Los países deben orientar las inversiones hacia una recuperación ecológica y saludable, como protección frente a futuros desastres.
La energía renovable puede revitalizar la economía al crear empleos «verdes», garantizar la seguridad energética y fortalecer la resiliencia.
Europa ha establecido los primeros parámetros de referencia para una recuperación ecológica mundial.
La pandemia de COVID-19 ha tenido un costo devastador en vidas, medios de subsistencia y economías de todo el mundo. Sin embargo, entre las nubes hubo un resquicio de esperanza: nos permitió vislumbrar un mundo mejor, con aire más limpio, cielos azules y menos emisiones, además de reforzar el valor de la salud pública.
Nos encontramos ahora en un momento decisivo, mientras los gobiernos nacionales diseñan paquetes de estímulo para reactivar sus economías. Sencillamente, no podemos permitirnos volver a la «actividad habitual» y seguir persiguiendo un modelo de crecimiento insostenible y con altas emisiones de carbono. En cambio, las medidas mundiales de recuperación deben apuntar a un futuro ecológico, equitativo y resiliente.
Al pulsar el botón de «reinicio», los países deben elegir bien y orientar las inversiones hacia una recuperación ecológica y saludable, que es la mejor protección frente a futuros desastres. La pandemia no ha hecho más que reforzar los argumentos a favor de acelerar la transición a la energía limpia. Al «reconstruir mejor», debemos procurar que la sostenibilidad no quede relegada, sino asegurar que las energías renovables y otras tecnologías limpias ocupen un lugar central en las estrategias de reconstrucción.
Una vía de crecimiento con bajas emisiones de carbono puede estimular la economía y mitigar los riesgos climáticos. La energía renovable puede revitalizar la economía al crear empleos «verdes», garantizar la seguridad energética y fortalecer la resiliencia. Cada millón de dólares invertido en energías renovables o flexibilidad energética podría crear al menos 25 empleos, mientras que cada millón invertido en eficiencia crearía unos 10 empleos. La Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) estima que la transformación de los sistemas energéticos basados en energías renovables podría aumentar el PIB mundial en 98 billones de dólares para 2050 y crear 63 millones de nuevos empleos en todo el mundo en los sectores de las energías renovables y la eficiencia energética. En India, donde se perdieron más de 100 millones de empleos durante el confinamiento, se pueden crear 1,3 millones de empleos a tiempo completo si se alcanzan 160 GW de energía renovable para 2022.
El cambio a las energías renovables puede ayudar a países como India y China a ahorrar fondos esenciales mediante una reducción drástica de sus facturas de importación. Aunque solo la mitad de la electricidad renovable generada se utilizara para sustituir el carbón importado, India podría ahorrar más de 90.000 millones de dólares entre 2021 y 2030. Como fuente importante de emisiones nocivas, el carbón siempre ha estado asociado a consecuencias negativas. El hecho de que las energías renovables sean ahora la alternativa más barata en la mayoría de los países constituye un sólido argumento para reorientar el gasto en importaciones de carbón hacia la aceleración de su adopción. También es esencial reducir las subvenciones a los combustibles fósiles allí donde sigan siendo considerablemente elevadas, sobre todo ahora que los precios del petróleo se desploman.
La pandemia ha puesto en primer plano la necesidad de aire limpio y las consideraciones de salud. En todo el mundo, más de 4 millones de muertes prematuras al año pueden atribuirse a la contaminación atmosférica, mientras que la Organización Mundial de la Salud ha identificado el cambio climático como una causa importante de enfermedades infecciosas y de la propagación de la resistencia a los antimicrobianos, lo que eleva el riesgo de futuras epidemias.
Una recuperación impulsada por las energías renovables puede abordar los dos desafíos de la contaminación atmosférica y el cambio climático al reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y, con ello, la vulnerabilidad a enfermedades potencialmente mortales. Por último, una recuperación basada en las energías renovables contribuirá a un crecimiento más equitativo e inclusivo al mejorar el acceso a la energía. Esto puede mejorar considerablemente el nivel de vida de las comunidades desfavorecidas al garantizarles servicios básicos como atención sanitaria, alimentos y agua.
Tradicionalmente, Europa ha liderado la lucha mundial contra el cambio climático y, como era de esperar, ha vuelto a establecer los primeros parámetros de referencia para una recuperación ecológica mundial. Mientras la administración Trump recorta las protecciones ambientales y China envía señales contradictorias, como demuestran sus recientes inversiones en centrales eléctricas de carbón, la UE ha mostrado una voluntad positiva al reservar el 25 % de su paquete de recuperación de casi 850.000 millones de euros para construir infraestructuras energéticamente eficientes; invertir en energías renovables y otras tecnologías limpias, como baterías, hidrógeno limpio y captura de carbono; promover la movilidad con bajas emisiones de carbono e instalar 1 millón de puntos de recarga para vehículos eléctricos; fomentar el uso sostenible del suelo y preservar la biodiversidad. También está estudiando un impuesto fronterizo pionero sobre las importaciones de otros países con una elevada huella de carbono.
Hay varios ejemplos de países que han anunciado estímulos ecológicos. Por ejemplo, Francia ha condicionado su rescate de 11.000 millones de dólares para Air France a que la aerolínea reduzca a la mitad sus emisiones nacionales para 2024. Dinamarca prevé gastar 4.000 millones de dólares en renovaciones ecológicas de viviendas sociales; y el Reino Unido ha creado un Fondo para el Crecimiento Limpio de 44.000 millones de dólares para investigación y desarrollo de tecnologías ecológicas.
Es importante que otros gobiernos sigan el ejemplo de Europa y adopten una respuesta política y de inversión orientada a una recuperación sostenible y justa. También necesitamos que otros actores den un paso al frente: que las empresas adopten prácticas empresariales sostenibles y limpias, y que los inversores descarbonicen sus carteras y respalden el sector de las energías renovables. La sociedad civil debe apoyar activamente los planes de recuperación ecológica y justa mediante la adopción de estilos de vida sostenibles.
Es evidente que los planes mundiales de recuperación deben alinearse con la visión de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y la Agenda 2030, en aras de un futuro equitativo, saludable y resiliente. Al integrar la transición energética en el plan general de recuperación, los países pueden desarrollar la capacidad tan necesaria para absorber las conmociones causadas por pandemias o perturbaciones similares. Una mayor cooperación entre la comunidad mundial puede contribuir a formular un plan de acción sólido y garantizar financiación suficiente para acelerar la recuperación ecológica mundial. Al reactivar nuestras economías, tenemos la obligación con las generaciones futuras de elegir el camino correcto y optar por un modelo de desarrollo con bajas emisiones de carbono.





