La tecnología de captura y almacenamiento de carbono (CCS, por sus siglas en inglés) se ha consolidado como una herramienta sólida e innovadora para reducir las emisiones de carbono y avanzar hacia los objetivos de cero emisiones netas.
El mercado de CCS está experimentando un crecimiento acelerado, como demuestra la tasa de crecimiento anual compuesta prevista de 6,2 % entre 2023 y 2030.
Las asociaciones público-privadas serán la clave para desbloquear la captura de carbono.
Ante el desafío inmediato y grave que plantea el cambio climático, la tecnología de captura y almacenamiento de carbono (CCS) se ha consolidado como una herramienta sólida e innovadora para reducir las emisiones de carbono y avanzar hacia los objetivos de cero emisiones netas. De cara al futuro, la comunidad energética mundial debe trabajar unida para maximizar el uso y la eficiencia de la CCS y garantizar que su potencial climático no se desaproveche.
En términos sencillos, la CCS consiste en capturar el carbono procedente de procesos industriales y de exploración y producción, transportarlo e inyectarlo en formaciones geológicas subterráneas para evitar que contamine la atmósfera y contribuya al efecto invernadero. De forma similar, la captura, utilización y almacenamiento de carbono (CCUS) sigue los mismos dos primeros pasos que la CCS, pero, en lugar de secuestrar el carbono bajo tierra, este se transforma en bienes industriales que pueden emplearse en otros procesos industriales o convertirse en biocombustible y plásticos reutilizables.
Valorado en 3.280 millones de dólares en 2022, el mercado de CCS está experimentando un crecimiento acelerado, como demuestra la tasa de crecimiento anual compuesta prevista de 6,2 % entre 2023 y 2030. El auge de la CCS también se refleja en la rápida proliferación de iniciativas de captura y secuestro de carbono en todo el mundo. Se prevé que el número de proyectos de CCS propuestos o en desarrollo alcance más de 300 millones de toneladas al año para 2030 (Btpa) (AIE, 2023).

A medida que la comunidad mundial busca reducir el impacto de los sectores de difícil descarbonización y satisfacer la creciente demanda de proyectos de descarbonización, la industria de captura y almacenamiento de carbono no muestra signos de desaceleración. La mayoría de los expertos en energía consideran que esta tecnología es una parte integral de los sistemas energéticos del futuro. Una reciente investigación de BloombergNEF sugiere que podrían desplegarse 1,5-15,5 gigatoneladas de CO2 (GtCO2) adicionales de capacidad de eliminación entre 2030 y 2050 para evitar que el calentamiento global supere los 1,5 °C. Asimismo, a nivel mundial, los científicos prevén que será necesario eliminar hasta 10 GtCO2 de la atmósfera cada año para 2050, con una capacidad de eliminación que aumentará hasta 20 GtCO2 anuales en 2100 para cumplir los objetivos requeridos.
Gran parte del optimismo en torno a la industria de la CCS procede del éxito de los proyectos existentes, y las empresas energéticas y los gobiernos de todo el mundo esperan reproducir los resultados de descarbonización logrados en otros lugares. El proyecto Petra Nova, en Estados Unidos, es un ejemplo destacado. Ha logrado capturar más de 1,6 millones de toneladas de CO2 al año de una central eléctrica de 240 megavatios en Texas. Mientras tanto, en Canadá, el proyecto Boundary Dam CCS en Saskatchewan ha establecido un nuevo estándar como una de las primeras centrales eléctricas de carbón a gran escala del mundo con capacidades integradas de CCS.
En Noruega, el proyecto Northern Lights, una alianza tripartita formada por Equinor, Shell y Total, demuestra la experiencia noruega en el transporte y almacenamiento de CO2 procedente de diversas fuentes industriales en Europa.
La innovación continua constituye una dimensión clave de la industria de la CCS, ya que las nuevas soluciones y los métodos modernos pueden mejorar notablemente la capacidad y la flexibilidad de los proyectos de CCS. Esto se observa en todo el planeta, como en el Reino Unido, donde la iniciativa H21 North of England ha sentado las bases para transformar la red de gas en una red de hidrógeno y vincularla con la CCS para lograr reducciones significativas de emisiones.
Oriente Medio es un actor clave en la captura de carbono
Una parte importante de la innovación y el progreso en torno a la CCS surge ahora del Golfo. El Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) representa más de una décima parte de la producción mundial de gas y casi una cuarta parte del petróleo mundial. Aunque la región no es un gran emisor en términos absolutos, las emisiones de dióxido de carbono per cápita siguen siendo muy elevadas. Con el objetivo de lograr una transición responsable, la región está evolucionando para convertirse en líder climático y hacer de la CCS una parte fundamental de su estrategia.
Por ejemplo, a principios de 2023, la Compañía Nacional de Petróleo de Abu Dabi (ADNOC) puso en marcha el primer proyecto de captura y almacenamiento de carbono del mundo en un depósito salino subterráneo. Aprovechando la tecnología de captura de carbono y mineralización (CCM), galardonada con el premio Earthshot, de 44.01, la iniciativa transformará el carbono en formaciones rocosas en Fujairah, garantizando así un almacenamiento permanente y más sostenible.
Las iniciativas de CCUS en Arabia Saudí, Catar y los EAU contribuyen aproximadamente un 10 % de la captura mundial de dióxido de carbono, equivalente a 40 millones de toneladas. De cara al futuro, es poco probable que cambie esta posición de liderazgo, sobre todo porque ADNOC por sí sola aspira a secuestrar cinco millones de toneladas para 2030 y, para 2035, Catar pretende almacenar más de 11 millones de toneladas de CO2 al año, mientras que Arabia Saudí se esfuerza por alcanzar un ambicioso objetivo de 44 millones de toneladas.
Se ha demostrado que la captura de carbono marca la diferencia
Hacer un uso generalizado de la captura de carbono contribuirá sin duda a combatir el cambio climático. Un estudio reciente del Centro de Soluciones Climáticas y Energéticas concluyó que la captura de carbono, si se ejecuta de manera eficaz, podría reducir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero un 14 % para 2050. Combinada con otras medidas de reducción de carbono, la captura de carbono es una de las piezas más cruciales para mitigar el cambio climático. De hecho, un reciente informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) afirma que las tecnologías de captura de carbono son «ineludibles» en los planes de reducción de emisiones a nivel mundial.
Aunque es prometedora, la CCUS todavía debe avanzar considerablemente. En todo el mundo, solo se capturó 0,1 % del dióxido de carbono en 2022. Además, el mercado de captura de carbono aún tiene un largo camino por recorrer. Un informe de McKinsey concluye que la adopción mundial de tecnologías de captura de carbono debe multiplicarse por 120 con respecto a los niveles actuales para 2050 con el fin de alcanzar los objetivos de cero emisiones netas.
Esto plantea la cuestión fundamental de qué se necesita para liberar todo el potencial de la captura de carbono. Parte de la respuesta reside en las realidades prácticas de la captura de carbono: las tecnologías emergentes están ofreciendo resultados positivos, pero su implementación generalizada encuentra obstáculos para su uso convencional. Otro informe de McKinsey menciona varias razones que podrían explicar esta situación: la falta de fuentes de ingresos consolidadas, lo que dificulta los modelos de negocio; los proyectos son grandes y no están probados; el temor a una percepción pública de «lavado verde»; y un panorama normativo desigual e incierto.
La captura de carbono requiere colaboración público-privada
Se necesita un diálogo sincero y productivo entre los sectores público y privado para abordar las cuestiones del clima y la gestión del carbono, y trazar una vía eficaz y práctica hacia el futuro. Los sectores de difícil descarbonización tienen un papel fundamental que desempeñar. Los grandes eventos del sector, como la plataforma energética internacional ADIPEC, celebrada recientemente en Abu Dabi, pueden desempeñar una función decisiva en este ámbito, al reunir a partes interesadas de todo el sector energético y a actores clave vinculados a los sectores de difícil descarbonización. Si queremos generar un diálogo más sólido en torno a tecnologías críticas, como la captura de carbono, debemos garantizar una diversidad de voces en la mesa, incluidos el sector energético, los facilitadores tecnológicos, las finanzas climáticas y los actores gubernamentales.
Del mismo modo, la CCUS debe ser un tema central de debate en la COP28, donde los actores de los sectores público y privado se unirán para afrontar los profundos desafíos climáticos. Se trata de una oportunidad clara para que líderes energéticos como los del Golfo añadan otro logro a su liderazgo climático, mediante la creación de un ecosistema integral para la gestión del carbono.
La oportunidad que ofrece la captura de carbono es enorme, ya que Exxon calcula que el mercado alcanzará un valor de 4 billones de dólares para 2050. Las asociaciones público-privadas serán la clave para desbloquear la captura de carbono. Es responsabilidad de los sectores público y privado encontrar más oportunidades para mantener diálogos abiertos y orientados a la acción. Así, podremos liberar realmente el potencial de la captura de carbono e inaugurar una nueva era en la reducción de emisiones a nivel mundial.





