5 claves para entender la Nueva Ruta de la Seda

5 cosas que hay que saber sobre la Nueva Ruta de la Seda
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Con el constante discurso sobre el pesimismo económico – Goldman Sachs pronostica una tercera ola de la crisis financiera y el FMI advierte de una desaceleración del crecimiento mundial – algunos analistas encuentran consuelo en el debate sobre la nueva Ruta de la Seda. Pero ¿qué sabemos realmente de esta iniciativa que se conoce como Una Franja, Una Ruta (OBOR)?

1. ¿Cuál es su alcance?

“La franja económica a lo largo de la Ruta de la Seda alberga a casi 3.000 millones de personas y representa el mayor mercado del mundo, con un potencial incomparable.” Estas fueron las palabras más citadas del presidente chino Xi Jinping cuando presentó por primera vez la iniciativa. China demostró posteriormente que estaba dispuesta a pasar de las palabras a los hechos al respaldar y dotar generosamente varias nuevas instituciones:

  • 40.000 millones de dólares: Fondo de Infraestructuras de la Ruta de la Seda, creado en febrero de 2014

  • 100.000 millones de dólares: Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, creado en octubre de 2014

  • 100.000 millones de dólares: Nuevo Banco de Desarrollo (también conocido como Banco de los BRICS), creado en julio de 2014

Estas cifras están marcadas por la ambigüedad e incluyen a financiadores distintos de China. No obstante, demuestran claramente la inmensa escala de OBOR.

Además, hasta 60 países han manifestado interés por la iniciativa, lo que equivale a alrededor del 30 % de todos los países del planeta.

2. ¿De qué trata?

Desde su concepción, la Nueva Ruta de la Seda pretendía ir mucho más allá de la mejora de la logística. Cuando Georgia acogió el Foro de la Ruta de la Seda de Tiflis a principios de este mes, el primer ministro Irakli Garibashvili calificó la nueva Ruta de la Seda de un corredor de prosperidad y cooperación mundiales. De hecho, justo al inicio de OBOR, el presidente Xi afirmó que tenía cinco pilares:

  • Mejorar la circulación monetaria

  • Mejorar la conectividad vial

  • Promover el comercio sin obstáculos

  • Intensificar la comunicación de políticas

  • Aumentar la comprensión entre los pueblos y las naciones

Si el continente avanza en todos estos ámbitos, seremos inevitablemente testigos de transformaciones que van mucho más allá del impulso de la capacidad de transporte.

3. ¿Cuál es la perspectiva de China y de otros países de la ruta?

Algunos sostienen que China está desplegando su poder económico en busca de objetivos geopolíticos. Otros comparan la iniciativa OBOR con el Plan Marshall. Pero quizá la explicación más sencilla y convincente es puramente económica: es la forma en que China resuelve su problema de sobrecapacidad. El corredor de transporte que conecta el oeste de China con su mayor socio comercial, la UE, será especialmente útil para impulsar esa parte del país y, por tanto, para aliviar las tensiones sociales entre la costa próspera y las provincias del interior, aún en desarrollo .

En el caso de países como Pakistán, donde China ya ha se ha comprometido a invertir decenas de miles de millones de dólares, o Kazajistán, donde Xi Jinping hizo el histórico anuncio, la atención se centra firmemente en la promesa del desarrollo de infraestructuras y en el efecto estimulante que tendrá sobre la economía en su conjunto. Una estrategia con mayor visión de futuro deberá equilibrar la búsqueda de inversiones de las instituciones financieras recién creadas con una visión a largo plazo sobre cómo un país puede aprovechar su propia ventaja competitiva para convertirse en parte integral de las cadenas de valor globales, y no limitarse a ser un simple punto de tránsito.

4. ¿Cómo beneficiará a Europa?

Según el Banco Mundial, la economía china, aunque ha crecido con rapidez en las últimas décadas, sigue siendo en términos absolutos solo aproximadamente la mitad del tamaño de la UE (18,5 billones de dólares frente a 10,4 billones de dólares). Por tanto, la adhesión genuina de Europa a OBOR es fundamental para el éxito final de la iniciativa.

Indiscutiblemente, Europa y China son los dos principales polos económicos del supercontinente afroeurasiático, y el comercio entre ellos supera a cualquier otro intercambio bilateral de la región. La Nueva Ruta de la Seda sin duda lo ampliará aún más y, a largo plazo, todas las partes saldrán ganando, como postula la teoría económica básica. A corto plazo, sin embargo, algunos sectores se verán afectados más que otros, y sería prudente asumir que las ganancias a largo plazo, así como los perjuicios a corto plazo, serán desiguales entre los 28 países de la UE.

Los intereses divergentes de los Estados miembros de la UE, junto con una burocracia de Bruselas a menudo engorrosa y agravada por las recientes tensiones geopolíticas, deben de haber sido factores que contribuyeron a la respuesta inicial lenta y poco entusiasta de Europa ante OBOR. ¿Cómo debería reaccionar Europa? ¿Hacia dónde se inclinará la balanza de los desequilibrios comerciales? Y, quizá el asunto más delicado, ¿cómo afectará a los empleos europeos?

Dada la complejidad de estas cuestiones, la UE debería dedicar mucha más reflexión a la formulación de su estrategia, y una buena planificación de escenarios ayudaría mucho. Sin embargo, es fundamental que Europa participe activamente en este debate para garantizar que todas las partes se beneficien.

La OCDE prevé que en 2030 Asia representará el 66 % de la población global de clase media y el 59 % del consumo de clase media. La Nueva Ruta de la Seda no se construirá de la noche a la mañana, así que el momento de adoptar una visión a largo plazo es ahora.

5. ¿Qué recorrido trazará?

OBOR es notablemente y quizá deliberadamente poco precisa en cuanto a los detalles sobre quién participa y quién queda fuera del megaproyecto de integración del siglo. ¿Y por qué no habría de serlo? La competencia entre los países de la región es claramente de interés para China. Cuando BMW o Intel son cortejadas por los gobiernos para acoger la próxima planta de fabricación, los consejeros delegados no dudan en aprovechar su posición negociadora. Y, en última instancia, las empresas se benefician de los acuerdos especiales que ofrecen los países pretendientes.

Varios factores determinarán la ruta que seguirá la Nueva Ruta de la Seda, desde el estado de la infraestructura existente de cada país hasta los riesgos políticos y de seguridad, pasando por la geografía y el terreno. Lo que es casi seguro, sin embargo, es que tomará el camino de menor resistencia. Y si la inevitabilidad de la megatendencia de integración transcontinental lleva a Europa a la mesa de negociaciones, y la competencia por la inversión china motiva a los líderes políticos de la región a buscar mejores políticas, mejorar la cooperación con sus vecinos y empezar a pensar más allá de la «infraestructura ya» y adentrarse en el ámbito de la integración de las cadenas de valor globales, entonces el corredor de prosperidad podría convertirse en realidad.

Autor: Andrew Chakhoyan, director de Relaciones Gubernamentales, VimpelCom. Antiguo jefe para Eurasia, Foro Económico Mundial.

Imagen: Se ve a un comprador a través de grandes decoraciones de linternas en un centro comercial de Pekín, el 20 de febrero de 2013. REUTERS/Kim Kyung-Hoon

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