Su armario. Su escritorio. Sus cajones. Sus espacios privados, que nunca verán los invitados ni los colegas. Estas son las áreas donde acumulamos cosas. Y es ahí donde cada uno de nosotros debe empezar, si queremos reducir el impacto del consumo mundial en el planeta.
La ropa, los alimentos y otros objetos que adquirimos deben satisfacer nuestras necesidades y deseos, y reservarse para el futuro. Pero hoy, la forma en que compramos, organizamos y desechamos los artículos es más bien un consumo ciego de una oferta creciente de bienes manufacturados.
Los consumidores toman decisiones de compra en función del valor que atribuyen a los artículos. Algunos pueden reflexionar sobre el origen de lo que compran (y si se fabricó con prácticas justas y sostenibles), y han planificado el tiempo que los conservarán antes de desecharlos. Mientras tanto, los objetos se organizan a la vista o se almacenan en puestos, armarios, refrigeradores y cualquier otro rincón.
Transformar los mercados
El consumo y el mundo
El comportamiento de los consumidores, por supuesto, difiere incluso dentro de un mismo país, especialmente en aquellos que son más desiguales. Existe una gran brecha en los niveles de consumo y posesión dentro de los países, entre regiones y continentes. Esta desigualdad produce más que simples diferencias en el consumo y la distribución de la riqueza. Afecta el acceso a la atención sanitaria, la educación, la nutrición, el empleo y las plataformas financieras y tecnológicas; agrava la pobreza, la exclusión y la violencia.
América Latina es la región más desigual del mundo. Guatemala ha sido calificada como un paraíso de la desigualdad. Para cerrar la brecha, algunos proponen una reforma tributaria para eliminar la fuerte dependencia de los impuestos al consumo, que afectan de manera desproporcionada a las familias de ingresos bajos y medios, y reorientar la política para abordar las lagunas fiscales en distintas industrias.
Para 2030, fecha límite para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, el consumo anual se duplicará hasta 8,2 billones de dólares en China y 6 billones de dólares en India. Hoy, el gasto de consumo representa el 60 % del PIB mundial. En Estados Unidos por sí solo, el consumo asciende a 16 billones de dólares, y las personas están consumiendo de forma menos responsable hoy que hace cinco años.
Estos niveles de consumo asombrosos tienen un gran impacto en el medioambiente y la biodiversidad. El gasto de los consumidores impulsa la extracción natural y la producción, con un impacto en el uso del agua, la energía y la tierra.
En 1990, se utilizaban unas 8,1 toneladas de recursos naturales para satisfacer la necesidad de una persona, mientras que en 2015 se extraían casi 12 toneladas de recursos por persona. Esto afectará nuestra capacidad para alcanzar el ODS 12 – garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles – y los objetivos del Acuerdo de París para reducir las emisiones y limitar el aumento de la temperatura mundial.
Pero aquí está el problema: el consumo y la producción se consideran conceptos lejanos y amplios, que de algún modo no nos atañen. Se les atribuye la responsabilidad del cambio climático. Sin embargo, en realidad somos nosotros quienes consumimos bienes e, incluso en algunos casos, dirigimos empresas productoras. Hemos convertido esto en la era del Antropoceno.
El consumo y nosotros
El consumo no es solo la acción de comprar. Es comprender, reconocer y consentir las prácticas que hay detrás de los productos, ya sea de forma voluntaria o sin mucha reflexión, si es que la hay. Es la acción de utilizar los productos durante toda su vida útil, y la manera en que finalmente los desecha o transforma.
Pero ¿realmente nuestra economía está impulsada por los consumidores? Parece que se nos ofrecen y suministran cada vez más bienes que no necesitamos, pero que se nos incita a desear. Una cantidad exagerada de bienes manufacturados se exhibe ante nosotros, cuya producción está agotando los recursos naturales limitados de la Tierra.
La afirmación de que no habrá alimentos suficientes para la creciente población es especialmente preocupante, ya que 1.300 millones de toneladas de alimentos producidos para consumo humano se pierden o desperdician cada año. Al mismo tiempo, extensas franjas de bosques valiosos son talados para dar paso a la agricultura y producir aún más alimentos.
Entonces, ¿qué podemos hacer nosotros, como consumidores, en lugar de sentirnos impotentes y angustiados? La Dra. Jane Goodall nos da una pista: “Cada uno de nosotros debe hacer su parte para crear un mundo mejor, porque aunque las pequeñas decisiones que tomamos cada día –lo que compramos, lo que comemos, lo que vestimos– puedan parecer insignificantes, el efecto acumulado de miles de millones de personas que toman decisiones éticas sí comenzará a sanar el mundo natural”.
O, simplemente, como David Nabarro lo expresa: “respete la naturaleza y la interconexión de todo lo que importa para la humanidad”.
El consumo y usted
Su armario. Su escritorio. Sus cajones. Sus contenedores. Observe con atención sus espacios. ¿Puede nombrar exactamente qué hay dentro y en qué cantidad? Siga el consejo de Marie Kondo, y saque todo. Conserve lo que le aporte alegría y deshágase de lo que no. Recicle los artículos que no quiere y asegúrese de saber adónde irán y en qué se transformarán.
Observe lo que ha acumulado y escondido. Es claramente insostenible: no solo ropa, sino también una gran cantidad de plástico, cartón y papel en cada habitación. Es ese momento de darse cuenta de que tiene demasiado el que desencadena una reacción de “basta”: ni una bolsa de plástico más puede entrar en el hogar. Pasará mucho tiempo dando un buen uso a todo ese plástico o desechándolo de manera adecuada.
8.300 millones de toneladas de plástico se han producido en los últimos 70 años, y la mitad en los últimos 13 años. Pero con unos pocos pasos pequeños y tangibles, como enfrentar sus abrumadores niveles de consumo y dedicar tiempo a organizar su hogar y oficina, puede marcar la diferencia. Solo necesita compromiso y creatividad para mejorar su estilo de vida y su legado.
Usted es la pieza que falta en el rompecabezas del consumo. Su voz y sus acciones construirán el puente hacia una mayor inclusión, los derechos humanos, la disponibilidad y el acceso a patrones de consumo y producción sostenibles, que se traducen en la conservación del medioambiente y la biodiversidad. Como puede ver, es asunto de todos.







