Aunque es probable que los mercados desarrollados dispongan de los recursos financieros necesarios para alcanzar sus objetivos climáticos a largo plazo, la brecha de financiación sigue siendo amplia en los mercados emergentes.
Para que la transición sea justa, los mercados desarrollados deben ayudar a los mercados emergentes a encontrar la financiación que necesitan; es aquí donde los inversores privados pueden tener un enorme impacto.
Para movilizar la inversión privada necesaria, hace falta una mayor colaboración entre el gobierno y el sector privado.
Aunque el cambio climático no respeta fronteras, sus efectos se sentirán con mucha más fuerza en los mercados más pobres del mundo en desarrollo.
El mundo está tomando conciencia de que hay que actuar para reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles y avanzar hacia las cero emisiones netas de carbono, pero debemos llevar a cabo la transición de manera que nadie se quede atrás.
La gran pregunta es cómo conseguir el dinero para alcanzar las cero emisiones netas. Los gobiernos están estudiando formas de incorporar más fuentes de energía renovable, crear redes de transporte más limpias y mejorar la eficiencia energética de los edificios.
Aunque es probable que los mercados desarrollados dispongan de los recursos financieros necesarios para alcanzar sus objetivos climáticos a largo plazo, la brecha de financiación sigue siendo amplia en los mercados emergentes. Según nuestro último informe, «Just in Time», los mercados emergentes necesitan casi 95 billones de dólares para llevar a cabo la transición.
Conseguir la financiación no será fácil. El aumento de los impuestos y del endeudamiento en los mercados emergentes podría agravar la presión sobre algunas de las comunidades más desfavorecidas. El consumo de los hogares de los mercados emergentes sería, en promedio, un 5 % menor al año, lo que haría que esos hogares fueran unos 2 billones de dólares más pobres cada año entre ahora y 2060. Eso sencillamente no funcionará.
Lo que necesitamos es una transición justa: una transición que permita a los mercados emergentes alcanzar las cero emisiones netas sin sacrificar el crecimiento y la prosperidad. Mientras su crecimiento siga dependiendo en gran medida de actividades intensivas en carbono, es probable que las emisiones de muchos de estos mercados continúen aumentando. Cuanto antes podamos canalizar hacia ellos la financiación climática y promover un crecimiento más sostenible, más rápido podrán alcanzar las cero emisiones netas.
Conseguir financiación para una «transición justa»
Para que la transición sea justa, los mercados desarrollados deben ayudar a los mercados emergentes a encontrar la financiación que necesitan. Es aquí donde los inversores privados pueden tener un enorme impacto.
De los 94,8 billones de dólares necesarios, se estima que hay una oportunidad de inversión de 83 billones de dólares para los inversores privados. Sin embargo, como muestra nuestro informe de 2020, «The $50 Trillion Question», fomentar la inversión en los mercados emergentes puede resultar difícil.
Las 300 principales firmas de inversión del mundo, con más de 50 billones de dólares en activos bajo gestión en total, tienen apenas el 2 %, el 3 % y el 5 % de sus inversiones en Oriente Medio, África y Sudamérica, respectivamente.
Fomentar una mayor inversión privada podría ayudar a los mercados emergentes a realizar la transición y, al mismo tiempo, impulsar el crecimiento. Si los inversores ayudan a financiar una transición justa, el consumo de los hogares en los mercados emergentes podría ser, en promedio, hasta un 4,5 % mayor cada año entre ahora y 2060, mientras que el PIB de esos mercados sería, en promedio, un 3,1 % mayor cada año durante el mismo período.
Conseguir esta inversión es crucial, porque lo que está en juego no podría ser más importante. Si los mercados emergentes no reciben ayuda para realizar la transición a las cero emisiones netas, o bien no harán la transición en absoluto, lo que significa que no se alcanzarán los objetivos del Acuerdo de París, o bien la harán, pero con un impacto devastador para sus economías. Negar a estos mercados el mismo desarrollo que las naciones más ricas han disfrutado durante dos siglos, impulsado por el carbono, sería injusto y podría agravar la desigualdad mundial y la agitación social.
Colaboración público-privada
Para movilizar la inversión privada necesaria, hace falta una mayor colaboración entre el gobierno y el sector privado. El sector público tendrá que utilizar sus propios fondos para incentivar la inversión privada. La financiación combinada, por ejemplo, puede atraer inversión del sector privado al reducir el riesgo, ya que los fondos públicos se utilizan para subvencionar el coste del capital o mitigar posibles pérdidas.
Mientras tanto, los bancos y otras instituciones financieras deben dar un paso al frente y liderar con productos de financiación innovadores para las inversiones en mercados emergentes. Los proyectos con bajas emisiones de carbono en estos mercados ofrecen grandes oportunidades tanto por su impacto como por sus posibles rendimientos, lo que ayudaría a atraer el capital necesario. Según revela la investigación de «The $50 Trillion Question», investigación, el 88 % de los inversores afirmó que, entre 2017 y 2020, las inversiones en mercados emergentes igualaron o superaron el rendimiento de las inversiones en mercados desarrollados.
Más importante aún, los bancos deben cumplir los compromisos adquiridos durante la COP26 si los mercados emergentes van a realizar la transición a las cero emisiones netas. Por ejemplo, la Glasgow Financial Alliance for Net Zero, de la que somos miembros clave, deberá aprovechar plenamente la influencia de los 130 billones de dólares en activos que representa para alcanzar nuestros objetivos climáticos comunes.
En resumen, la financiación necesaria es considerable y alcanzar las cero emisiones netas no será tarea fácil. Sin embargo, pese a la montaña que tenemos que escalar, debemos mantener el optimismo sobre nuestra capacidad para lograr una transición justa.
Todos tendremos que actuar con mucha más urgencia y trabajar sin descanso para resolver juntos las cuestiones difíciles. Y, teniendo en cuenta lo que está en juego, ¿por qué no lo haríamos?





