Al comenzar la tercera década del siglo XXI, recordaremos 2021 como un año en que el futuro de nuestra vida en la Tierra pendía de un hilo. ¿Hacia qué lado nos inclinaremos? ¿Avanzaremos a duras penas hacia una recuperación pos-COVID-19 siguiendo el modelo de la recuperación de la última gran crisis financiera mundial de 2009, rumbo a un futuro más peligroso, con mayor consumo y emisiones? ¿O reunirán los responsables políticos, los políticos, los líderes empresariales y la sociedad civil toda su imaginación, espíritu de cooperación y fuerza de voluntad para diseñar paquetes de estímulo e inversiones que conduzcan a un futuro más sostenible y respetuoso con la naturaleza?

El año pasado se batieron aún más récords ambientales de los indeseables. Se alcanzó una temperatura máxima de 38 °C dentro del círculo polar ártico. Los incendios forestales del Amazonas se extendieron hasta el Pantanal, el humedal tropical más grande del mundo, y provocaron una sequía que le costó 3.000 millones de dólares al sector agrícola de Brasil. Se registraron niveles históricos de inundaciones a lo largo del Yangtsé, que afectaron a 63 millones de personas. Hubo más incendios en California, que se sumaron a las pérdidas de 148.000 millones de dólares causadas por los incendios de 2018. Un número récord de huracanes atlánticos tocó tierra.
300 millones
5 veces
23 %
44 billones de dólares
1 millón
Sin embargo, entre las nubes de tormenta de las sombrías estadísticas asoman algunos rayos de esperanza. El año pasado se duplicó el número de empresas que se comprometieron a alcanzar objetivos de cero emisiones netas. La elección de Joe Biden significa que los tres mayores emisores de carbono del mundo —China, la UE y EE. UU.— se han comprometido a fijar objetivos de reducción de emisiones que empezarán a hacer que la curva del calentamiento se aplane. Pero las medidas que tomemos este año y durante esta década son decisivas, pues sus efectos repercutirán en las generaciones venideras.
Objetivo de cero emisiones netas
El histórico Acuerdo de París está impulsando claramente la acción climática. Según The Climate Action Tracker, un consorcio de organizaciones sin ánimo de lucro que incluye al prestigioso Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, las estimaciones del calentamiento a finales de siglo basadas en las políticas climáticas aplicadas han bajado de 3,6 °C en 2015 a 2,9 °C en diciembre de 2020.
Para tener buenas posibilidades de alcanzar el objetivo de 1,5 °C del Acuerdo de París, las emisiones mundiales de CO2 deben llegar a cero neto para 2050; poco después deberán hacerlo los demás gases de efecto invernadero. Algunos países europeos, el Reino Unido y pequeños Estados insulares estuvieron entre los primeros en comprometerse a alcanzar cero emisiones netas para 2050; la Unión Europea los siguió en marzo de 2020.

Después, en septiembre, durante la Asamblea General de la ONU, el presidente Xi Jinping sorprendió a todos al comprometerse a que China —responsable de una cuarta parte de las emisiones mundiales— alcanzara la neutralidad de carbono antes de 2060. Japón, Corea del Sur, Canadá y Sudáfrica anunciaron después sus propios objetivos de cero emisiones netas. Mientras tanto, el presidente Joe Biden ha prometido que Estados Unidos alcanzará la neutralidad de carbono para 2050.
La guerra ha empezado y la estamos perdiendo… sabemos que ya no podemos permitirnos perder y que la acción es el único imperativo moral, económico y científico que merece consideración
John Kerry, enviado presidencial especial para el clima, Consejo de Seguridad Nacional
(NSC)
Esto eleva a 127 el número de países con compromisos de este tipo, responsables de alrededor del 63 % de las emisiones mundiales. Según The Climate Action Tracker, si se cumplen todos estos objetivos, «nuestra estimación de la temperatura para 2100 podría ser de tan solo 2,1 °C, lo que pondría al alcance el límite de 1,5 °C fijado por el Acuerdo de París».
Más allá de los compromisos
Asumir compromisos es lo fácil; lo difícil es determinar cómo cumplirlos. De cara a la conferencia sobre el clima COP26 de noviembre, el Reino Unido, país anfitrión, está marcando el rumbo al comprometerse a reducir las emisiones un 68 % para 2030. Otros gobiernos deben adoptar objetivos más ambiciosos para esta década, reduciendo al menos a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030, a fin de garantizar que puedan cumplir sus metas de cero emisiones netas para 2050 y cerrar la brecha respecto al objetivo de 1,5 °C.
La energía limpia es el mayor desafío. La energía para el transporte, la electricidad y la calefacción, los edificios, la industria manufacturera y la construcción —además de las emisiones fugitivas y la combustión de otros combustibles— representó una cifra colosal del 73 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero en 2016, según el Instituto de Recursos Mundiales. Pese al impresionante crecimiento de la energía solar y eólica, los combustibles fósiles siguen aportando el 84 % del consumo energético mundial, según la petrolera BP. Las energías renovables y la hidroeléctrica aportan el 11 %, mientras que la energía nuclear contribuye un 4 %.
La clave para cumplir nuestros objetivos de reducción de emisiones es romper nuestra dependencia del petróleo, el gas y el carbón. ¿Cómo hacerlo? En una entrevista reciente con el periódico The Economist, le preguntaron a Bill Gates si el desafío climático exigía un cambio de comportamiento o innovación. Gates defendió la innovación sin ambages. Es importante cambiar nuestros hábitos, pero, según la Agencia Internacional de la Energía, eso permitiría reducir las emisiones como mucho un 15 %. «No intentamos simplemente reducir las emisiones un 15 % o un 20 %; tenemos que llegar a cero», dijo Gates, y añadió: «Las actividades que generan emisiones están tan extendidas que no se puede reducir de forma tan drástica la demanda de esos servicios. De hecho, en los países en desarrollo, habría que permitir que aumentara la demanda de esos servicios».
El precio del carbono
La innovación ha propiciado avances espectaculares en la eficiencia de las células solares, las baterías de litio y la energía eólica terrestre y marina. Ahora necesitamos encontrar nuevas formas de producir acero y hormigón con bajas emisiones de carbono, y de propulsar automóviles y aviones. Para liberar la capacidad innovadora del sector privado se necesitan liderazgo y capital. Sin embargo, la inversión anual combinada de fondos de capital riesgo, gobiernos y empresas energéticas en tecnología respetuosa con el clima asciende actualmente a tan solo 80.000 millones de dólares —alrededor del 4 % del gasto mundial total en investigación y desarrollo.

Los gobiernos deben intervenir y financiar la investigación y el desarrollo de tecnologías demasiado arriesgadas o costosas para que los inversores privados las emprendan por sí solos, como el acero y el cemento verdes.
Incluso con soluciones innovadoras, las nuevas tecnologías costarán más al principio: lo que Gates llama la «prima verde». Reducir esa prima casi a cero es fundamental para que estas tecnologías verdes se adopten a gran escala, especialmente en mercados emergentes como India. Los gobiernos pueden desempeñar un papel clave en la creación de la demanda necesaria para aumentar la producción y reducir los precios, por ejemplo, haciendo más sostenibles sus propios procesos de contratación pública.
Más importante aún, los gobiernos deben fijar un precio al carbono. Gates calcula que un precio de entre 100 y 200 dólares por tonelada enviaría una señal clara al mercado. Según su Energy Outlook 2020, BP ha calculado que, en un escenario de cero emisiones netas, el precio del carbono debe alcanzar los 250 dólares por tonelada en el mundo desarrollado para 2050. La gran petrolera afirma que fijar un precio al carbono es necesario para «incentivar mejoras significativas tanto en la eficiencia energética como en el uso de fuentes de energía con menos emisiones de carbono».
La COVID-19 como catalizador
Si la pandemia tiene algún aspecto positivo, es que dio a la atmósfera un breve respiro en el implacable aumento de las emisiones de CO2. No bastó para detener el calentamiento de la superficie del planeta; cuando se disponga de los datos, los científicos esperan que 2020 iguale a 2016 como el año más caluroso jamás registrado. Pero la COVID-19 podría contribuir de forma más duradera a la lucha contra el cambio climático: ofrece la oportunidad de trazar un rumbo económico más sostenible para salir de la pandemia. Con los gobiernos gastando billones en paquetes de estímulo, no podemos dejar pasar la oportunidad de una recuperación verde.
La inversión pública en la economía circular y en infraestructuras respetuosas con el clima no solo reduciría drásticamente las emisiones, sino que estimularía el crecimiento y crearía nuevos puestos de trabajo. De los 84.000 millones de toneladas de materiales que se consumen en el mundo cada año, solo se reutiliza el 9 %. En Europa, una vía de desarrollo basada en la economía circular podría reducir a la mitad las emisiones de CO2 para 2030 y, al mismo tiempo, aumentar en 3.000 € la renta disponible de cada hogar, según la Fundación Ellen MacArthur.
La UE planea avanzar hacia una economía circular como parte de su Pacto Verde y prevé que esto permitirá a las empresas ahorrar 600.000 millones de euros al año y crear 580.000 nuevos puestos de trabajo para 2035. En respuesta a este impulso, el 21 de enero el Foro Económico Mundial puso en marcha la Alianza Mundial para la Electrónica Circular junto con 30 marcas líderes de electrónica, con el fin de crear una economía circular para los residuos electrónicos, cuyo valor asciende al menos a 62.000 millones de dólares. Mientras tanto, combinar la reducción de las subvenciones a los combustibles fósiles —más fácil cuando los precios del petróleo son tan bajos— con mayores ingresos procedentes de un impuesto al carbono podría ayudar a los gobiernos a cubrir los enormes déficits que acumulan durante la recuperación de la COVID-19.
Según Gates, el sector privado debe dar un paso al frente. «Esperamos liderazgo de empresas grandes y exitosas, con la capacidad intelectual para contar con un departamento que analice a fondo estas cuestiones», dijo. Advirtió contra los directivos que se limitan a cumplir formalmente los indicadores: «Las empresas tendrán que distinguir entre intentar dar buena imagen y tener un impacto real».
El 21 de enero, el Foro publicó un informe, Desafío de cero emisiones netas: una oportunidad para las cadenas de suministro, que explica cómo descarbonizar ocho cadenas de suministro —incluidos los sectores alimentario, de la construcción, electrónico y automovilístico— podría reducir a la mitad las emisiones mundiales y aumentar los costes para los consumidores finales apenas unos pocos puntos porcentuales. «La descarbonización de las cadenas de suministro será un factor decisivo para el impacto de la acción climática empresarial. Abordar las emisiones de alcance 3 es fundamental para que las empresas materialicen compromisos creíbles contra el cambio climático», afirmaron Nigel Topping y Gonzalo Muñoz, paladines de alto nivel de la ONU para la acción climática, en el prólogo del informe.
El Foro Económico Mundial está reexaminando la relación entre las ciudades y una vida saludable mediante su iniciativa Ciudades y comunidades saludables, que promueve alianzas urbanas innovadoras. Esto ha dado lugar a una serie de iniciativas mundiales y locales diseñadas para ayudar a los habitantes de las ciudades a prestar más atención a su salud física y mental. También estudia cómo integrar la justicia social y el desarrollo sostenible para construir futuros inclusivos durante la pandemia y después de ella.
Restaurar la naturaleza frenará el calentamiento…
Mientras el mundo aborda las consecuencias sanitarias y económicas de la COVID-19, otras dos crisis ambientales aún más profundas siguen sin freno: el cambio climático y la destrucción acelerada de la naturaleza. Pero, así como estas crisis gemelas agravan mutuamente sus efectos, las medidas para reducir el calentamiento de la atmósfera y la devastación de los ecosistemas se refuerzan entre sí.

El cambio climático y la destrucción de los ecosistemas no son procesos lineales. Cuanto más cálido y menos biodiverso se vuelve nuestro mundo, mayor es el riesgo de cruzar puntos de inflexión sin retorno. Uno de ellos es el deshielo de la tundra ártica, que libera enormes cantidades de metano a la atmósfera, un gas de efecto invernadero al menos 25 veces más potente que el CO2. Otro punto de inflexión es la selva amazónica: enormes extensiones podrían convertirse en sabana si no se toman medidas para detener la deforestación.
Hasta que alcancemos esos puntos de inflexión, tenemos el poder de revertir la pérdida de ecosistemas y mejorar el clima. Una vez superados, perderemos ese control.
La degradación de los ecosistemas es responsable del 23 % de las emisiones mundiales causantes del cambio climático, por lo que es esencial que gobiernos y empresas intensifiquen sus esfuerzos para abordar ambas crisis de forma conjunta. En julio de 2020, el Foro publicó el segundo informe de su serie Nueva economía de la naturaleza, El futuro y la naturaleza de las empresas, que identificó una ambiciosa variedad de transiciones positivas para la naturaleza en tres sistemas: alimentación, uso de la tierra y los océanos; infraestructuras y entorno construido; y energía e industrias extractivas.
Los desafíos de estos tres sistemas son enormes. Según las tendencias actuales de crecimiento de la clase consumidora mundial, la producción de alimentos por sí sola tendría que aumentar entre un 50 % y un 98 % para 2050 respecto a los niveles de 2005. En los entornos urbanos —fundamentales para impulsar el crecimiento económico, aliviar la pobreza y mejorar el nivel de vida—, la población crecerá en 1,5 millones de personas por semana hasta 2030. Por eso, la forma en que diseñemos y construyamos nuestras ciudades será vital para el futuro de todos. Dos iniciativas del Foro, Ciudades con cero emisiones netas de carbono y BiodiverCiudades, buscan aprovechar el potencial de las ciudades como catalizadoras de una vida urbana con bajas emisiones de carbono y favorable a la biodiversidad. Mientras tanto, los efectos negativos de extraer y producir energía y materias primas —en términos de contaminación atmosférica y emisiones de carbono— ascienden a 9 billones de dólares al año, más del 10 % del PIB mundial.
… y crear valor y oportunidades
Las transiciones propuestas para estos tres sistemas requerirían 2,7 billones de dólares al año desde ahora hasta 2030, pero podrían generar cada año oportunidades empresariales por valor de 10 billones de dólares y crear cerca de 400 millones de nuevos puestos de trabajo durante la próxima década. El gobierno tiene un papel clave en la protección de ecosistemas esenciales, el establecimiento de regulaciones adecuadas y la armonización de las subvenciones e incentivos públicos con la restauración de la naturaleza, en lugar de su destrucción. También es fundamental que las personas y las empresas cambien voluntariamente sus hábitos para adoptar un consumo sostenible.
68 %
62.000 millones de dólares
580.000
10 billones de dólares
3.000 €
Una de las principales iniciativas del Foro para apoyar la recuperación de la biodiversidad es la plataforma 1t.org, que respalda los esfuerzos actuales para conservar, restaurar y plantar un billón de árboles para 2030, como parte del Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas 2021-2030. La iniciativa busca elevar las aspiraciones de los sectores público y privado, eliminar los obstáculos al cambio sistémico y conectar a quienes impulsan la reforestación sobre el terreno con los recursos que necesitan.

Según el próximo informe del Foro, Naturaleza y cero emisiones netas, las soluciones climáticas naturales —como la reforestación, la protección de las turberas y los cultivos de cobertura— pueden aportar un tercio de la reducción de emisiones de carbono necesaria para 2030 a fin de seguir la trayectoria del Acuerdo de París. Estas medidas son mucho más baratas que otras formas de eliminación de CO2 y pueden aplicarse de inmediato, sin esperar avances tecnológicos. Además de absorber carbono, generan beneficios adicionales, como proteger la biodiversidad, garantizar el suministro de agua, mejorar la salud del suelo y canalizar recursos hacia las economías en desarrollo mediante créditos de carbono de alta calidad.
Inversión verde
El compromiso del sector privado con la acción climática está cobrando impulso. El número de empresas que se comprometen a alcanzar cero emisiones netas se ha duplicado en el último año. Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra (2013-2020) y actual enviado especial de la ONU para la Acción Climática y las Finanzas, dijo recientemente: «A medida que más empresas se comprometan a alcanzar cero emisiones netas, tendrán que demostrar cada vez más cómo planean cumplir sus objetivos mediante una combinación adecuada de reducciones y compensaciones de emisiones. Esto representa una enorme oportunidad de inversión verde, que puede ayudar a generar grandes flujos de capital privado desde las economías avanzadas hacia las economías en desarrollo y financiar proyectos que van desde soluciones basadas en la naturaleza hasta soluciones tecnológicas como la captura y el almacenamiento de carbono».
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para abordar el cambio climático?
El Foro ha respaldado al Grupo de trabajo para ampliar los mercados voluntarios de carbono, encabezado por Carney. El grupo de trabajo, integrado por especialistas de seis continentes, ha presentado 20 medidas integrales y concretas para desarrollar este mercado de carbono con rapidez y a gran escala. El objetivo general es establecer un conjunto de «principios básicos del carbono» para garantizar que las reducciones y compensaciones cumplan los más altos niveles de integridad ambiental.
Entonces, ¿hacia dónde se inclinará la balanza: hacia una recuperación verde o en sentido contrario? La última serie de películas de Sir David Attenborough, Planeta perfecto, incluye una secuencia filmada en el Amazonas, donde la crecida de las aguas amenaza con destruir un hormiguero. Las hormigas trabajan juntas a toda velocidad para evacuar la colonia y construir con sus propios cuerpos una balsa viviente, que flota río abajo con su reina y su puesta de huevos. Su solución es sumamente precaria, pero refleja nuestra propia situación. La diferencia es que aún tenemos una breve oportunidad para evitar la inundación. Esperemos aprovecharla.
Una recopilación de iniciativas relacionadas con la jornada está disponible para quienes tienen acceso a TopLink, la herramienta en línea del Foro.

Ideas de The Davos Agenda
The Davos Agenda ofreció la oportunidad de poner en marcha varias iniciativas de gran repercusión, debatir cuestiones climáticas al más alto nivel y dar visibilidad a una serie de asuntos urgentes. Estos contribuirán a definir la agenda de la comunidad internacional en los próximos meses y servirán de guía para la Reunión Anual 2021 del Foro en Singapur.
A continuación presentamos una selección de ideas surgidas a lo largo de la semana sobre la necesidad de hacer más sostenible la producción de alimentos, aprovechar la tecnología circular, adoptar las medidas necesarias para alcanzar cero emisiones netas y movilizar la acción antes de la COP26.
Transformar los sistemas alimentarios y el uso de la tierra
Nuestro sistema alimentario actual falla a las personas y destruye el planeta. Dos mil millones de personas no tienen acceso a suficientes alimentos inocuos y nutritivos. Mientras tanto, el sistema alimentario genera el 25 % de las emisiones de gases de efecto invernadero y es el principal impulsor de la degradación del suelo, la deforestación y la pérdida de biodiversidad. Dado que se prevé que la población mundial alcance los 10.000 millones de personas para 2050, es urgente transformar radicalmente nuestros sistemas alimentarios.
Las transformaciones necesarias son tecnológicas, conductuales y normativas. La ciencia y la digitalización de las cadenas de suministro pueden impulsar la transformación tecnológica. Mengniu Group, la mayor empresa láctea de China, ha implantado un sistema digital para analizar la salud de cada vaca y cuánto come, bebe y produce. Esto está reduciendo un 25 % el consumo de agua y alimento de las vacas y disminuyendo considerablemente la huella de carbono de la operación.
Mengniu también impulsa cambios de comportamiento. Sus productos llegan al 90 % de los 1.400 millones de habitantes de China, por lo que se encuentra en una posición única para educar a sus consumidores sobre cómo mejorar la nutrición y reducir los residuos. Actualmente se desperdicia el 30 % de todos los alimentos del mundo, mientras que 270 millones de personas están al borde de la inanición, según el Programa Mundial de Alimentos. También hay que capacitar a los consumidores para que tomen mejores decisiones mediante un etiquetado claro de la huella de carbono de cada producto. Crear este nivel de transparencia en toda la cadena de suministro requerirá legislación y tecnología.
25 %
30 %
270 millones
Transformar los sistemas alimentarios mundiales y el uso de la tierra también implica ayudar a los cientos de millones de pequeños agricultores a adoptar la agricultura regenerativa, fijar carbono y preservar la biodiversidad. Pero es necesario recompensarlos adecuadamente. «Si queremos cambiar los sistemas alimentarios, los agricultores deben salir beneficiados cuando hacen lo correcto», afirmó Geraldine Matchett, codirectora ejecutiva y directora financiera de Royal DSM, Países Bajos. Hoy, el Foro Económico Mundial puso en marcha una iniciativa para crear Centros de Innovación Alimentaria en África, Asia, América del Sur y Europa, con el objetivo de conectar empresas con innovadores locales para abordar los desafíos alimentarios de regiones específicas.
Es posible que tanto los líderes políticos como el público desconozcan que «el cambio climático es, ante todo, un desafío para nuestros sistemas alimentarios sostenibles», afirmó Matchett. Pero esto representa tanto una oportunidad como un riesgo. Según la Corporación Financiera Internacional, la agricultura climáticamente inteligente crea 40 empleos por cada millón de dólares invertido, más que cualquier otro sector. Mientras el mundo afronta las consecuencias de la COVID-19, esto podría ofrecer una vía sostenible e inclusiva para salir de la recesión.
Aprovechar la innovación circular para la recuperación económica
Una transformación hacia una economía circular podría crear 700.000 nuevos empleos para 2040 y generar ahorros de hasta 200.000 millones de dólares al año. Pero los líderes mundiales deben elevar sus ambiciones. Los Países Bajos están a la vanguardia. «Con la COVID, ahora tenemos la oportunidad de reconstruir nuestras economías de forma circular», afirmó la ministra de Medio Ambiente del país, Stientje van Veldhoven. Su país se propone reducir a la mitad el uso de recursos primarios para 2030, con el objetivo de lograr una economía plenamente circular para 2050. El reciclaje es solo una parte: reparar, reducir los residuos y prolongar la vida útil de los productos son aspectos igual de importantes.
La ministra destacó dos elementos fundamentales para el éxito. Primero, la industria debe colaborar entre sectores, y las grandes empresas deben impulsar el cambio a lo largo de todas sus cadenas de suministro. Segundo, los gobiernos deben comprender la importancia crucial de la economía circular para combatir el cambio climático. Deben establecer las regulaciones y los incentivos adecuados. Por ejemplo, este año la UE establecerá la proporción de materiales secundarios que deberá utilizarse en los productos de plástico, una medida que la industria ha acogido con agrado porque crea condiciones equitativas. Los Estados también pueden subvencionar la economía circular para ponerla en marcha. Pero, a la larga, debe sostenerse por sus propios medios económicos. Según Chew Shou Zi, presidente de Xiaomi, el fabricante chino de teléfonos inteligentes, los beneficios a largo plazo en eficiencia compensarán los costos iniciales de inversión. Su empresa, que cuenta con 250 millones de dispositivos conectados, ya ha reducido en un 60 % los envases de plástico de los teléfonos inteligentes que vende en Europa. «No solo estamos ayudando al planeta; esto también es bueno para nuestro negocio», afirmó.
Reconciliarse con la naturaleza es la tarea definitoria del siglo XXI.
Antonio Guterres, secretario general de las Naciones Unidas
Los emprendedores también tienen un papel que desempeñar, al igual que las grandes empresas. En Nigeria, Bilikiss Adebiyi-Abiola cofundó WEcyclers, una empresa social que ayuda a las personas que viven en la pobreza a aumentar sus ingresos mediante la recolección de residuos en bicicleta. Al principio, tuvo que hacer frente a la falta de conciencia e interés en las comunidades pobres, «pero ahora comprenden que pueden empoderarse con los residuos», afirmó Adebiyi-Abiola. Ha creado 200 empleos y 10 empresas franquiciadas, y ha ayudado a mujeres que ganaban menos de un dólar al día a multiplicar sus ingresos por 10 o 20. Los mayores obstáculos fueron la falta de financiación inicial y la ausencia de iniciativas gubernamentales para animar a la gente a reciclar. Sin embargo, las cosas están cambiando. Hoy, Nigeria —la mayor economía de África— se sumó a la Alianza Mundial para la Acción contra el Plástico, con el fin de reducir los residuos plásticos e impulsar el reciclaje.
Construir una economía con cero emisiones netas y positiva para la naturaleza
Según el Informe sobre riesgos mundiales 2021 del Foro Económico Mundial, los cinco principales riesgos para la sociedad humana son todos medioambientales. Si no se detiene el ritmo actual de deforestación, para 2030 solo quedará en pie el 10 % de nuestros bosques. Mientras tanto, estamos perdiendo la capa superficial del suelo 100 veces más rápido de lo que puede regenerarse de forma natural. Sin embargo, más de la mitad de la economía mundial depende de sistemas naturales que funcionen bien. «Reconciliarse con la naturaleza es la tarea definitoria del siglo XXI», afirmó Antonio Guterres, secretario general de las Naciones Unidas. Construir una economía positiva para la naturaleza nunca había sido una tarea tan vital.
África ha experimentado el primer aumento de la pobreza extrema en 20 años, debido a la COVID-19, la pérdida de naturaleza y el cambio climático. Wanjira Mathai, directora para África del Instituto de Recursos Mundiales e hija de la ecologista keniana Wangari Maathai, ganadora del Premio Nobel, tiene un plan de cuatro pasos para revertir esta crisis:
1. Producir nuestros alimentos de manera más eficiente y regenerativa: se desperdicia el 30 % de los alimentos y la población sigue creciendo.
2. Proteger los bosques en pie: «son increíblemente importantes; tenemos que protegerlos como si nuestra vida dependiera de ellos», afirmó.
3. Reducir las emisiones de carbono y los residuos: se utilizan 90 toneladas de materiales al año para satisfacer las necesidades de cada persona, pero solo 9 toneladas se reincorporan a la economía.
4. Restaurar: tenemos que plantar los árboles adecuados en los lugares adecuados. Mathai citó la Gran Muralla Verde, un movimiento liderado por África con la ambiciosa meta de crear una franja de 8.000 km de árboles y plantas a través del Sáhara y el Sahel.
Si para noviembre no formas parte de la solución, habrás decidido conscientemente no alinearte con el objetivo de cero emisiones netas; es una COP de cero emisiones netas.
Mark Carney, enviado especial de las Naciones Unidas para la Acción Climática y las Finanzas
Las empresas mundiales tienen un papel clave en la limpieza de sus operaciones a lo largo de sus cadenas de suministro. La moda, por ejemplo, representa el 10 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y es el segundo sector más contaminante del mundo, según Marco Bizzarri, director ejecutivo de Gucci. Su empresa ha logrado que toda su cadena de suministro tenga una huella de carbono neutra. Gucci ha financiado la protección y restauración de bosques y manglares, y ha ayudado a los agricultores a pasar a la agricultura regenerativa mediante créditos de carbono prepagados e inversiones.
El sector privado debe informar sobre sus avances en sostenibilidad del mismo modo que informa sobre su rentabilidad, afirmó Roberto de Oliveira Marques, director ejecutivo de la marca brasileña de cosméticos Natura & Co. Durante más de 20 años, Natura ha trabajado directamente con más de 30 comunidades para preservar 1,8 millones de acres de selva amazónica, la mitad del tamaño de Holanda. Además de una mayor transparencia empresarial, urge contar con un método estandarizado para seguir y medir la huella medioambiental de cada producto, a fin de que los consumidores puedan tomar decisiones más informadas, afirmó Jim Andrew, director de Sostenibilidad de PepsiCo. Andrew fue uno de varios destacados empresarios que pidieron fijar un precio al carbono. «Eso alineará los incentivos», afirmó. «Si se establece un vínculo que vaya del agricultor al consumidor, ese hilo conductor desatará innovaciones e incentivos económicos», añadió.
Financiar la transición a «cero emisiones netas»
Se necesitan billones de dólares para financiar la transición a cero emisiones netas, sobre todo en sectores difíciles de descarbonizar, como el transporte marítimo, la aviación, el cemento y el acero. Pero, pese a que 127 países se han comprometido a alcanzar cero emisiones netas, el dinero aún no fluye en cantidades suficientes. Mark Carney, enviado especial de la ONU para la Acción Climática y las Finanzas, afirmó que espera que los bancos y los inversores —en especial los grandes fondos de pensiones y los fondos soberanos— asuman compromisos a más tardar en noviembre, cuando se celebrará la COP26 en Glasgow. Al plantear un desafío a todas las empresas, Carney afirmó: «Si para noviembre no formas parte de la solución, habrás decidido conscientemente no alinearte con el objetivo de cero emisiones netas; es una COP de cero emisiones netas».
Durante la reunión, el Foro Económico Mundial puso en marcha su propia iniciativa para descarbonizar los sectores de la industria pesada y el transporte: la Alianza Mission Possible. Esta coalición reúne a más de 400 empresas, junto con sus clientes, proveedores, banqueros, accionistas y reguladores, para definir los medios necesarios para alcanzar cero emisiones netas y las acciones para lograrlo. La alianza se centra en los siete sectores con mayores emisiones de carbono: transporte marítimo, aviación, acero, transporte por camión, productos químicos, cemento y aluminio, que en conjunto representan el 30 % de las emisiones mundiales.
También es «sumamente importante que la comunidad de bancos multilaterales de desarrollo actúe de manera coordinada», afirmó Carney. Los bancos multilaterales de desarrollo pueden ayudar a movilizar flujos muy cuantiosos de financiación combinada hacia las economías emergentes, por lo general financiando las fases iniciales, de mayor riesgo, de nuevos proyectos respetuosos con el clima. Sin embargo, Stephanie von Friedeburg, directora de Operaciones de la Corporación Financiera Internacional, afirmó que «faltan proyectos financiables». La CFI trabaja para agrupar proyectos y reducir sus riesgos de una manera atractiva para los inversores comerciales. En Zambia, por ejemplo, colaboró con el Gobierno para crear un conjunto básico de documentos de licitación para proyectos solares que los operadores fiables pudieran entender.
Estamos atravesando una transición mundial casi sin precedentes. Muchos la llaman la revolución de la sostenibilidad.
Al Gore, vicepresidente de Estados Unidos (1993-2001), presidente y cofundador de Generation Investment Management
«Lo que necesitamos», afirmó Werner Hoyer, presidente del Banco Europeo de Inversiones, «es capital paciente, compromiso a largo plazo y un poco más de valentía del sector público». Los gobiernos deben aportar parte de ese capital paciente, además de ofrecer créditos fiscales y subvenciones a los consumidores, ecologizar sus procesos de contratación y redoblar los esfuerzos para fijar un precio al carbono.
Carney expuso su propio plan de cuatro puntos sobre cómo los gobiernos podrían transformar los mercados y movilizar financiación para alcanzar cero emisiones netas mediante una combinación de precios, regulaciones y compromisos a futuro:
1. Fijación del precio del carbono: Canadá, por ejemplo, ha establecido un precio futuro del carbono que aumentará hasta 170 dólares por tonelada para 2030. «Es increíblemente valioso contar con una trayectoria creíble», porque el mercado suavizará el ajuste y lo adelantará. Para cuando el precio sea alto, el mercado ya se habrá ajustado.
2. Moratoria sobre los automóviles de combustión interna para 2030: esto indicaría a la industria y a los inversores hacia dónde se dirige ese sector. Aunque Europa fuera la primera en hacerlo, tendría repercusiones mundiales. «Los compromisos a futuro marcan la diferencia», afirmó Carney.
3. Comprometerse a comprar tecnologías nuevas de forma anticipada: lo hemos visto con las vacunas contra la COVID-19 y en el sector eléctrico. Los gobiernos que se comprometieron a reducir el costo de la energía solar y eólica hicieron posible que esas tecnologías fueran más competitivas, como ocurrió con el sector de la energía eólica marina del Reino Unido.
4. Invertir en hidrógeno: esto podría ayudar a descarbonizar el transporte marítimo. Los gobiernos podrían asumir compromisos anticipados o exigir mezclas mínimas de combustibles para acelerar esa demanda.
Al Gore, vicepresidente de Estados Unidos (1993-2001), presidente y cofundador de Generation Investment Management, advirtió que la resistencia política a fijar un precio al carbono sigue siendo considerable, sobre todo por la fuerza del lobby del petróleo y el gas. «Está por verse si lograremos reunir la voluntad política para gravar directamente estas emisiones», afirmó, y añadió: «Las regulaciones son más viables». Pese a los obstáculos, Gore se mostró optimista: «Estamos atravesando una transición mundial casi sin precedentes», afirmó, y añadió: «Muchos la llaman la revolución de la sostenibilidad».
Movilizar la acción contra el cambio climático
En los cinco años transcurridos desde el histórico Acuerdo de París sobre la acción climática, hemos visto aumentar las emisiones año tras año y, pese a la COVID-19, el período 2016-2020 va camino de ser el quinquenio más cálido jamás registrado. Actualmente vamos camino de alcanzar un calentamiento de entre 4,1° y 4,5 °C para finales de siglo, afirmó John Kerry, enviado presidencial especial para el clima del Consejo de Seguridad Nacional (NSC), en su intervención en The Davos Agenda. Incluso un calentamiento de 3,5 °C sería catastrófico, a la luz de los desastres asociados al calentamiento actual de 1,2 °C, afirmó. En esta «década decisiva para la acción», el objetivo de la reunión COP26 de Glasgow de noviembre debe ser que «todos los países tengan hojas de ruta e hitos a partir de este año, no objetivos para 2050», afirmó Kerry.
Necesitamos un enfoque ambicioso en Glasgow, sector por sector, en el que proveedores y usuarios de energía se unan para determinar cómo lograr que su sector alcance cero emisiones netas. Es más difícil que lograr que los países alcancen cero emisiones netas.
John Kerry, enviado presidencial especial para el clima del Consejo de Seguridad Nacional
(NSC)
Los objetivos nacionales solo pueden llevarnos a un tercio del camino hacia las cero emisiones netas, afirmó Ben van Beurden, director ejecutivo de Royal Dutch Shell. Los gobiernos pueden abordar la generación de energía, la movilidad personal y los hogares, pero aún quedarían dos tercios de las emisiones que las empresas tendrían que gestionar en colaboración con los gobiernos. «Necesitamos un enfoque ambicioso en Glasgow, sector por sector, en el que proveedores y usuarios de energía se unan para determinar cómo lograr que su sector alcance cero emisiones netas», afirmó, y añadió: «Es más difícil que lograr que los países alcancen cero emisiones netas».
Feike Sybesma, presidente honorario de Royal DSM, instó a todas las empresas a contribuir de tres maneras fundamentales:
1. Comprometerse a reducir sus propias emisiones.
2. Ser transparentes sobre sus emisiones y sobre las consecuencias financieras del cambio climático para sus negocios.
3. Expresar con claridad qué políticas necesitan del Gobierno, como la fijación de un precio al carbono.
Sybesma es una figura destacada de la Alianza de Directores Ejecutivos Líderes por el Clima, que hoy renovó su llamamiento a todos los miembros del Foro para que asuman compromisos de cero emisiones netas, en consonancia con la iniciativa Desafío Cero Emisiones Netas del Foro. Jesper Brodin, otro líder empresarial y director ejecutivo de IKEA, afirmó que las razones para que los directores ejecutivos se sumen eran claras: la conciencia de los clientes y los empleados sobre el cambio climático ha aumentado notablemente, y la sostenibilidad es la nueva forma inteligente y asequible de hacer negocios.
Kerry afirmó que Estados Unidos volvía a adherirse al pacto de París con «humildad y ambición», tras una «ausencia inexcusable» de cuatro años. Felicitó a Europa y a otros países, incluida China, por sus compromisos de alcanzar cero emisiones netas, aunque señaló que China financiaba el 70 % de las centrales de carbón del mundo. En París, se instó a los países desarrollados a aumentar su apoyo a la acción climática en los países en desarrollo hasta alcanzar 100.000 millones de dólares al año para 2020. No ha ocurrido.
«Tendremos que luchar por los miles de millones», afirmó Kerry, pero añadió: «Quizá los billones sean más fáciles de conseguir». Confía en que el sector privado sea «la entidad salvadora» en este ámbito, impulsado por las enormes oportunidades empresariales que ofrece la transformación de la generación mundial de energía, la industria y el transporte. Para 2050 habrá 9.000 millones de usuarios de energía, el mayor mercado que el mundo haya conocido. «Creo que los principios del mercado nos ayudarán a avanzar más rápido de lo que jamás imaginamos», afirmó, y señaló como prueba la rápida expansión de la energía solar y eólica. Al decir a los participantes virtuales del Foro que «hará falta una empresa con espíritu de guerra» para torcer la curva del calentamiento, Kerry concluyó: «Glasgow es la última y mejor oportunidad que tenemos… el mundo tiene grandes expectativas; tenemos que estar a la altura».





