The Business Roundtable, que representa a muchas de las mayores empresas con sede en EE. UU., sorprendió a mucha gente cuando respaldó públicamente la idea de que, además de a los accionistas, las corporaciones tienen obligaciones con una amplia gama de partes interesadas, incluidos los empleados, los clientes, los proveedores, las comunidades en las que operan y la sociedad en general.
Esto supuso un cambio retórico para la organización; y el momento no podría haber sido más oportuno, pues se produjo menos de un mes antes de la Asamblea General de la ONU, así como de la Cumbre de Acción Climática de la ONU, la Cumbre de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y de la Cumbre de Impacto para el Desarrollo Sostenible del Foro Económico Mundial.
La mayoría de las empresas, en Estados Unidos y en otros lugares, conocen estas obligaciones sociales desde hace años. Aunque los altos directivos quieren que sus compañías desempeñen un papel más importante a la hora de afrontar los retos de la sociedad, algunos son reacios a implicarse por completo, sabiendo que, al final del día, se les juzgará por sus beneficios y no por sus aspiraciones.
Lo cierto es que pueden tener éxito en ambos ámbitos, que tienden a complementarse. Investigaciones recientes demuestran que las empresas que generan un impacto positivo en la sociedad tienden a obtener mejores resultados financieros que aquellas que eluden o minimizan sus responsabilidades sociales.
Entre las mejores en este sentido se encuentran las empresas nórdicas, es decir, las domiciliadas en Noruega, Suecia, Dinamarca y Finlandia.
El Boston Consulting Group (BCG) ha analizado recientemente el desempeño de 8000 empresas públicas y privadas de todo el mundo en materia de cuestiones ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). Después, las empresas se dividieron en cinco grupos en función de su desempeño ESG.
Más de 400 empresas nórdicas, alrededor del 5 % del total, formaron parte del estudio, entre ellas compañías conocidas como Electrolux, Ericsson, Maersk, Nokia, SAS y Novo Nordisk.
En conjunto, las 400 empresas nórdicas obtuvieron, de media, una puntuación considerablemente superior a la del resto de la muestra, y el 65 % se situó en el quintil superior en desempeño ESG. En comparación, el 41 % de las demás empresas europeas y solo el 9 % de las norteamericanas se incluyeron en el grupo superior.
Contrariamente a las preocupaciones que a veces escuchamos de directivos corporativos y miembros de consejos de administración, los logros de las empresas nórdicas en el ámbito ESG no se produjeron a expensas del éxito financiero. De hecho, nuestro análisis reveló que las valoraciones de mercado y la rentabilidad total para el accionista de las 400 empresas nórdicas estaban «en línea con las del mercado en su conjunto», lo que confirma que las empresas que alinean sus estrategias y operaciones con las necesidades de la sociedad pueden tener buenos resultados, al tiempo que hacen el bien.
Pero ¿por qué las empresas nórdicas, en particular, tienen un impacto tan desproporcionado en la sociedad? ¿Por qué están, más que muchas otras, actuando para afrontar los retos del cambio climático, la desigualdad de ingresos, las enfermedades y la hambruna, las violaciones de los derechos humanos y otras preocupaciones mundiales urgentes?
Aunque hay muchas respuestas, como las exigencias de los inversores, la cultura nórdica y las políticas gubernamentales, entre otras, una de las más determinantes es el liderazgo. En conjunto, sus consejeros y directores ejecutivos se comprometen con tales acciones.
Por ejemplo, comprobamos que los directores ejecutivos y los miembros de los consejos de administración nórdicos participan activamente en muchas de las organizaciones internacionales y de las iniciativas mundiales que buscan mejorar la sociedad, y con frecuencia ocupan cargos de liderazgo. Así, los líderes de 13 grandes empresas nórdicas y de un grupo comercial mundial, la GSMA (Groupe Speciale Mobile Association), han creado Nordic CEOs for a Sustainable Future, «centrada en promover modelos de negocio nuevos y sostenibles». La lista de miembros parece un «quién es quién» de la comunidad empresarial nórdica.
Los expertos del BCG consideran que las empresas nórdicas son ejemplos a seguir no solo porque se comprometen de forma abierta y activa con la mejora de la sociedad, sino también porque han integrado estas preocupaciones en su cultura empresarial, en sus prácticas comerciales básicas y en sus operaciones. Esto incluye buscar formas de mejorar el impacto social positivo de los productos o servicios existentes, así como aprovechar la tecnología y las capacidades para emprender en nuevos negocios.
Esto no significa que no haya empresas en el resto del mundo que también se centren en mejorar la sociedad y tengan éxito en ello, al tiempo que obtienen buenos resultados financieros. Hay muchas empresas de este tipo, y su número crece cada año.
Aun así, todas las empresas, con independencia de dónde operen, pueden aprender de las mejores prácticas nórdicas y adaptarlas a sus propios negocios y entornos políticos. Al hacerlo, pueden contribuir a resolver algunos de los problemas más acuciantes del mundo, mejorando al mismo tiempo su desempeño.
La declaración de The Business Roundtable reconoce el impacto social que pueden tener las empresas. Pero los hechos hablan más que las palabras.






