonas urbanas y empresas comerciales, mientras que las opciones energéticas modernas (fuera de los townships sudafricanos) no estaban al alcance de los pobres. Había pocas alternativas a la leña, el carbón vegetal, el queroseno o las velas: lo que llamo los cuatro combustibles de la pobreza.
La pobreza energética, o injusticia energética, en aquel momento se conocía simplemente como «la vida». Los desafíos cotidianos pasaban en gran medida desapercibidos para las mujeres que caminaban largas distancias para recoger leña e inhalaban el humo de la cocción o los vapores de queroseno de las lámparas artesanales de hojalata. Las enfermedades respiratorias, los niños que ingerían queroseno creyendo que era agua limpia, y las quemaduras y muertes por incendios apenas figuraban en la agenda sanitaria. La productividad caía cuando se ponía el sol. Afrontar la pobreza energética no parecía ser una prioridad para la mayoría de las organizaciones de desarrollo.
Esta situación está cambiando rápidamente.
Gracias en gran medida a la ONU y a su Año de la Energía Sostenible para Todos, está surgiendo un consenso mundial con mucho retraso. Empezamos a comprender que el acceso universal a la energía sostenible es vital tanto para la salud de la economía mundial como para la preservación de nuestro planeta. Esta iniciativa de la ONU está ayudando a impulsar la innovación en todos los niveles de la prestación y el suministro de servicios energéticos en toda África.
Por ejemplo, reconociendo que la electricidad de red suele ser prohibitivamente cara, los emprendedores sociales más perspicaces están probando nuevos modelos fuera de red y productos y servicios adaptados a cada necesidad. Estos pueden ayudar a crear medios de vida, prolongar las horas productivas, mejorar los resultados educativos, regar la agricultura, ampliar el acceso a las comunicaciones y abrir oportunidades de mercado. Los consumidores tienen una mayor posibilidad de incorporarse y permanecer en la nueva economía del conocimiento.
Este nuevo consenso mundial se puso de manifiesto en el Foro Económico Mundial sobre África 2013, celebrado en Ciudad del Cabo. Tradicionalmente, el Foro analizaba las cuestiones energéticas en el contexto de los riesgos globales, las crisis del petróleo, la colaboración regional, la infraestructura de redes y la eficiencia del suministro, los marcos normativos y regulatorios, los instrumentos financieros y la desregulación, pero no como un facilitador del desarrollo. En la reunión de este año en Ciudad del Cabo, los debates energéticos se ampliaron para incluir al consumidor de la «última milla» y la comprensión de que las energías renovables son el oxígeno tanto del crecimiento económico como del desarrollo sostenible. Ninguna otra cosa puede elevar tan rápidamente los niveles de vida y mejorar la salud.
Se informó recientemente de que Sudáfrica es ahora el mercado de energías renovables de mayor crecimiento del mundo. Con necesidades energéticas que superan con creces el suministro de su red eléctrica, en gran medida basada en el carbón, se necesitan urgentemente fuentes adicionales de generación. A medida que esta tendencia se extienda por el continente, el traqueteo del generador diésel dará paso al silencio del panel solar, generando un crecimiento y desarrollo sin precedentes y permitiendo que los leones africanos desafíen a los tigres asiáticos.
Autora: Kristine Pearson es directora ejecutiva fundadora de Lifeline Energy y asistió al Foro Económico Mundial sobre África 2013.
Imagen: Mujeres en Burkina Faso transportan leña en bicicletas REUTERS




