La contaminación por plásticos contribuye al cambio climático al asfixiar los hábitats marinos y liberar gases de efecto invernadero.
Hay que dar a los jóvenes un papel más importante a la hora de abordar este y otros problemas medioambientales.
Un tratado mundial sobre la contaminación por plásticos ayudaría a establecer una hoja de ruta común y a exigir responsabilidades a quienes contaminan.
Resolver el problema de los residuos plásticos es una parte urgente de la emergencia climática, y ha llegado el momento de dejar de verlos como dos problemas separados. Los plásticos de un solo uso siguen inundando el mercado. Aunque los gobiernos adoptan medidas indirectas, como crear impuestos y prohibir las bolsas de plástico, eso no basta dada la magnitud de la crisis. Se trata de un desastre medioambiental mundial que ya pone en riesgo a comunidades y medios de vida: en todo el mundo, los mares están contaminados por islas de plástico y los desagües están atascados de residuos que provocan enfermedades y muertes.
Es lógico que los jóvenes desconfíen y estén enfadados por el trato que han recibido de líderes y empresas que les están fallando con el sistema actual. Pero la desconfianza y la ira no reducen las emisiones; debemos trabajar juntos para resolver esta emergencia.
Los jóvenes pueden responder a la crisis de contaminación por plásticos
Los jóvenes deben unirse para abordar este problema, y para ello hay dos cuestiones clave sobre las que debemos actuar ahora. La primera es que debemos entender y comunicar que la contaminación por plásticos es un problema climático. Cuando hablamos de mitigar el cambio climático, las medidas suelen centrarse en la tierra, como plantar árboles, y a menudo se olvidan los océanos. Sin embargo, los océanos son un enorme sumidero de carbono, que absorbe al menos el 25 % de todo el CO2 que emitimos.
El año pasado, más de 8 millones de toneladas de residuos plásticos llegaron a nuestros océanos. Sea cual sea el lugar desde donde leas esto, parte de esos residuos habrá salido de tu país. Asfixian los hábitats marinos y liberan gases de efecto invernadero, ambos factores que generan un círculo vicioso desastroso que acelera el cambio climático y aumentan el riesgo de desastres para las comunidades costeras. Lo toleramos en beneficio de las ganancias empresariales.
Si no hacemos nada, se producirán más plásticos, que podrían representar el 20 % del consumo mundial de petróleo en 2050. Así de sencillo: si queremos resolver la crisis climática, no podemos dejar que los plásticos obstruyan nuestros cursos de agua. Debemos centrarnos en soluciones innovadoras y ambiciosas, necesarias para cambiar mentalidades y ampliar el impacto. El aumento de los residuos y la contaminación por plásticos, causados en gran medida por los envases de un solo uso, está dañando nuestro planeta. Urge impulsar un cambio sistémico y concertado hacia enfoques de prevención de residuos, como la reutilización, para construir una economía circular.
La segunda cuestión clave es que hay que dar a los jóvenes un papel más importante para abordar problemas medioambientales y sociales fundamentales. Trabajo con jóvenes todos los días y veo de lo que son capaces. Fundé Organización Juvenil África Verde cuando era estudiante, con el objetivo de convertir sus habilidades, conocimientos y pasión en oportunidades para que los jóvenes actúen frente a la crisis climática. Cuando se les brinda la oportunidad, los jóvenes pueden generar un cambio real. En mi país, Ghana, como parte de la Asociación Nacional para la Acción contra los Plásticos, los jóvenes están llevando a cabo la estrategia de cero residuos para Accra, una capital y región que abarca a casi 5,5 millones de personas.
Pero escasean las oportunidades. Los líderes políticos y empresariales no confían en que los jóvenes dirijan estrategias de mitigación del cambio climático, mientras que los jóvenes no confían en que los líderes y las empresas marquen la diferencia en cuestiones como la contaminación por plásticos. Ambas partes deben sentarse juntas, encontrar soluciones colaborativas y reconstruir la confianza. Para ello, las partes interesadas deben reconocer que los jóvenes tienen ideas y capacidad, y que no se les debe dejar fuera de la sala.
Necesitamos un tratado mundial contra la contaminación por plásticos
En esas conversaciones de cooperación hay que reconocer que lo que estamos haciendo para frenar la contaminación por plásticos no basta. Incluso las empresas con políticas sólidas deben admitir que, a escala mundial, sus esfuerzos no están funcionando.
No podemos resolver el problema de llenar nuestros océanos con millones de toneladas de plástico cada año limitándonos a reciclar. Necesitamos soluciones sistémicas que aborden el coste real y total de esa contaminación. Si seguimos dando prioridad a las ganancias, no encontraremos las respuestas adecuadas. En cambio, debemos tener en cuenta todos los sacrificios socioeconómicos que causa el plástico desechado, como el riesgo de desastres para las comunidades y, por ejemplo, el impacto psicológico de vivir rodeados de residuos plásticos.
Ahí es donde creo que un tratado sobre la contaminación por plásticos puede ayudar. Un tratado ayudaría a establecer una hoja de ruta común y a exigir responsabilidades a quienes contaminan. Es fundamental que sea mundial, porque este problema trasciende las fronteras nacionales. Debe incorporar un sentido de equidad e igualdad: no todos los países tienen la misma capacidad de respuesta ni contribuyen al problema en la misma medida. El tratado también debe reflejar los niveles locales de producción y consumo de plástico, y no puede ser impuesto únicamente por el Norte global. Hay que escuchar a personas de comunidades diversas de todo el mundo, especialmente a los jóvenes, y permitirles contribuir a liderar la solución.
El tratado figura en el orden del día de la reanudación de la Asamblea de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, en febrero, y de Davos, más adelante este año. Muchos Estados y más de 90 empresas mundiales impulsan un acuerdo, así que debemos aprovechar ese apoyo.
Resolver la crisis conjunta del plástico y el clima requerirá mucho trabajo en equipo y confianza compartida. Pero no podemos rendirnos; debemos actuar juntos.






