La COVID-19 ha golpeado con fuerza a las comunidades negras de Estados Unidos, ya que la tasa de mortalidad de los estadounidenses negros es al menos el doble que la de los estadounidenses blancos.
Las consecuencias económicas de la pandemia también han tenido un efecto desproporcionado en los estadounidenses negros.
Para abordar la desigualdad, McKinsey pide más coaliciones multisectoriales, cuyo éxito depende de cinco factores.
Pese a décadas de esfuerzos por parte de organizaciones de los sectores público, privado y social, la desigualdad racial no ha hecho más que aumentar. ¿Puede un esfuerzo concertado y coordinado revertir esta tendencia?
2020 ha sido un año de pérdidas. En primer lugar, se han perdido vidas en todo el mundo y, en particular, en Estados Unidos. Esas vidas perdidas son desproporcionadamente vidas negras. En 2020 se produjeron los asesinatos de George Floyd, Breonna Taylor y otras muchas personas a manos de la policía, y las muertes de más de 46.000 estadounidenses negros por COVID-19. Según el American Public Media Research Lab, la tasa de mortalidad por el nuevo coronavirus entre los estadounidenses negros es al menos el doble que la de los estadounidenses blancos. La disparidad es profunda: si los estadounidenses negros hubieran muerto por COVID-19 al mismo ritmo que los blancos, más de 22.000 estadounidenses negros seguirían vivos hoy.
La carga económica de la pandemia también ha recaído con más fuerza sobre los trabajadores negros y los propietarios de negocios negros. En octubre, la tasa de desempleo de los estadounidenses negros se situaba en casi un 11 por ciento, frente al 6 por ciento de los estadounidenses blancos.2 La Reserva Federal de Nueva York constató que más del 40 por ciento de los negocios de propiedad negra en Estados Unidos cerraron entre febrero y abril de 2020, frente a alrededor del 17 por ciento de los de propiedad blanca. En esos tres meses, el número de propietarios negros se redujo en una cifra asombrosa de 440.000.3 Es probable que las pérdidas aumenten: en septiembre, casi la mitad de los propietarios negros afirmaron que, sin apoyo federal, solo podrían mantener su negocio durante otros seis meses.
Los acontecimientos de este año son emblemáticos de desigualdades de larga data y tienen su origen en una larga historia de discriminación sistémica. Según la Reserva Federal, la familia estadounidense negra típica tiene ocho veces menos riqueza que una familia blanca. La brecha de riqueza racial tiene consecuencias profundas, tanto para las familias negras como para la economía de Estados Unidos; nuestra investigación anterior reveló que costará a la economía estadounidense entre 1 billón y 1,5 billones de dólares en producción del PIB cada año.
Pese a todo ello, y en parte a causa de todo ello, 2020 también se ha convertido en un momento de oportunidad, un posible punto de inflexión para abordar la desigualdad de forma profunda. Las protestas globales tras el asesinato de George Floyd demostraron la amplia conciencia sobre la desigualdad y la voluntad de hacer algo al respecto. Las empresas del Fortune 1000 han respondido, comprometiendo 66.000 millones de dólares en iniciativas de equidad racial. Pero ¿cómo puede aprovecharse este potencial de una manera que genere un cambio significativo y sistémico?
En McKinsey no tenemos la respuesta a esa pregunta. Pero en los últimos meses hemos hablado con numerosos líderes de organizaciones cuyo objetivo es promover la equidad racial, así como con líderes de organizaciones que abordan problemas similares, que en otro tiempo parecían irresolubles. Nuestra investigación subraya que las organizaciones de equidad racial se enfrentan a muchos de los mismos desafíos que otros grupos y movimientos. También ha dejado claro que la acción colectiva que reúne a actores de los sectores público, privado y social es la vía más prometedora para generar un cambio amplio y duradero en esta compleja cuestión. Este enfoque aprovecharía las experiencias y la experiencia de las organizaciones de equidad racial y de las comunidades negras, y podría potenciar sus considerables fortalezas y capacidades.
En este artículo, explicaremos por qué creemos que ningún sector puede resolver este problema por sí solo. Esbozaremos cinco elementos clave necesarios para que una coalición amplia de entidades de los sectores público, privado y social tenga éxito. Y anunciaremos el lanzamiento del McKinsey Institute for Black Economic Mobility, que tendrá como objetivo acelerar la investigación, reunir a personas y organizaciones, y desarrollar herramientas y activos que puedan ayudar a impulsar la equidad racial y el crecimiento inclusivo para salvaguardar el futuro de la nación y la vida de las personas negras en todo el mundo.
Compromisos por cumplir
El asesinato de George Floyd a manos de la policía atrajo la atención mundial hacia las experiencias de los estadounidenses negros. Personas de más de 60 países y de más de 2.000 ciudades y pueblos de Estados Unidos salieron a las calles para expresar su apoyo al movimiento Black Lives Matter.5 Las organizaciones de los sectores privado y social se apresuraron a responder, y muchas han asumido compromisos para avanzar en la equidad racial. Entre el 25 de mayo y finales de octubre, aproximadamente un tercio de las empresas del Fortune 1000 hizo una declaración pública sobre equidad racial (Exhibit 1). De esas empresas, el 93 por ciento dio seguimiento con un compromiso interno o externo, y el 57 por ciento anunció públicamente el importe que destinaba a iniciativas de equidad racial, comprometiendo un total de 66.000 millones de dólares (Exhibit 2). Más de tres quintas partes de los compromisos financieros externos se extienden explícitamente a lo largo de varios años.
Pero, en medio de todas estas declaraciones, compromisos e iniciativas, nos encontramos reflexionando sobre los acontecimientos y las lecciones de las últimas décadas. Pese a los esfuerzos (y logros) realizados en los sectores público, privado y social, los estadounidenses negros siguen enfrentándose a una desigualdad económica marcada. La brecha de riqueza racial en Estados Unidos no solo ha persistido en las últimas décadas, sino que también ha crecido a una tasa de crecimiento anual compuesto (CAGR) del 3 por ciento entre 2003 y 2018. De hecho, un estudio reciente concluyó que, desde 1950, no ha habido ningún avance hacia la igualdad de ingresos o de riqueza entre los hogares negros y blancos en Estados Unidos.
Las pruebas sugieren que, si bien los sectores público, privado y social han realizado esfuerzos significativos para combatir la desigualdad racial, las disparidades raciales se producen, refuerzan y amplifican en todos los sectores. Los estadounidenses negros se enfrentan a desventajas sistémicas en el sector privado, y las soluciones orientadas al mercado no satisfacen plenamente las necesidades ni se ajustan a las realidades de los estadounidenses negros. De igual modo, aunque la reforma de las políticas puede tener un impacto notable, las intervenciones gubernamentales por sí solas no pueden abordar las desigualdades raciales, especialmente porque las herramientas y soluciones del sector público no están igualmente disponibles para los estadounidenses negros. Las organizaciones de la sociedad civil no pueden salvar estas brechas por sí solas. En resumen, las soluciones de un solo sector no pueden abordar plenamente las barreras para el progreso de la población negra.
Décadas de fracasos y deficiencias han contribuido a una desconfianza generalizada hacia estos esfuerzos en la comunidad negra, lo que a su vez agrava los desafíos. Si el pasado sirve de indicador, los compromisos de organizaciones individuales podrían no ser suficientes para impulsar los cambios significativos a nivel de sistema que se necesitan para abordar las disparidades raciales.
Cinco atributos de las coaliciones exitosas
La mejor esperanza reside en una coalición que abarque varios sectores.6 Este tipo de coaliciones han logrado el éxito o han avanzado de forma significativa en la resolución de desafíos igualmente complejos, como el desempleo juvenil y la discriminación contra los estadounidenses LGBTQ+. Muchos de los desafíos a los que se enfrentan las organizaciones que promueven la equidad racial también los han compartido entidades que afrontan otros problemas sistémicos. De hecho, nuestras conversaciones pusieron de manifiesto cinco atributos que tienden a constituir la base de las coaliciones exitosas.
Nuestra investigación sugiere que una coalición con estos cinco elementos clave impulsaría la eficacia de los esfuerzos actuales en favor de la equidad racial y ayudaría a sostenerlos más allá del momento actual de amplia atención pública. Estos elementos clave no son exhaustivos, sino que surgieron de conversaciones muy diversas con líderes que trabajan sobre el terreno. La experiencia, los conocimientos y las vivencias de esos líderes deberían orientar cualquier nuevo enfoque. Comprenden y reconocen los desafíos a los que se enfrentan y ven muchos ámbitos de logro y oportunidad.
1. Unirse en torno a una misión clara
Las desigualdades raciales existen en casi todos los ámbitos de la sociedad (vivienda, política, finanzas, empleo, justicia penal y mucho más), por lo que puede resultar difícil para las organizaciones centrarse con éxito en una misión clara que tenga un impacto profundo y duradero. El director de inversión de impacto de una fundación que trabaja para impulsar la inclusión económica de las personas de color señaló que su mayor desafío es lograr que los donantes, las organizaciones sin ánimo de lucro y las empresas del sector privado dejen de hablar sin escucharse.
Las coaliciones exitosas están comprometidas con una misión clara y unidas en torno a ella. Freedom to Marry, una campaña que estuvo activa en Estados Unidos entre 2001 y 2016, agrupó a sus partidarios en torno a un objetivo claro: conseguir el matrimonio para parejas del mismo sexo. Ya en 2001, catorce años antes de que se lograra la igualdad matrimonial en Estados Unidos, el fundador Evan Wolfson instó a los líderes del movimiento, a sus partidarios y aliados a centrarse en ese objetivo: “Puede que salgamos de la sala sin conseguir todo lo que queremos, pero no negociemos en contra de nosotros mismos.”7
Wolfson nos dijo que las organizaciones LGBTQ+ “nunca estuvieron 100 por ciento de acuerdo en nada”. Pero, a medida que la campaña centrada de Freedom to Marry avanzaba, cada vez más organizaciones y activistas del movimiento, así como nuevos partidarios y aliados, respondieron a la estrategia y adoptaron el objetivo de lograr el matrimonio. “Uno de mis principios del activismo”, explicó Wolfson, es que “no necesitas a todos; solo necesitas los suficientes: la masa crítica de personas, partidarios, recursos, acuerdo e impulso para llevar a cabo tu estrategia.”
2. Coordinarse y colaborar a través de una estructura central
En muchas de nuestras conversaciones, los líderes de organizaciones que trabajan por la equidad racial pidieron una mejor forma de coordinarse y colaborar. Connie Evans es presidenta y directora ejecutiva de la Association for Enterprise Opportunity (AEO), un grupo con décadas de trayectoria que trabaja con más de 1.700 organizaciones miembros y asociadas para proporcionar capital y servicios a emprendedores desfavorecidos en Estados Unidos. Al hablar de los desafíos a los que se enfrentan las organizaciones que promueven el desarrollo económico de la población negra, Evans citó la falta de colaboración como un tema recurrente. “La fragmentación ralentiza las cosas”, nos dijo. “Lo que se necesita es una dirección acordada, en la que cada organización pueda entender su papel en apoyo de una estrategia más alineada.”
Gary Cunningham, presidente y director ejecutivo de Prosperity Now, una organización sin ánimo de lucro que promueve la seguridad, la estabilidad y la movilidad financieras, señaló que la falta de coordinación nacional limita la eficacia de las organizaciones locales: “No existe un intermediario nacional que apoye a los ecosistemas locales, por lo que cada ecosistema sufre los mismos problemas que sus clientes en cuanto a capital, asistencia técnica, talento, personal y recursos.”
Las coaliciones que tienen éxito suelen apoyarse en una estructura troncal: un grupo central que reúne periódicamente a las partes interesadas, genera consenso y coordina las acciones; recopila datos, difunde conocimientos e identifica programas para ampliar; y hace un seguimiento del progreso general y da a conocer los resultados.
El Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), por ejemplo, involucra a empresas, gobiernos y líderes de la sociedad civil para abordar una amplia gama de cuestiones sectoriales, regionales y sistémicas. Los grupos de acción sectorial y regional del WEF, la plataforma COVID Action Platform y otros grupos multipartitos están ayudando a las empresas y organizaciones a trabajar juntas para responder a las crisis actuales.
La coalición Reboot Representation ofrece otro ejemplo de cómo las coaliciones pueden apoyar y amplificar la labor de organizaciones individuales. Reboot Representation tiene como objetivo cerrar la brecha racial y de género para las mujeres de color infrarrepresentadas en el sector tecnológico. Dwana Franklin-Davis, directora ejecutiva de la coalición, nos dijo que esta “ofrece un espacio seguro en el que las empresas tecnológicas pueden aprender, crecer y compartir información sobre sus inversiones e iniciativas internas de diversidad e inclusión”. Señaló que la coalición apoya a más beneficiarios de los que cualquier empresa podría apoyar por sí sola, y que “el poder colectivo es un gran beneficio”. La coalición también promueve la rendición de cuentas, entre otras formas, pidiendo a las empresas miembros que recopilen y compartan datos desglosados (por género y por raza) sobre sus inversiones e iniciativas de diversidad e inclusión.
Franklin-Davis, una tecnóloga negra, atribuye a sus vivencias el fortalecimiento de su labor como líder de la coalición. Como explicó, “tengo experiencia vivida exactamente en lo que intentamos hacer”.
3. Garantizar una financiación adecuada y apropiada
Las organizaciones dirigidas por personas negras y centradas en la población negra están desproporcionadamente infrafinanciadas. Kimberly Bryant, fundadora de Black Girls CODE, una organización sin ánimo de lucro con sede en Oakland que trabaja para ofrecer a las niñas negras oportunidades de aprender programación y otras habilidades tecnológicas, afirmó que tiene que esforzarse más que organizaciones sin ánimo de lucro comparables dirigidas por personas blancas para asegurar financiación: “Incluso cuando recurrimos al mismo grupo de socios, la cantidad de financiación que reciben suele ser significativamente mayor.” Además, buena parte de la financiación de Bryant llega en forma de subvenciones restringidas, lo que limita la capacidad de la organización para invertir en lo que Bryant considera más necesario, como el talento de liderazgo y las herramientas para medir el impacto de su labor. “Necesitamos mujeres de color en puestos de poder dentro de las organizaciones financiadoras”, afirmó.
Las coaliciones que luchan contra la desigualdad racial deben procurar dotarse de fuentes de financiación continuada, aunque, por supuesto, esto es mucho más fácil de decir que de hacer. Como señaló una de las partes interesadas, una larga historia de sesgos hace especialmente difícil que las organizaciones dirigidas por personas negras obtengan el apoyo de entidades filantrópicas: “Los financiadores dicen que quieren apoyar a otras comunidades, pero siempre han financiado a personas que se parecen a ellos.”
Siguiendo el ejemplo de Bryant, las partes interesadas deberían seguir exigiendo flexibilidad para asignar fondos en función de sus propias necesidades, es decir, para decidir, por ejemplo, qué financiación se destina a la innovación y la asunción de riesgos frente a la implementación y la construcción institucional. Las coaliciones suelen tener éxito cuando un gran grupo de financiadores está dispuesto a aunar recursos y a dejar las decisiones de asignación en manos de un líder sólido. La US Pan Asian American Chamber of Commerce Education Foundation (USPAACC), por ejemplo, reúne las contribuciones de empresas miembros, así como de fundaciones y donantes particulares, para financiar actividades comunitarias.
4. Garantizar la rendición de cuentas
Muchas organizaciones de equidad racial carecen de estándares de datos y de rendición de cuentas. La mayoría de las partes interesadas con las que hablamos no son capaces de vincular los indicadores clave de rendimiento (KPI) a nivel de organización con indicadores económicos más amplios.
Es un reto difícil. Sarah Treuhaft es vicepresidenta de investigación en PolicyLink, una organización sin ánimo de lucro que trabaja para avanzar en la equidad racial y económica en Estados Unidos. Nos dijo que, si bien los datos locales son esenciales, “pueden ser imposibles de obtener para algunos indicadores de equidad importantes, como la riqueza, sin encuestas individuales, que requieren muchos recursos”.
Las coaliciones exitosas cuentan con sistemas para recopilar, analizar y compartir datos sobre los resultados e impactos de sus iniciativas. Estos sistemas se basan en un conjunto de principios acordados sobre cómo se medirá y comunicará el impacto, y sobre cómo se compartirá el reconocimiento de los logros. Las partes interesadas en la equidad racial ya están dando pasos para desarrollar y reforzar estos sistemas. Junto con el Equity Research Institute de la Universidad del Sur de California, PolicyLink ha creado un recurso en línea, el National Equity Atlas, para compartir datos con socios locales, líderes comunitarios y responsables de políticas.
La organización sin ánimo de lucro de empleo global Generation (fundada por McKinsey) ofrece un ejemplo de cómo los datos pueden impulsar el progreso. Generation recopila una amplia gama de datos y ha reunido más de siete millones de puntos de datos sobre sus graduados y solicitantes. La organización registra una tasa de colocación laboral del 86 por ciento en los tres meses siguientes a la finalización del programa, y los graduados ganan entre tres y cuatro veces sus ingresos anteriores. Mona Mourshed, directora ejecutiva de Generation, explicó: “Los datos que recopilamos sobre nuestros alumnos, nuestros programas y nuestro impacto nos ayudan a corregir el rumbo y a mejorar los programas de forma continua.”
5. Ganar y mantener el apoyo de un amplio conjunto de partes interesadas
Incluso cuando las organizaciones de equidad racial cuentan con un plan de acción probado, a menudo se enfrentan a barreras institucionales: políticas, estructuras, fuerzas y prácticas sesgadas que limitan su crecimiento. Como señaló una de las partes interesadas, “Aunque lo hagamos todo bien en materia de políticas y defensa, existe una corriente subyacente de racismo institucional en cada paso del camino.”
Las coaliciones exitosas dependen de un apoyo más amplio, así como de la participación activa de instituciones e individuos más allá de los directamente afectados.
Las organizaciones de derechos civiles de larga trayectoria ya han trabajado para construir ese apoyo, y su ejemplo podría orientar los esfuerzos de divulgación de otros grupos de equidad racial. La National Urban League y la National Association for the Advancement of Colored People (NAACP), por ejemplo, han impulsado avances significativos durante el último siglo mediante la colaboración con líderes nacionales y comunitarios, responsables de políticas y socios corporativos.
Como hemos señalado, las organizaciones que trabajan por la equidad racial no son las únicas que se enfrentan a estas barreras; se trata de problemas de acción colectiva que comparten otros grupos y movimientos (incluidos los que hemos destacado anteriormente).8 Una coalición que supere estos desafíos podría acelerar el progreso hacia la equidad racial y reforzar los esfuerzos de las partes interesadas de distintos sectores.
Cómo planea McKinsey apoyar esta labor fundamental
Formar coaliciones de equidad racial que reúnan los cinco atributos no es fácil, y este artículo no pretende sugerir que McKinsey tenga una respuesta absoluta a la cuestión de cómo hacerlo. Pero estamos comprometidos a desempeñar un papel en el apoyo a estas coaliciones, y por eso estamos lanzando el McKinsey Institute for Black Economic Mobility.
El McKinsey Institute for Black Economic Mobility apoyará el movimiento por la equidad racial de diversas formas. Nuestra misión es ayudar a los líderes de los sectores privado, público y social a emprender acciones coordinadas para acelerar el desarrollo económico de la población negra, mediante investigación en profundidad, la convocatoria de partes interesadas y la traducción de la investigación en impacto real. Contribuiremos a una base de datos fiables que pueda orientar la toma de decisiones, medir el progreso e identificar prioridades y oportunidades. Aprovecharemos nuestras sólidas conexiones en los sectores privado, público y social para convocar a líderes que comparten el interés por impulsar la equidad racial pero que, de otro modo, podrían no encontrar formas de aprovechar las fortalezas de los demás. Y procuraremos que esta investigación y estas conexiones den lugar a herramientas, activos y capacidades prácticas para generar un impacto real.
Este es un momento crítico. El mundo empresarial estadounidense está más centrado que nunca en la cuestión de la justicia racial. Es imperativo garantizar que el compromiso sin precedentes de recursos y atención en favor de la equidad racial se canalice de forma eficaz, resulte impactante, ofrezca un alto retorno de la inversión para la sociedad y genere avances reales para las personas y las comunidades.
La equidad debe estar en el centro de nuestra firma y de las organizaciones a las que servimos. Reconocemos humildemente que todavía tenemos trabajo por hacer para alcanzar este objetivo. Hoy destinamos recursos a crear fuentes de renovación para las personas y comunidades negras de todo el mundo. Esperamos que esto sea un paso hacia un futuro más equitativo, y esperamos que las empresas con las que trabajamos y las comunidades en general se unan a nosotros para defender la equidad racial y el crecimiento inclusivo, para esta generación y las que vendrán.







