Se recoge más del 90 % de los envases de plástico usados, pero en realidad solo se recicla poco más del 1 %, principalmente porque el plástico está contaminado.
Descontaminar residuos plásticos con agua es caro y perjudicial para el medioambiente.
Un nuevo método que no utiliza agua y que ya ha demostrado su eficacia en Brasil podría ofrecer una solución.
Cada año, 10 millones de toneladas de envases de plástico llegan a los océanos, el equivalente a 23.000 aviones Boeing 747 que aterrizaran en mares y océanos, más de 60 al día, según un estudio realizado por WWF.
Brasil, según datos del Banco Mundial, es el cuarto mayor productor de residuos plásticos del mundo, con 11,3 millones de toneladas, por detrás únicamente de Estados Unidos, China e India. De ese total, se recogieron más de 10,3 millones de toneladas (el 91 %), pero solo 145.000 toneladas (el 1,28 %) se reciclan efectivamente, es decir, se reprocesan en la cadena de producción como producto secundario. Esta es una de las tasas más bajas del estudio y está muy por debajo del promedio mundial de reciclaje de plástico, que es del 9 %.
Al final, 7,7 millones de toneladas de plástico terminan en vertederos. Y otros 2,4 millones de toneladas se desechan de forma irregular, sin ningún tipo de tratamiento, en basureros al aire libre.
La contaminación por plástico afecta a la calidad del aire, el suelo y los sistemas de suministro de agua. La quema o incineración de plástico puede liberar a la atmósfera gases tóxicos, halógenos, dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre, extremadamente perjudiciales para la salud humana. Su eliminación al aire libre también contamina los acuíferos, las masas de agua y los embalses, y provoca un aumento de los problemas respiratorios, las enfermedades cardíacas y los daños en el sistema nervioso de las personas expuestas.
El problema del reciclaje de plásticos
Si se recoge el 91 % de los plásticos, principalmente por parte de los gobiernos municipales, ¿por qué en realidad solo se recicla el 1,28 %?
Para reciclar eficazmente los residuos plásticos y transformarlos en un nuevo producto, primero hay que descontaminarlos, es decir, dejarlos completamente limpios. Durante mucho tiempo, en todo el mundo esto significaba descontaminarlos mediante lavado con agua. Sin embargo, para muchos plásticos contaminados, que tienen un alto potencial de contaminación ambiental, esta solución no es adecuada porque no elimina eficazmente el contaminante del plástico y, además, consume miles de litros de agua y genera efluentes y distintos tipos de residuos, con un alto riesgo ambiental. Así, el plástico pierde calidad, utilidad y valor económico, lo que reduce su valor a lo largo de toda la cadena de reciclaje, especialmente para los recolectores y las cooperativas.
En todo el mundo, se desechan cada año 35.000 millones de botellas de plástico que contienen 1.000 millones de litros de aceite residual. Solo en Brasil se desechan anualmente 1.000 millones de envases de plástico de aceite lubricante, que contienen 2 millones de litros de aceite residual. Y, sorprendentemente, 1 litro de aceite puede contaminar 1 millón de litros de agua.
Un ejemplo práctico: imagina que te manchas las manos con aceite lubricante. El agua no bastará para quitarlo, así que usas detergente para eliminar un poco más. Sin embargo, las manos seguirán sucias y el agua que has usado estará contaminada con aceite. El detergente que has usado también se mezclará con el aceite y se convertirá en un residuo peligroso. Esto es lo que ocurre al descontaminar y reciclar con agua, solo que a gran escala, lo que aumenta el riesgo ambiental.

Reciclaje sin agua: la solución brasileña
Con esto en mente, en Eco Panplas, hemos desarrollado una solución tecnológica que descontamina y recicla estos envases de forma ecológica: sin usar agua y sin generar residuos. Hemos desarrollado un desengrasante ecológico que separa el envase del contaminante y conserva las características de ambos. Así, se recupera el desengrasante para volver a usarlo y el contaminante para venderlo.
Esta tecnología se desarrolló en Brasil durante seis años. Se trata de una línea de producción automatizada y de gran capacidad, compuesta por equipos y procesos patentados. De este modo, se recupera y recicla todo el aceite residual, que se convierte en un subproducto, y se elimina el riesgo ambiental.
El proceso también genera materia prima de plástico reciclado de excelente calidad, lo que permite fabricar nuevos envases con un 100 % de material reciclado, hasta un 10 % más baratos que los precios actuales, creando así una verdadera economía circular.
De los 10 millones de envases de aceite lubricante procesados en nuestra planta de producción en la ciudad de Hortolândia, estado de São Paulo, se recuperaron 500 toneladas de plástico reciclado, que luego se vendieron para fabricar nuevos envases de aceite; se vendieron 17.000 litros de aceite recuperado para su reciclaje y la producción de nuevo aceite lubricante. Esto generó importantes beneficios socioambientales: se preservaron 17.000 millones de litros de agua, se evitaron 530 toneladas de plástico contaminado en vertederos, se redujeron en 800 toneladas las emisiones de gases de efecto invernadero y se ahorró un 75 % de energía.
Nuestro trabajo ha recibido 32 premios nacionales e internacionales, como los del BID, Femsa, el Pacto Mundial de las Naciones Unidas, Energy Globe y B Corps; también hemos ganado retos y programas internacionales que confirmaron que nuestra técnica puede funcionar en otros países.
Ahora nuestro plan es ampliar nuestra oferta en Brasil mediante una producción de mayor capacidad y un sistema de licencias tecnológicas que también esperamos poner a disposición a nivel internacional.
De nada sirve que los gobiernos y las empresas recojan residuos plásticos si después no se reciclan mediante un proceso eficiente y ecológico que no genere aún más contaminación. Solo cuando hayamos resuelto este problema podremos aumentar las tasas de reciclaje y, al mismo tiempo, generar importantes beneficios socioambientales.
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