¿Estamos haciendo lo suficiente para prevenir futuras pandemias?

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  • La rápida respuesta de la comunidad científica a la pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto la importancia fundamental de acceder a datos en tiempo real.

  • Para predecir, detectar y evitar que las enfermedades del mañana puedan agravarse, necesitamos un cambio radical a escala mundial en la vigilancia.

  • Las alianzas entre múltiples partes interesadas pueden permitir actuar con rapidez ante enfermedades nuevas o emergentes para proteger los sistemas de salud, las economías y los medios de vida.

El ritmo de los avances científicos en el desarrollo de pruebas, tratamientos y vacunas ha sido extraordinario. Sabemos que se puede hacer más para acelerar aún más este proceso y hacerlo más equitativo cuando surjan futuras amenazas. Pero esto depende de mejorar las capacidades mundiales para detectar enfermedades desde el principio.

En nuestra misión compartida de reducir la carga de las enfermedades a escala mundial, preveniremos más enfermedades y salvaremos más vidas si podemos actuar lo antes posible ante cualquier brote, o incluso antes de que una infección empiece a agravarse.

El daño a nuestro clima, los cambios en las pautas de interacción entre animales y seres humanos, la urbanización, el avance de la resistencia a los antimicrobianos (RAM) y el aumento del comercio y los viajes internacionales están creando más oportunidades para que surjan riesgos nuevos y peligrosos de epidemias y pandemias.

Para tener alguna posibilidad de predecir, detectar y evitar rápidamente que las enfermedades del mañana puedan agravarse, necesitamos un cambio radical a escala mundial en la vigilancia.

Crear sistemas de vigilancia para evitar futuras pandemias

De ninguna manera partimos de cero. La COVID-19 ha puesto de relieve el valor de los datos de alta calidad, casi en tiempo real, para todos los aspectos de una respuesta eficaz, tanto para el personal clínico y los investigadores como para los responsables de formular políticas y el público. Aunque ha dejado al descubierto debilidades fundamentales en todas las regiones del mundo, también nos ha mostrado claramente qué sistemas funcionan bien.

El Sistema Mundial de Vigilancia y Respuesta a la Gripe ya se ocupa de vigilar nuevas cepas de gripe. De forma similar, el Sistema Mundial de Vigilancia de la Resistencia y el Uso de los Antimicrobianos recopila datos nacionales sobre la RAM en patógenos prioritarios seleccionados.

Más recientemente, fueron las redes consolidadas de pruebas y vigilancia de enfermedades de Sudáfrica las que alertaron al mundo sobre los peligros de la variante ómicron.

Fueron las redes consolidadas de pruebas y vigilancia de enfermedades de Sudáfrica las que alertaron al mundo sobre los peligros de la variante ómicron.

Jeremy Farrar.

Con una rapidez sin precedentes, estos datos pudieron analizarse mediante métodos clásicos y secuenciación genómica, que ayudan a medir y cartografiar cómo surgen y evolucionan las infecciones. Esto permitió responder a los equipos de salud pública y a los desarrolladores de pruebas diagnósticas, tratamientos y vacunas evaluar el impacto de ómicron en las herramientas existentes.

Las impresionantes capacidades de vigilancia de Sudáfrica reflejan una inversión a largo plazo en personas e instalaciones que comenzó mucho antes de la pandemia.

Gracias a ello, la tecnología de secuenciación genómica y las capacidades fundamentales de vigilancia se han integrado en las comunidades para ofrecer utilidad y valor continuos. La rapidez con que estos sistemas pudieron reorientarse hacia la COVID-19 demuestra los beneficios de una inversión sostenida en salud pública para abordar problemas de salud endémicos.

En otras partes del mundo, la capacidad para vigilar las enfermedades infecciosas varía. Incluso problemas ya conocidos y bien comprendidos —como la neumonía, las enfermedades diarreicas, la tuberculosis, el VIH, la malaria y la resistencia a los medicamentos— se vigilan actualmente de forma deficiente.

Esto importa. Debemos poder detectar las amenazas epidémicas y pandémicas del mañana para evitar que se agraven.

Se han iniciado inversiones importantes para cerrar esta brecha. En América Latina y el Caribe, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha creado una red regional de vigilancia. Al principio se establecieron laboratorios de referencia para aumentar los datos mundiales sobre la COVID-19; ahora, el enfoque se ha ampliado para desarrollar capacidades nacionales de secuenciación de enfermedades.

Por ejemplo, la República Dominicana ahora cuenta con la capacidad de investigación para vigilar los brotes anuales de arbovirus como el chikungunya, el zika y el dengue. Esta información es fundamental para gestionar la carga que representan estas enfermedades en el país y vigilar si podrían propagarse a otros países.

La tecnología, las plataformas y los materiales necesarios para mantener bajo control las enfermedades infecciosas también requieren profesionales dedicados de salud pública, personal clínico e investigadores, así como un compromiso sostenido con la capacitación y el desarrollo profesional.

Durante esta pandemia, COG-Train ha ofrecido cursos de aprendizaje de acceso abierto sobre genómica de la COVID-19, en colaboración internacional para facilitar el intercambio de conocimientos en un entorno que cambia rápidamente. En Kenia, los investigadores han colaborado con Sudán, Somalia, Etiopía y Seychelles, junto con los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades, brindando apoyo técnico y capacitación durante confinamientos difíciles.

Difundir estos conocimientos y habilidades e integrar a estos equipos arraigados en las comunidades en marcos nacionales e internacionales es fundamental para abordar las desigualdades mundiales en materia de vigilancia. Los compartimentos estancos solo ralentizan la respuesta a las enfermedades infecciosas, en la que el tiempo lo es todo.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para combatir las pandemias?

Esto significa conectar la vigilancia local y nacional con organizaciones colaborativas de salud pública, y compartir datos y análisis con plataformas mundiales como el nuevo Centro de Vigilancia de la OMS en Berlín y GISAID para garantizar un acceso rápido, abierto y fiable a información fidedigna.

Para lograrlo, los gobiernos, la industria y la filantropía deberán mantener el impulso y seguir trabajando juntos. Los brotes anteriores han demostrado que las alianzas dan lugar a avances científicos rápidos y extraordinarios en beneficio de toda la comunidad mundial. ¿Por qué detenerse ahora?

Tomemos como ejemplo a CEPI. Fundada hace cinco años, tras el brote de ébola en África Occidental, y puesta en marcha en el Foro Económico Mundial en 2017 para cubrir la brecha en el desarrollo de vacunas contra enfermedades infecciosas emergentes, la organización creó las carteras de vacunas contra la COVID-19 más grandes y diversas del mundo.

Imaginemos que diéramos prioridad a la vigilancia de la misma manera y la integráramos en el trabajo cotidiano de la salud pública.

La inversión es clave para prevenir futuras pandemias

La cumbre del G7 del año pasado obtuvo apoyo para la ambiciosa propuesta de crear un nuevo Radar Mundial de Pandemias. Casi un año después, ha llegado el momento de convertir estas buenas palabras en compromisos financieros concretos y renovar la determinación de hacerlo realidad. Ceder al cansancio solo repetirá el ciclo de pánico y abandono de los últimos 20 años.

El valor de estas inversiones dependerá de que los líderes políticos se comprometan a seguir las conclusiones que generen. Como han demostrado los últimos dos años, actuar pronto y con decisión ante cualquier enfermedad nueva o emergente salva vidas, protege nuestros sistemas de salud y evita daños prevenibles a las economías y los medios de vida.

La vigilancia ha demostrado con creces su valor, pero solo si se actúa en función de ella. Ante la posibilidad de que surja una nueva epidemia o pandemia en cualquier momento, no podemos dejarlo al azar.

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