Por qué las organizaciones deben preocuparse por el cuidado de personas

Florentina Martin, a 99 year-old woman who survived coronavirus disease (COVID-19), is helped by her caregiver Olga Arauz in her home in Pinto, near Madrid, Spain, October 20, 2020. Picture taken October 20, 2020. REUTERS/Sergio Perez - RC20NJ9N3H13
Firms that measure employees' caregiving needs and offer flexible scheduling will see more resilient and engaged staff.Image: REUTERS/Sergio Perez
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  • Habrá escasez mundial en el sector de los cuidados a medida que la población mundial envejezca.

  • Los cuidadores informales o no remunerados, como los miembros de la familia, son el pilar de los cuidados, dado que la profesión está muy mal pagada y poco protegida.

  • Las organizaciones deben interesarse por las necesidades de cuidado de sus empleados.

En todo el mundo, millones de personas asumen cada año el papel de cuidadores familiares, para el que no tienen formación ni preparación formal. A medida que la población mundial envejece y el número de cuidadores remunerados se estanca, un número creciente de adultos compagina, de hecho, el cuidado de familiares mayores con un empleo a tiempo completo y la crianza de los hijos.

Es poco probable que esta tendencia se revierta, ya que la ONU estima que, para 2050, el número de personas mayores de 65 años se habrá duplicado hasta alcanzar los 1.500 millones; una de cada seis personas del mundo estará en este grupo de edad.

El valor económico estimado de los servicios prestados por los cuidadores informales en Estados Unidos ha crecido rápidamente, pasando de 50.000 millones de dólares en 2009 a 470.000 millones de dólares en 2017. Estos cuidadores no solo dedican su tiempo a cuidar a sus seres queridos, sino que a menudo afrontan repercusiones financieras, debidas a los gastos de bolsillo, así como a la reducción de sus ingresos y de sus ahorros para la jubilación.

Las organizaciones y los empleadores necesitan con urgencia replantearse sus políticas en materia de permisos familiares, apoyo al cuidado y flexibilidad laboral

Alyaa AlMulla

Se han documentado avances económicos, sociales y sanitarios al dotar a nuestros gobiernos, lugares de trabajo y sistemas sanitarios de un mejor apoyo para estos cuidadores.

¿A quién le importan los cuidados?

“¿A quién le importan los cuidados?”, un informe reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), explica por qué es probable que nos enfrentemos a una “crisis de los cuidados” en los próximos años. El informe señala que actualmente hay una proporción de 5 cuidadores remunerados por cada 100 personas mayores de 65 años.

Los cuidadores remunerados tienen más del doble de probabilidades de trabajar a tiempo parcial que el trabajador medio, desempeñan empleos caracterizados por salarios bajos y poca seguridad laboral, y el 60 % de los cuidadores remunerados declara estar expuesto a factores de riesgo físico en el trabajo. Estos datos, considerados en conjunto, ayudan a explicar por qué el número de cuidadores remunerados no aumenta.

Los cuidadores informales o no remunerados, incluidos amigos, familiares e incluso vecinos de personas mayores, son el pilar de los cuidados y serán fundamentales para cubrir las inevitables escaseces mundiales en el sector formal de los cuidados. Sin embargo, las políticas gubernamentales y laborales que respaldan este tipo de cuidados informales siguen siendo escasas.

Recientemente, la pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto la necesidad de empoderar mejor a estos cuidadores.

Muchos cuidadores informales tuvieron que asumir más responsabilidades, adaptar y modificar los espacios de vida y dedicar más tiempo a prestar cuidados durante las restricciones de confinamiento.

Aunque algunos aspectos del cuidado pueden resultar increíblemente gratificantes, los cuidadores informales informan de altos índices de deterioro de la salud mental, agotamiento, depresión y desgaste.

¿Cómo podemos cambiar esto? La respuesta reside tanto en el cambio social y cultural como en las políticas gubernamentales y laborales.

El cuidado como habilidad para la vida

Para preparar a las generaciones futuras para ser cuidadoras, debemos desarrollar el cuidado como una habilidad para la vida. Del mismo modo que enseñamos competencias de alfabetización y tecnológicas, debemos integrar mejor las habilidades blandas humanas en los planes de estudio.

Los niños que crecen en hogares donde presencian cuidados multigeneracionales durante su crianza están mejor preparados para convertirse ellos mismos en cuidadores, pero este ejemplo también debe darse de forma más formal.

Dotar a las personas y a las generaciones futuras del conjunto adecuado de competencias emocionales, habilidades y compasión no solo les servirá para afrontar los retos del cuidado, sino que también contribuirá a construir comunidades mucho más resilientes.

En muchas culturas de Asia, Oriente Medio y África, el cuidado de familiares y miembros de la comunidad mayores forma parte desde hace siglos de la cultura. Pero incluso en contextos como estos, hablar abiertamente de los retos del cuidado puede percibirse de forma negativa.

Es importante ofrecer en todo el mundo programas de apoyo culturalmente sensibles y herramientas de empoderamiento que no solo enseñen habilidades de cuidado, sino que también brinden a los propios cuidadores oportunidades para compartir y reflexionar sobre cómo mejorar su propio autocuidado.

Rediseño de los lugares de trabajo

Se han calculado pérdidas de productividad para las empresas estadounidenses relacionadas con el cuidado informal que pueden ascender a 33.600 millones de dólares (en 2004) para los cuidadores con empleo a tiempo completo. Los cuidadores pueden no solo perder horas de trabajo, sino también experimentar niveles de estrés más elevados que los no cuidadores, lo que repercute en su desempeño laboral.

Las organizaciones y los empleadores necesitan con urgencia replantearse sus políticas en materia de permisos familiares, apoyo al cuidado y flexibilidad laboral. El día en que los lugares de trabajo ofrezcan opciones de horario flexibles y ágiles y protejan los empleos de los empleados con políticas antidiscriminatorias, se verán recompensados con empleados más resilientes, productivos y comprometidos.

El primer paso que las organizaciones pueden dar para comprender el apoyo al cuidado es medir y entender las necesidades de cuidado de sus empleados.

La COVID-19 ha impulsado algunas acciones en este ámbito, ya que el auge del teletrabajo ha puesto de manifiesto la necesidad de dotar a los empleados de nuevas formas de equilibrar las responsabilidades domésticas y laborales. Sin embargo, estas medidas deben mantenerse tras la pandemia.

Enfoque multifacético

Para estar preparados para el cambio demográfico mundial hacia una población más envejecida, necesitamos un enfoque multifacético.

Esto no es algo que los gobiernos puedan resolver por sí solos. Debemos aprovechar el poder de la tecnología, dotar a nuestros sistemas sanitarios y anticiparnos. Además, debemos garantizar que las políticas gubernamentales y laborales sean más proactivas, ágiles y flexibles. Esperar simplemente a que llegue otra crisis sanitaria o social mundial no es una opción, ya que solo pondrá de manifiesto la falta de preparación en lo que respecta a esta parte fundamental de nuestra naturaleza humana: dar y recibir cuidados.

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