Los beneficios económicos del reasentamiento de personas refugiadas en países que les han permitido trabajar sin restricciones incluyen aumentos tanto de los ingresos medianos como del PIB.
Al desarrollar las habilidades de las poblaciones refugiadas y facilitarles el acceso a oportunidades que las aprovechen, las sociedades obtendrán aún mayores beneficios sociales y económicos.
Para maximizar los beneficios que las personas refugiadas pueden aportar a sus comunidades, los programas de desarrollo profesional deben reconocer y fomentar su talento, aprovechar sus habilidades y tener en cuenta las realidades vividas por las comunidades refugiadas.
Un primer paso fundamental es adoptar un enfoque centrado en la persona, que tenga en cuenta las habilidades, características y experiencias de cada individuo, en lugar de ceñirse estrictamente a criterios de evaluación estandarizados.
Mientras muchas personas dejaron en suspenso sus planes de vida durante la pandemia de COVID-19, una persona aprovechó al máximo cada momento. Mientras trabajaba a tiempo completo como obrero de la construcción, recogía fósiles y se los llevaba a casa para examinarlos después del trabajo. Construyó un telescopio con objetos cotidianos de su cocina y lo usó para observar cometas. También construyó un microscopio para observar detalladamente su entorno y lo conectó a su teléfono para seguir organismos, corrientes eléctricas y el movimiento del agua. A pesar de sus largas jornadas en la construcción, su sed de explorar la naturaleza era insaciable.
Algunos dicen que Abbas* está destinado a ser el próximo Albert Einstein. Al igual que Einstein, Abbas también es una persona refugiada. Él y su familia huyeron de Siria en 2013. Aunque anhelaba terminar sus estudios en Jordania, la situación económica de su familia lo obligó a renunciar a ellos y trabajar a tiempo completo en la construcción. Abbas no abandonó su aspiración de convertirse en científico, pero, a sus 24 años y sin haber terminado la educación secundaria, su realidad se ha convertido en un obstáculo para su sueño.
Los costes y las oportunidades de la experiencia de las personas refugiadas
Cuando las oportunidades para que personas como Abbas desarrollen sus talentos son limitadas, sus comunidades de acogida pierden recursos valiosos. Esto nunca ha sido más cierto que ahora, cuando más del 1 % de la población mundial se encuentra en situación de desplazamiento forzado. Un estudio de 2017 indica que, en Estados Unidos, entre 1990 y 2014, el reasentamiento de personas refugiadas le costó al Gobierno 15 000 dólares por persona. Sin embargo, tras 20 años de residencia en Estados Unidos, estas personas refugiadas habían pagado, en promedio, 21 000 dólares más en impuestos que el coste de su reasentamiento, lo que supuso un beneficio económico neto para el país.
Los beneficios económicos del reasentamiento de personas refugiadas también se observan en países de todo el mundo que les han permitido trabajar sin restricciones, lo que ha resultado en aumentos tanto de los ingresos medianos como del PIB. Al desarrollar las habilidades de las poblaciones refugiadas y facilitarles el acceso a oportunidades que las aprovechen, las sociedades obtendrán aún mayores beneficios sociales y económicos.
Muchas personas refugiadas llegan a nuevos países pensando ya en cómo contribuir positivamente a sus comunidades de acogida. Shah Jahan, por ejemplo, es un ciudadano afgano que fue evacuado a Estados Unidos en agosto de 2021. Shah Jahan, que trabajaba como gerente de recursos humanos, sabía que quería continuar su carrera en ese ámbito en Estados Unidos. Para lograrlo, sabía que tendría que perfeccionar su dominio del inglés y desarrollar un profundo conocimiento de la cultura estadounidense.
Para empezar, Shah Jahan encontró un empleo de nivel inicial como auxiliar de atención al cliente en un supermercado. En su tiempo libre, siguió solicitando empleos, aunque su objetivo inmediato no era encontrar uno nuevo. «Si voy a trabajar en recursos humanos en Estados Unidos, necesito entender el proceso de entrevistas», dice Shah Jahan. «¿Qué mejor manera de aprender que haciendo entrevistas? Trabajo de noche y dedico el resto del tiempo a practicar y a hacer entrevistas».
La historia de Shah Jahan es solo una de las miles de historias de personas refugiadas que trabajan sin descanso para desarrollar habilidades que puedan aportar a sus nuevas comunidades. Sin embargo, para muchas, las realidades que viven siguen siendo un obstáculo para acceder a oportunidades de desarrollo profesional.
Diseño centrado en las personas para crear oportunidades de desarrollo profesional para las personas refugiadas
A los 14 años, Seba* huyó de Siria a Jordania junto con sus padres. Aunque soñaba con convertirse en periodista, su familia la instó a dejar los estudios y casarse. Poco después de dar a luz a dos hijos, Seba se divorció de su marido maltratador y se convirtió en madre soltera.
Seba estaba decidida a completar sus estudios. Estudió por su cuenta y obtuvo el diploma de educación secundaria mientras criaba a sus hijos. Después solicitó una beca internacional para estudiar periodismo en América del Sur. Para su alegría, le concedieron una beca completa. Sin embargo, poco antes de la fecha de viaje, le comunicaron que quienes recibían la beca tenían prohibido viajar con personas a su cargo. Seba no podía dejar atrás a sus hijos. Se vio obligada a renunciar a la beca.
Seba siguió solicitando otras becas que le permitieran cursar una licenciatura. Solicitó la beca EDU-SYRIA, destinada específicamente a personas refugiadas en Jordania, pero, como madre soltera que compaginaba las responsabilidades de crianza a tiempo completo con sus estudios de secundaria, obtuvo una puntuación en los exámenes que quedó a solo tres puntos del mínimo requerido. La beca se otorgó a un estudiante varón que obtuvo tres puntos más que ella y que no tenía obligaciones familiares ni laborales.
Un profesor universitario jordano conoció la historia de Seba y se puso en contacto con la comisión de becas para exigir que se modificaran los criterios del programa a fin de tener en cuenta las realidades de mujeres como Seba. La comisión hizo entonces una excepción a sus políticas y aceptó a Seba en el programa. Sin embargo, miles de otras mujeres refugiadas siguen en desventaja durante el proceso de solicitud.
Hace poco, Seba se graduó de la Universidad de Balqaa como la mejor estudiante de su promoción. Ahora busca trabajo como periodista mientras compagina sus responsabilidades como madre soltera.
Para maximizar los beneficios que las personas refugiadas pueden aportar a sus comunidades, los programas de desarrollo profesional deben reconocer y fomentar su talento, aprovechar sus habilidades y tener en cuenta las realidades vividas por las comunidades refugiadas. Un primer paso fundamental es adoptar un enfoque centrado en la persona, que tenga en cuenta las habilidades, características y experiencias de cada individuo, en lugar de ceñirse estrictamente a criterios de evaluación estandarizados.
En la actualidad, la mayoría de los programas de desarrollo profesional valoran los privilegios (que abarcan desde el acceso a la educación formal hasta la situación jurídica y la composición familiar) por encima del talento. Al reconocer la diversidad de realidades, los programas podrán captar una gama más amplia de talentos y aportar aún mayores beneficios a la sociedad. La experiencia de las comunidades refugiadas demuestra el valor de replantear los procesos de selección de los programas y lo que las sociedades pueden ganar al reformar los criterios de selección restrictivos e inmutables para acceder a oportunidades educativas y de desarrollo profesional que pueden cambiar vidas.
*Para respetar la privacidad de las personas mencionadas y proteger a sus familiares, algunos de los cuales siguen en sus países de origen, en este artículo solo se han utilizado sus nombres de pila.






