¿Cuál es la diferencia entre el capitalismo de los grupos de interés, el capitalismo de los accionistas y el capitalismo de Estado?

Stakeholder capitalism considers the long-term effects to people and planet.
Stakeholder capitalism considers the long-term effects to people and planet.Image: Unsplash
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En la actualidad, el mundo conoce dos sistemas económicos predominantes y competidores: el capitalismo de los accionistas, que domina en muchas economías occidentales, y el capitalismo de Estado, que es prominente en numerosos mercados emergentes.

Ambos sistemas han propiciado un enorme progreso económico en las últimas décadas. Nos han dejado un mundo más próspero que nunca. Pero ambos han provocado, en igual medida, importantes efectos negativos sociales, económicos y medioambientales. Han generado una creciente desigualdad de ingresos, riqueza y oportunidades; un aumento de las tensiones entre quienes tienen y quienes no tienen; y, sobre todo, una degradación masiva del medio ambiente.

Dadas las deficiencias de ambos sistemas, creemos que necesitamos un sistema global nuevo y mejor: el capitalismo de los grupos de interés. En este sistema, se tienen en cuenta los intereses de todas las partes interesadas en la economía y la sociedad, las empresas optimizan algo más que los beneficios a corto plazo, y los gobiernos son los garantes de la igualdad de oportunidades, de unas condiciones de competencia equitativas y de una contribución y distribución justas para todas las partes interesadas, en lo que respecta a la sostenibilidad e inclusividad del sistema.

Pero ¿cómo podemos lograrlo? ¿Cómo se traduce en la práctica? ¿Y dónde se equivocaron los dos sistemas actuales? Empecemos por la última pregunta y analicemos con más detenimiento los dos sistemas predominantes de hoy.

Comparación del capitalismo de los accionistas, el de los grupos de interés y el de Estado

Consideremos primero el capitalismo de los accionistas. Es la forma de capitalismo en la que los intereses de un grupo de interés, los accionistas, predominan sobre todos los demás. Las empresas operan con el único propósito de maximizar los beneficios y devolver a los accionistas los dividendos más altos posibles.

Esa es la fuerza que hemos visto en acción en las últimas décadas. Además, a medida que las empresas se volvían cada vez más globales, el poder de los sindicatos se desvaneció y disminuyó la capacidad de los gobiernos nacionales para actuar como árbitros. Esto dio lugar a una situación en la que los accionistas pasaron a ser no solo preeminentes a nivel nacional, sino dominantes a escala mundial, y muchos otros grupos de interés —empleados, comunidades, proveedores, gobiernos y el medio ambiente— salieron perdiendo como consecuencia.

En las últimas décadas surgió otra forma de capitalismo como alternativa: capitalismo de Estado. También es un modelo capitalista, si seguimos la definición según la cual un sistema es capitalista cuando «los agentes privados poseen y controlan la propiedad de acuerdo con sus intereses, y la oferta y la demanda fijan libremente los precios en los mercados de un modo que puede servir a los mejores intereses de la sociedad».

Pese a ello, el Estado se considera el grupo de interés más importante y conserva el poder sobre los accionistas individuales. El gobierno desempeña su papel dominante de al menos tres maneras. En primer lugar, mantiene un control firme sobre la distribución de los recursos y las oportunidades. En segundo lugar, puede intervenir prácticamente en cualquier sector. Y, en tercer lugar, puede dirigir la economía mediante proyectos de infraestructuras a gran escala, investigación y desarrollo, y educación, sanidad o vivienda.

Teóricamente, al menos, resuelve una de las principales deficiencias del capitalismo de los accionistas, ya que existen mecanismos que garantizan que los intereses privados y a corto plazo no se impongan a los intereses sociales más amplios.

Este sistema permitió que Singapur, China, Vietnam y, más recientemente, países como Etiopía construyeran una economía sólida y en crecimiento, al tiempo que mantenían a raya, cuando era necesario, los intereses corporativos privados. De hecho, de no ser por el capitalismo de Estado, es posible que grandes partes del mundo en desarrollo no hubieran experimentado un importante impulso del crecimiento.

Sin embargo, como han argumentado economistas como Branko Milanovic (en su libro Capitalism, Alone), el capitalismo de Estado también tiene defectos fundamentales. Lo más importante es que, dada la hegemonía del Estado, la corrupción es una amenaza constante. El favoritismo puede influir en la adjudicación de contratos, y la aplicación de la ley puede volverse arbitraria, dada la falta de controles y contrapesos. Cuando quienes están en la cúspide del Estado evalúan erróneamente una tendencia económica, los vastos recursos que controlan corren el riesgo de asignarse mal. Esto genera un problema que es casi la imagen especular del que existe en el capitalismo de los accionistas.

Tanto en el capitalismo de los accionistas como en el de Estado, la preponderancia de un grupo de interés sobre los demás es el mayor defecto del sistema. En el capitalismo de los accionistas, los objetivos de los accionistas suelen ser el único centro de atención; en el capitalismo de Estado, el gobierno ejerce demasiado poder. Por ello, abogamos por un tercer sistema, que puede definirse como capitalismo de los grupos de interés. Entonces, ¿qué significa esto?

El capitalismo de los grupos de interés, en primer lugar, también es una forma de capitalismo: los particulares y las empresas privadas constituyen la mayor parte de la economía. Creemos que esto es un requisito para un sistema económico sostenible: los particulares y las empresas privadas deben poder innovar y competir libremente, ya que ello libera la energía creativa y la ética de trabajo de la mayoría de las personas de la sociedad.

Las actividades económicas de dichos agentes privados también deben protegerse y orientarse, para garantizar que la dirección general del desarrollo económico beneficie a la sociedad y que ningún agente pueda aprovecharse del esfuerzo de los demás. Este es el tipo de capitalismo que deberíamos respaldar.

Pero el capitalismo de los grupos de interés se diferencia fundamentalmente de las demás formas de capitalismo que hemos analizado, de un modo que supera gran parte de sus deficiencias. En primer lugar, todos los que tienen un interés en la economía pueden influir en la toma de decisiones, y las métricas que se optimizan en las actividades económicas integran intereses sociales más amplios.

Además, existe un sistema de controles y contrapesos, de modo que ningún grupo de interés puede convertirse en un agente excesivamente dominante ni seguir siéndolo. Tanto el gobierno como las empresas, los principales actores de cualquier sistema capitalista, optimizan así un objetivo más amplio que el de los beneficios: la salud y el bienestar de las sociedades en su conjunto, así como los del planeta y de las generaciones futuras. Esta interdependencia puede observarse en la figura 1.

Esto convierte al capitalismo de los grupos de interés en el sistema económico preferible y en el que deberíamos implantar en el futuro. Si desea conocerlo mejor, le invitamos a leer nuestro libro «Stakeholder Capitalism» (Wiley, enero de 2021).

Este texto está adaptado de «Stakeholder Capitalism: A Global Economy that Works for Progress, People and Planet», de Klaus Schwab con Peter Vanham.

El libro está disponible en librerías de todo el mundo, incluidas Barnes & Noble (EE. UU.), Waterstones (Reino Unido), Thalia (Alemania), Fnac (Francia), Kinokuniya (Singapur), las librerías independientes de Bookshop.org, y las tiendas de libros electrónicos de Amazon y Kindle en las Américas, Europa y Asia.

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