La creación de valor a largo plazo exige conciliar los intereses económicos, sociales, políticos y ecológicos.
Para ello se requiere acción colectiva a través de alianzas público-privadas, financiación combinada y coaliciones regionales.
La Reunión Anual 2026 del Foro Económico Mundial en Davos pretende facilitarlo bajo el lema «Un espíritu de diálogo».
Diez años después de que 195 partes firmaran el Acuerdo de París, la brecha entre lo necesario y lo políticamente posible parece más amplia que nunca.
La conferencia climática COP30 en Belém reflejó este dilema: Brasil mostró determinación, pero las negociaciones se vieron limitadas por las preocupaciones de algunos países cuyas economías siguen estrechamente vinculadas a los combustibles fósiles.
Pese a estas divisiones, los países acordaron aumentar la financiación para la adaptación climática y pusieron en marcha una nueva iniciativa de protección forestal, pero no está claro si esto dará lugar a un cambio real. Y en las reuniones del G20 que siguieron, pese al acuerdo sobre objetivos económicos, sociales y ambientales y a la necesidad de reformas, las medidas siguieron siendo imprecisas.
Los desafíos a largo plazo requieren acción colectiva, pero los foros globales tienen dificultades para lograr un compromiso colectivo. Los compromisos imprecisos dan lugar a pocas medidas.
La sostenibilidad es más que la protección del medio ambiente, por lo que esta fragmentación tiene consecuencias que van mucho más allá de la diplomacia: las empresas dependen de la estabilidad geopolítica, de normas compartidas y de la previsibilidad.
Cuando la colaboración internacional se debilita, las cadenas de valor se vuelven vulnerables, los horizontes de inversión se acortan y las sociedades cuestionan los beneficios de la globalización. La creciente desigualdad está frenando la movilidad social y generando una sensación de exclusión. Cuando las personas sienten que están excluidas de las oportunidades, la confianza se erosiona y el populismo, la polarización y la política de la posverdad pueden arraigar.
Estos complejos desafíos se ven agravados por modelos geoeconómicos que dan prioridad a las ganancias a corto plazo frente a la creación de valor a largo plazo. El reto consiste en conciliar los intereses económicos, sociales, políticos y ecológicos. ¿Pero cómo?
¿Cómo podemos conciliar los intereses ecológicos con la política y la economía?
Las soluciones deben basarse en modelos de negocio viables. Esto exige ampliar nuestra comprensión del valor para incluir el capital natural, social y humano. La economía depende de los tres, pero a menudo los tratamos como recursos gratuitos.
Un marco unificado y sencillo para medir estas distintas formas de capital, utilizable por responsables políticos y directores ejecutivos, permitiría tomar mejores decisiones a largo plazo.
Pero los marcos solo funcionan si los gobiernos los hacen cumplir. Los mercados requieren transparencia de la información y condiciones de competencia equitativas. Iniciativas como la nueva arquitectura de la UE para la presentación de informes de sostenibilidad corporativa pueden ayudar a implantar normas más estrictas de diligencia debida en la cadena de suministro, pero estos avances son frágiles.
La innovación también debe ser la fuerza impulsora de la sostenibilidad. En la construcción, el cemento y el hormigón bajos en carbono están reduciendo la intensidad de CO₂ a gran escala, lo que demuestra que la descarbonización puede integrarse en la cadena de suministro mediante la ingeniería. El sector de bienes de consumo está poniendo a prueba modelos de negocio circulares que desvinculan la prosperidad de los residuos.
Los gobiernos y los reguladores deberían crear instrumentos de política inteligentes —beneficios fiscales, tipos de financiación preferentes, ventajas en las contrataciones públicas— que incentiven a las empresas a alcanzar un desempeño medible en sostenibilidad en el ámbito del capital natural, social y humano.
Muchas empresas tienen grandes ideas en materia de tecnología limpia, protección ambiental y prácticas laborales justas, pero compiten en sistemas que todavía favorecen los rendimientos a corto plazo. Las normas de información transparentes y una regulación que alinee los incentivos con la creación de valor a largo plazo pueden cambiar esta dinámica.
La colaboración es fundamental para el crecimiento sostenible
Ningún actor puede abordar por sí solo el desafío climático. Los activos más críticos —los sistemas hídricos, los corredores de biodiversidad y las infraestructuras resilientes— no pueden ser proporcionados únicamente por los gobiernos, ni simplemente comercializados por las empresas. Las alianzas público-privadas, la financiación combinada y las coaliciones regionales pueden acelerar las innovaciones que impulsan el crecimiento sostenible.
Algunos países ya están demostrando lo que es posible. Dinamarca ha reducido su dependencia de los combustibles fósiles y, al mismo tiempo, ha reforzado su seguridad energética. China ha demostrado con qué rapidez un país puede escalar la movilidad eléctrica cuando la política y la industria avanzan en la misma dirección y los incentivos se alinean con la capacidad industrial.
En Estados Unidos, estados como Texas lideran ahora la generación solar, impulsados por oportunidades empresariales atractivas e incentivos fiscales. Observamos avances similares entre las coaliciones empresariales. La Alianza de Directores Ejecutivos por la Naturaleza trabaja para demostrar cómo invertir en árboles y en el océano puede crear una nueva clase de activos y aportar prosperidad tanto para las personas como para el planeta.
En la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos tendremos otra oportunidad de encontrar puntos en común, basados en el sentido común y no en la ideología.
Mediante «Un espíritu de diálogo», el lema del evento, podemos volver a fortalecer la colaboración mundial y apoyar el crecimiento sostenible, partiendo de la premisa de que crear valor a largo plazo debe incorporar el capital humano, social y natural.
Hoffmann es copresidente interino del Foro Económico Mundial
