El mayor desafío para alcanzar nuestros objetivos climáticos es encontrar la financiación necesaria.
Los países en desarrollo quieren sumarse a la lucha contra el cambio climático y necesitan apoyo financiero para tener éxito.
Existe una amplia gama de posibilidades únicas para superar los desafíos financieros de nuestra lucha contra el cambio climático.
Un mensaje rotundo de la COP27 en Sharm el-Sheikh es que nuestra comunidad mundial debe pasar urgentemente de «hablar por hablar» a «predicar con el ejemplo» en materia de financiación climática.
El mayor obstáculo es el dinero. Las crisis climática y de biodiversidad se ciernen sobre nosotros, pero, lamentablemente, también lo hace la brecha de financiación mundial. Las estimaciones del costo de la adaptación al cambio climático de los países de mercados emergentes oscilan entre 140.000 y 300.000 millones de dólares al año para 2030. Por no hablar de los costos de la transición energética y las medidas de mitigación, además del resto de la agenda de desarrollo de un país.
La financiación es fundamental para combatir las crisis gemelas del cambio climático y la pérdida de biodiversidad.
Entonces, ¿de dónde saldrá este dinero? El acceso a subvenciones y financiación concesional de bajo costo es limitado. Con el aumento de las tasas de interés en las economías avanzadas y el consiguiente entorno de «aversión al riesgo» en los mercados internacionales de capital, los países de mercados emergentes que antes tenían acceso al mercado lo han perdido en su mayoría. Las cargas de la deuda —que incluyen pagos del servicio de la deuda oficial aplazados durante la pandemia— son cada vez más difíciles de refinanciar, y las prácticas de reestructuración de la deuda soberana son engorrosas y requieren mucho tiempo.
Financiación climática: se necesitan soluciones únicas para impulsar el cambio
Para resolver estos dos desafíos financieros —la financiación climática y la deuda soberana—, necesitamos encontrar soluciones creativas y escalables. Si no lo hacemos rápidamente, se creará una espiral descendente en la que las crisis de deuda socavarán la capacidad de los países para adaptarse al cambio climático, reducirán su solvencia y dificultarán aún más la financiación de la adaptación y la mitigación. El resultado será que los países se ahoguen, en sentido figurado, en deudas y, literalmente, en la subida del nivel del mar y las inundaciones catastróficas.
The Nature Conservancy apoyó recientemente acuerdos de conversión de deuda para Belice y Barbados, con mejora crediticia a través de la Corporación Financiera de Desarrollo de los Estados Unidos y el Banco Interamericano de Desarrollo. En ambos casos, los países asumieron compromisos de conservación y climáticos para mejorar la gestión y la resiliencia costeras, así como las economías locales, y mejoraron su situación fiscal general.
Este modelo puede abordar los desafíos de la deuda y la financiación climática al vincular explícitamente la emisión y la refinanciación de deuda soberana con el desempeño ambiental de un país. El punto de partida son los propios objetivos ambientales nacionales de cada país.
También hay otros ejemplos recientes que apuntan a modelos escalables. Chile y Uruguay emitieron recientemente los primeros bonos soberanos del mundo vinculados a la sostenibilidad, y ambos tuvieron una demanda superior a la oferta. Estos bonos están directamente vinculados al cumplimiento de los objetivos climáticos nacionales y ofrecen un pago adicional a los inversores si el país no alcanza objetivos clave de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y despliegue de energías renovables. En el caso de Uruguay, el cupón se reduce de forma simétrica si el país supera sus objetivos de desempeño.
¿Cómo está combatiendo el Foro Económico Mundial la crisis climática?
Los países en desarrollo están deseosos de participar en la lucha contra el cambio climático
Muchos otros países en desarrollo están deseosos de considerar indicadores clave de desempeño (KPI) relacionados con el clima y la naturaleza como parte de sus operaciones de emisión y reestructuración de deuda. Consideran que el vínculo con la sostenibilidad ambiental aumenta su atractivo para los mercados de capitales y que los recursos adicionales aceleran la implementación de los objetivos ambientales acordados. Además, los inversores privados han mostrado un interés considerable en invertir en este tipo de acuerdos.
El factor que actualmente limita la ampliación de este enfoque es la capacidad de los organismos públicos para proporcionar la mejora crediticia necesaria y lograr que estas transacciones tengan grado de inversión. Es necesario cerrar esta brecha crítica para movilizar mucha más inversión privada que ayude tanto a financiar de forma asequible los balances de los países en desarrollo como a obtener mejores resultados para el clima y la naturaleza. Esto, a su vez, requerirá un mandato explícito para movilizar capital privado, un aumento de capital —para no reducir la capacidad crediticia actual— y una caja de herramientas más sofisticada.
Los bancos multilaterales de desarrollo (BMD) podrían utilizar sus balances de forma más eficaz y eficiente y emitir instrumentos de garantía adecuados a su propósito para reducir el riesgo en los mercados de crédito soberano. La proporción actual entre inversión pública y privada en la financiación climática ha sido, lamentablemente, de aproximadamente 4:1; es decir, se necesitan más de cuatro dólares de dinero público para movilizar un dólar de dinero privado. Para alcanzar los objetivos de financiación climática, los BMD deben invertir esa proporción.
Las instituciones de Bretton Woods también desempeñan un papel de liderazgo fundamental. A su respaldo están 450 bancos públicos de desarrolloque, en conjunto, invierten unos 2,3 billones de dólares al año y representan el 10 % de la inversión mundial total. El proceso de la Cumbre Finance In Common ofrece un mecanismo para que todos ellos reproduzcan los requisitos de alineación y los objetivos de movilización de capital de los BMD.
La naturaleza lleva años diciéndonos que el planeta está en peligro, y quizá por fin su clamor sea lo bastante fuerte para que quienes vivimos aquí lo escuchemos. La financiación es fundamental para combatir las crisis gemelas del cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Necesitamos una caja de herramientas financieras más sólida que permita vincular la deuda soberana, el clima y la naturaleza, y movilizar financiación privada. Es hora de actuar.
Para obtener más información sobre la reforma de la deuda y la financiación climática, visite Potomac Group LLC aquí.
