El mundo debe invertir ahora para construir una economía verde, resiliente e inclusiva.
Un enfoque de Desarrollo Verde, Resiliente e Inclusivo (GRID) busca reducir la pobreza y lograr una prosperidad compartida con una perspectiva de sostenibilidad a largo plazo.
Así es como se puede invertir para apoyar esta transición.
Al invertir ahora para construir una economía verde, resiliente e inclusiva, los países pueden convertir los desafíos de la COVID-19 y el cambio climático en oportunidades para un futuro más próspero y estable.
La década posterior a la crisis financiera mundial de 2009 se caracterizó por el aumento de las debilidades estructurales en los países en desarrollo, agravadas aún más por la pandemia de COVID-19 y el cambio climático, que empeoraron la pobreza y la desigualdad. Entre estas debilidades figuran la desaceleración de la inversión, la productividad, el empleo y la reducción de la pobreza; el aumento de la deuda; y la aceleración de la destrucción del capital natural. La pandemia ya ha sumido a más de 100 millones de personas en la pobreza extrema y ha agravado la desigualdad. Se prevé que los efectos del cambio climático empujen a otros 130 millones de personas, según las estimaciones, a la pobreza extrema para 2030.
La COVID-19 y el cambio climático han puesto de manifiesto con crudeza la interdependencia entre las personas, el planeta y la economía. Todas las actividades económicas dependen de los servicios ecosistémicos, por lo que el agotamiento de los activos naturales que los generan termina por empeorar el desempeño económico.

Un paquete de recuperación que mantuviera el statu quo y desatendiera estas interconexiones no abordaría adecuadamente los complejos desafíos que enfrenta el mundo ni sus debilidades estructurales, y probablemente daría lugar a una década perdida para el desarrollo. Abordar por separado los desafíos socioeconómicos, el cambio climático y la biodiversidad probablemente sea menos eficaz que responder de forma coordinada a sus efectos interrelacionados. Mantener los patrones de crecimiento actuales no resolvería las debilidades económicas estructurales, erosionaría el capital natural y aumentaría los riesgos que afectan al crecimiento a largo plazo. A medida que se agrava el agotamiento de los bosques, los océanos y otros activos naturales, el costo de la inacción supera cada vez más al de la acción climática, y quienes más salen perjudicados son las personas pobres y vulnerables.
El enfoque GRID

La solución consiste en adoptar un enfoque de Desarrollo Verde, Resiliente e Inclusivo (GRID), que busca reducir la pobreza y lograr una prosperidad compartida con una perspectiva de sostenibilidad a largo plazo. Este enfoque establece una senda de recuperación que mantiene a la vista los objetivos de desarrollo a largo plazo, reconoce las interconexiones entre las personas, el planeta y la economía, y aborda los riesgos de manera integrada. Las investigaciones de la Universidad de Oxford, el Foro Económico Mundial y Observer Research Foundation han demostrado que una recuperación verde no solo beneficia la lucha contra el cambio climático, sino que también ofrece los mejores rendimientos económicos para el gasto público y permite obtener resultados de desarrollo. El enfoque GRID es novedoso en dos aspectos.
En primer lugar, aunque quienes trabajan en el desarrollo llevan mucho tiempo preocupándose por la pobreza, la desigualdad y el cambio climático, el enfoque GRID presta especial atención a las interrelaciones entre estos factores y, por tanto, al carácter intersectorial de las políticas de desarrollo fundamentales. En segundo lugar, lograr el GRID implica abordar de forma simultánea y sistemática la sostenibilidad, la resiliencia y la inclusión. GRID es un enfoque equilibrado, centrado en el desarrollo y la sostenibilidad, y adaptado a las necesidades de cada país y a los objetivos de sus contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC). Esta senda permitirá un crecimiento económico duradero y compartido por toda la población, propiciará una recuperación sólida y dará nuevo impulso a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Recuperación de la COVID-19 con GRID
La pandemia ha golpeado con especial dureza a las economías en desarrollo. La prioridad más urgente es una distribución rápida y equitativa de las vacunas, fundamental para una recuperación en forma de L. El acceso a las vacunas y su distribución plantean desafíos sin precedentes por su escala, rapidez y particularidades, que exigirán una coordinación sólida.
De cara al futuro, trazar una senda hacia el GRID exigirá inversiones urgentes y de gran escala en todas las formas de capital (humano, físico, natural y social) para abordar las debilidades estructurales y promover el crecimiento. Es preciso prestar especial atención al desarrollo del capital humano para reconstruir las competencias y recuperar las pérdidas relacionadas con la pandemia, sobre todo entre los grupos marginados. Aunque la pandemia ha acentuado las dificultades para ofrecer educación a todas las personas, también ha puesto de relieve cómo las tecnologías disruptivas y transformadoras pueden aprovecharse, junto con el aprendizaje presencial tradicional, para ayudar a los servicios educativos a resistir las presiones singulares de este momento.
Las mujeres deben ocupar un lugar central en la agenda GRID como poderosas agentes de cambio. La educación de las niñas, junto con la planificación familiar, la salud sexual y reproductiva y las oportunidades económicas para las mujeres, acelerará las dimensiones verdes, resilientes e inclusivas del desarrollo.
La tecnología y la innovación desempeñarán un papel esencial en la promoción del crecimiento con bajas emisiones de carbono. Los paquetes de recuperación ofrecen la oportunidad de dar prioridad a las inversiones en la infraestructura necesaria para desarrollar y desplegar tecnologías transformadoras.
Una de las conclusiones de Glasgow fue que asegurar financiación verde a gran escala será esencial para la agenda GRID. Sin embargo, a los países desarrollados les resultó difícil conseguir los fondos necesarios para que los países en desarrollo implementaran la transición verde hacia un desarrollo sostenible y equitativo.
Pero quizá haya un resquicio de esperanza. La economía mundial está inundada de ahorros excedentarios estimados en unos 3,9 billones de dólares que generan rendimientos negativos o bajos, y hay 46 billones de dólares en fondos de pensiones que buscan rendimientos razonables. La transición hacia una economía con bajas emisiones de carbono puede ofrecer una oportunidad a los inversores, sobre todo ahora que los rendimientos de las inversiones verdes empiezan a superar los de las inversiones en opciones tecnológicas más convencionales.
Necesidad y urgencia de inversiones y transformaciones sistémicas
Se necesitarán medidas transformadoras en sistemas clave —por ejemplo, energía, agricultura, alimentación, agua, tierras, ciudades, transporte y manufactura— que impulsan la economía y representan más del 90 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin cambios significativos en estos sectores, no será posible mitigar el cambio climático ni lograr un desarrollo sostenido y resiliente. Al corregir las distorsiones económicas, esta transición promoverá una mayor eficiencia económica y reducirá los efectos adversos sobre la productividad y la salud, lo que dará lugar a mejores resultados de desarrollo.
Sin embargo, los beneficios de la transición quizá no se distribuyan de manera equitativa, por lo que se necesitará una serie de políticas sociales y del mercado laboral que aborden sus efectos adversos, protejan a las personas vulnerables y garanticen una transición justa. Por ello, el enfoque GRID respalda la transición hacia una economía con bajas emisiones de carbono, teniendo en cuenta las necesidades energéticas de los países y brindando apoyo específico a las personas más pobres.
Se necesitarán reformas importantes de los sistemas fiscales para movilizar recursos nacionales y financiar la transición. Los impuestos sobre las externalidades son una fuente potencial de ingresos considerable y aún sin explotar, que puede crear incentivos para que el sector privado invierta en actividades más sostenibles. También se puede aumentar la movilización de recursos nacionales haciendo más progresivos los impuestos, aplicando impuestos sobre el patrimonio y eliminando la evasión fiscal. Asimismo, es necesario mejorar la selectividad y la eficiencia del gasto.
Será necesaria una sólida participación del sector privado. La escala de inversión requerida supera con creces las posibilidades del sector público. Se necesitan reformas para eliminar los obstáculos a la inversión privada en los sectores y las tecnologías adecuados. Por tanto, es urgente establecer, a nivel nacional, una sólida alianza y un diálogo entre los sectores público y privado. Además, seguir desarrollando y aplicando regulaciones financieras verdes, como normas de divulgación y taxonomías verdes, puede ayudar a canalizar el creciente interés de los inversores por las inversiones sostenibles, que ofrecen impactos mensurables tanto en el medio ambiente como en la sociedad.
Sin embargo, los esfuerzos nacionales deberán complementarse con flujos de financiación transfronterizos sustanciales y sostenibles. Los bancos multilaterales de desarrollo (BMD) y las instituciones de financiación del desarrollo (IFD) deben centrarse en inversiones catalizadoras y transformadoras en ámbitos prioritarios para crear carteras de proyectos verdes, inclusivos y resilientes que respalden el crecimiento económico y la generación de empleo e ingresos. En este sentido, los BMD pueden ayudar a reducir los riesgos para el capital privado mediante garantías y financiación combinada. Pero, en última instancia, la forma más eficaz de atraer capital privado es aplicar políticas que corrijan las distorsiones que hacen rentable la destrucción del medio ambiente.
El cambio climático es una realidad que está moldeando nuestras vidas ahora mismo, no un espejismo lejano que solo se materializará en el futuro. Desde las naciones insulares del Pacífico, que enfrentan el aumento del nivel del mar, hasta la región del Sahel, que lidia con estaciones secas más prolongadas, el cambio climático está transformando la vida de las personas pobres y vulnerables de todo el mundo. El futuro seguirá siendo sombrío para los grupos vulnerables al cambio climático del mundo a menos que transformemos las políticas y el pensamiento económico, y consigamos la financiación necesaria.
Los países tienen una oportunidad histórica para establecer un rumbo mejor. Pese a los daños causados por la pandemia, la excepcional respuesta a la crisis ofrece una oportunidad única para hacer un «reinicio» que corrija las deficiencias de las políticas anteriores y las persistentes brechas de inversión. Los gastos relacionados con la crisis pueden destinarse a invertir en nuevas oportunidades, como acelerar el desarrollo digital, ampliar la prestación de servicios básicos, mejorar las cadenas de suministro regionales, fortalecer los servicios ecosistémicos y aplicar políticas que impulsen la creación de empleo en sectores en crecimiento. El dinamismo del sector privado y la financiación innovadora deberán impulsar la recuperación y generar crecimiento económico y empleo mediante la inversión y la innovación. Las alianzas público-privadas y las reformas clave de políticas en etapas iniciales pueden estimular la inversión privada (incluida la inversión extranjera directa), apoyar a las empresas viables mediante la reestructuración y permitir que el sistema financiero respalde una recuperación sólida mediante la resolución de los préstamos morosos.
Este ensayo forma parte de una colaboración conjunta con el Grupo de Acción Global del Foro Económico Mundial. Lea a Borge Brende sobre los pasos hacia la cooperación mundial aquí. Lea a Dina Powell McCormick y a Vali Nasr sobre cómo ampliar las alianzas público-privadas aquí





