Tradicionalmente, las empresas y los gobiernos han considerado la salud un costo, no una inversión. Nadie discute que la mala salud tiene un costo para las empresas y la sociedad. Pero pensar en la salud solo como un costo pasa por alto un aspecto importante. A medida que los costos de la atención sanitaria siguen creciendo entre un 2 % y un 3 % anual por encima del PIB, muchas partes interesadas han llegado a comprender que invertir en salud es, en realidad, un imperativo económico. En tiempos en que escasean las oportunidades de inversión sostenible, son bienvenidas las nuevas oportunidades de inversión.
Es intuitivo: las personas sanas generan una ventaja competitiva tanto para las empresas como para la sociedad gracias a una mayor productividad, menores costos de atención sanitaria y niveles más altos de consumo y bienestar.
Recientemente, hemos visto un cambio de paradigma: los años de vida saludable se han convertido en la nueva moneda del crecimiento y la prosperidad económicos. Aunque hemos observado un aumento drástico de la esperanza de vida (más del 50 % en EE. UU. en los últimos 100 años), debemos reconocer que esto ha añadido una enorme cantidad de años de vida con mala salud. Aunque vivimos más tiempo, no vivimos con más salud. De hecho, por cada año que vivimos más, solo vivimos 0,8 años en un estado saludable. Esto significa que, si la esperanza de vida media de un estadounidense es de 78 años, 10 de esos años los vivirá en situación de discapacidad, lo que supone costos elevados para las empresas y las sociedades.
Maximizar los años de vida saludable tendrá un efecto positivo en la prosperidad económica de un país. Las poblaciones que viven más tiempo con buena salud son más productivas durante un período más prolongado y consumen más a lo largo de esa vida extendida. Además, una población sana puede trabajar más años antes de jubilarse, lo que reduce la carga sobre los programas de bienestar social o las prestaciones médicas de jubilación de las empresas.
Las empresas y sociedades exitosas invertirán en años de vida saludable y, al hacerlo, impulsarán el «círculo virtuoso de la salud». Al buscar oportunidades de crecimiento sostenible, tendrán que recabar nuevas ideas de distintos sectores más allá de la atención sanitaria tradicional, con posibles inversiones a nivel individual, empresarial y poblacional.
Para fomentar nuevas inversiones en salud, hemos identificado algunas medidas prácticas. El ecosistema de la salud, con sus siete entornos —el físico, el político, el laboral, el educativo, el social, el de medios y tecnología de la información, y el de atención sanitaria—, ofrece muchas oportunidades de inversión sostenible para distintos sectores empresariales, no solo para el de la atención sanitaria.
Existen dos vías estratégicas para invertir en salud:
Crear ofertas saludables dirigidas a las personas (iROI) que cuidan su salud, para apoyar, facilitar o incentivar su estilo de vida saludable; así pueden desarrollarse mercados adyacentes y nuevos mercados prémium de atención al consumidor, por ejemplo, soluciones de nutrición personalizada que incorporen el nivel de actividad física, necesidades nutricionales especiales y gustos personales, o soluciones móviles de apoyo a la toma de decisiones que ayuden a las personas a tomar mejores decisiones de compensación.
Las inversiones a nivel poblacional (pROI) a menudo exigirán que los gobiernos y el sector privado trabajen juntos; el enfoque combinado, con incentivos alineados, ayudará a superar el problema de quién paga y quién se beneficia. Un ejemplo es la asociación público-privada entre el gobierno de Filipinas y una empresa mundial de alimentos y bebidas para mejorar el aporte de nutrientes a los niños pequeños de los grupos de menores ingresos. Otro ejemplo es la iniciativa «Start Smart for Your Baby», un programa integral de gestión del embarazo, desde la etapa previa a la concepción hasta los primeros años de vida del niño, que reduce considerablemente los nacimientos de bebés con peso extremadamente bajo y los elevados costos médicos y las complicaciones familiares asociados a ello.
El tsunami inminente de enfermedades no transmisibles —como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes o las enfermedades mentales— crea una necesidad urgente de actuar, pero también ofrece muchas oportunidades de inversión sostenible para las empresas y la sociedad. Estas inversiones serán más eficaces si se abordan de forma colaborativa con los gobiernos y los organismos reguladores que establecen el marco para la acción. Quienes triunfen identificarán ahora las oportunidades de inversión más rentables y actuarán.
Autor: Norbert Hultenschmidt, socio, director y responsable de la práctica de atención sanitaria para Europa, Oriente Medio y África, Bain & Company, Suiza
Imagen: Un empleado masajea a un bebé en el centro de atención materna CareBay, en Shanghái, el 16 de diciembre de 2011. REUTERS/Aly Song



