Michio Kaku, profesor de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (EE. UU.), afirma que los precedentes han demostrado que la física puede impulsar revoluciones industriales y es el futuro de la riqueza.
El capitalismo perfecto depende de la innovación y de las personas, y los sistemas sociales pueden adaptarse a las consecuencias del avance tecnológico.
Esta entrevista sirvió de base para La gran narrativa, un nuevo libro de Klaus Schwab y Thierry Malleret.
La dedicación de Michio Kaku a la labor de su vida en la teoría del todo se fusionó con su fascinación por la ciencia ficción cuando se dio cuenta de que la física y el futuro eran una misma cosa.
Sostiene que la riqueza es un derivado de la física, que el capitalismo, en constante evolución y perfecto, depende de la innovación, y que la tecnología estará estrechamente vinculada a nuestro cerebro.
La siguiente entrevista con Michio Kaku sirvió como una de las 50 aportaciones de líderes de opinión de todo el mundo para La gran narrativa, el nuevo libro de Klaus Schwab y Thierry Malleret que describe cómo podemos crear un futuro más resiliente, inclusivo y sostenible después de la COVID-19.
¿Podría contarnos algo sobre usted que no encontremos en internet?
En Wikipedia no encontrarán lo que me pasó cuando tenía ocho años: ocurrió algo que me cambió la vida por completo. Acababa de morir un gran científico; los periódicos publicaron una foto de su escritorio con el manuscrito inacabado de su obra más importante, y el pie de foto decía algo parecido a esto: «El científico más grande de nuestra época no pudo terminar este libro».
Me fascinó esta historia. ¿Qué podía ser tan difícil que un gran científico no pudiera terminarlo? ¿Por qué no se lo preguntó a su madre? ¿Por qué no buscó la respuesta en la biblioteca?
Así que fui a la biblioteca y descubrí que aquel hombre era Albert Einstein. Y aquel libro era la teoría del campo unificado inacabada (la teoría del todo), una ecuación que nos permitiría «leer la mente de Dios». Era una ecuación, quizá de apenas dos centímetros y medio, que resumiría y unificaría todas las leyes del universo. Me cautivó. Quise dedicar mi vida a buscar esa ecuación.
Pues bien, a eso me dedico. La teoría más importante de hoy se llama teoría de cuerdas. Los cientos de partículas subatómicas no son más que notas musicales en una cuerda diminuta y vibrante. Así, la física es la armonía que se puede crear con cuerdas vibrantes. La química es la melodía que se puede tocar con ellas. El universo es una sinfonía de cuerdas. Y la «mente de Dios» es música cósmica que resuena en el hiperespacio.
Una versión de esa ecuación, la teoría de campos de cuerdas, es creación mía. Mi ecuación mide dos centímetros y medio y permite resumir todas las leyes de la naturaleza. No es la teoría definitiva; ahora sabemos que, además de cuerdas, también hay membranas.
Pero cuando tenía ocho años también me fascinaba la ciencia ficción, en particular la serie de Flash Gordon. Vi naves espaciales, monstruos, extraterrestres, ciudades en el cielo y rayos antigravedad. Sin embargo, años después me di cuenta de que las dos pasiones de mi vida, la física y el futuro, eran una misma: si quieres entender el futuro, tienes que entender la física.
Hay que entenderla a escala atómica, molecular y cósmica, y eso nos ofrece una visión profunda de lo posible, lo imposible y lo plausible. A veces, cuando veo las predicciones de mis colegas, niego con la cabeza: no entienden las leyes de la física. Algunas cosas son más difíciles y otras mucho más fáciles de lo que proyecta la mayoría de los futuristas. Me gusta respaldar todas mis predicciones con el peso de la ciencia real.
La física impulsa la industrialización
Cuando dice que, si queremos entender el mundo y pensar en el mundo del mañana, tenemos que aprender física, no se refiere al mundo físico, ¿verdad? Habla del mundo social y económico, de nuestras sociedades.
Para entender la economía hay que entender de dónde viene la riqueza. Si se habla con un economista, quizá diga: «La riqueza viene de imprimir dinero». Un político podría decir: «La riqueza viene de los impuestos». Creo que todos se equivocan: la riqueza de la sociedad proviene de la física.
Por ejemplo, los físicos formulamos las leyes de la termodinámica en el siglo XIX, lo que dio lugar a la Revolución Industrial, la máquina de vapor y la era de las máquinas. Fue una de las mayores revoluciones de la historia de la humanidad. Después, los físicos resolvimos el misterio de la electricidad y el magnetismo, que dio lugar a la revolución eléctrica de las dinamos, los generadores, la radio y la televisión; luego formulamos las leyes de la teoría cuántica, que nos dieron el transistor, las computadoras, internet y el láser. Las tres grandes revoluciones del pasado surgieron de la física.
Ahora hablamos de cómo la física está creando la cuarta gran revolución a escala molecular: la inteligencia artificial, la nanotecnología y la biotecnología. Esa es la cuarta ola, pero también podemos vislumbrar una quinta ola que vendrá después. Esta estará impulsada por la física a escala atómica; por ejemplo, las computadoras cuánticas, la energía de fusión y la red cerebral (cuando la mente humana se integre con las computadoras). Así que, hacia mediados de siglo, estaremos en la quinta ola. ¿Qué impulsa todas estas olas? La física. ¿Y cómo se manifiesta? A través de la economía.
Así que la riqueza no proviene de los impuestos ni de imprimir dinero. Esas cosas ajustan, distribuyen y manipulan la riqueza, pero no la crean. La riqueza proviene de la física.
Ha tenido una carrera muy prolífica. ¿Cuál es su idea principal?
Tengo dos cosas que decir al respecto. Primero, la física es el origen de toda riqueza. Segundo, ¿adónde irá esa riqueza? Servirá para crear algo que llamo capitalismo perfecto. ¿Qué es el capitalismo? Es la propiedad privada, con precios fijados por la oferta y la demanda, pero eso no explica hacia dónde se dirige el capitalismo en el futuro.
En el futuro, el capitalismo tendrá un conocimiento ilimitado de la oferta y la demanda. Por ejemplo, internet estará en tus lentes de contacto y, cuando parpadees, verás los precios de todos los objetos que te rodean. Conocerás las leyes de la oferta y la demanda con una precisión ilimitada; sabrás quién te engaña, cuáles son los precios reales, los márgenes de beneficio, quiénes son los intermediarios y dónde están los cuellos de botella.
¿Por qué Jeff Bezos es uno de los hombres más ricos del mundo? Porque digitalizó al intermediario, una de las fricciones del capitalismo, y lo eliminó en el capitalismo perfecto. Por eso personas como Jeff Bezos, independientemente de lo que se piense de él desde el punto de vista moral, forman parte del capitalismo perfecto. Está perfeccionando el capitalismo al eliminar a los intermediarios: capas innecesarias y redundantes, cuellos de botella y fricciones. El capitalismo perfecto es hacia donde nos dirigimos.
La inteligencia artificial y las computadoras no han hecho más que acelerar esa tendencia. La tendencia apunta al capitalismo perfecto, en el que se eliminan todos los intermediarios, las capas y los cuellos de botella, lo que nos permite el contacto directo entre la oferta y la demanda. (Esto, por supuesto, no dice nada sobre la moralidad y la ética que genera el capitalismo perfecto; solo afirma que el capitalismo perfecto es un subproducto inevitable de estas revoluciones tecnológicas).
En el futuro, el capitalismo tendrá un conocimiento ilimitado de la oferta y la demanda.
Michio Kaku, profesor de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (EE. UU.)
Pero si nos dirigimos hacia un mundo totalmente transparente, ¿no corre también el riesgo de convertirse en un mundo distópico? ¿Existe el riesgo de que todo esté al alcance de todos? ¿Podría utilizarse con fines nefastos, por ejemplo?
Siempre habrá contratiempos porque somos seres humanos y, precisamente por eso, usaremos las leyes y las redes sociales para frenar el avance hacia el capitalismo perfecto, diciendo, por ejemplo, que es injusto para otros, como los intermediarios, entre ellos los corredores de bolsa. Pero los corredores de bolsa ya no venden acciones: puedes comprarlas desde tu reloj de pulsera. Entonces, ¿por qué acudir a un corredor de bolsa? Porque quieres algo que una computadora no puede darte. Las computadoras no pueden ofrecerte lo que sí pueden los corredores de bolsa humanos: experiencia, perspicacia, información privilegiada, análisis y cotilleos; es decir, capital intelectual.
Olvidamos que las computadoras de hoy no son más que sofisticadas máquinas de sumar, carentes de creatividad, innovación, capacidad de análisis y liderazgo, entre otras cosas. Así que los intermediarios, como los corredores de bolsa, pueden sobrevivir e incluso prosperar con el capitalismo perfecto si ofrecen lo que las computadoras no pueden: capital intelectual.
La privacidad es otro problema, pero es un problema social porque las costumbres cambian con el tiempo. Las personas deben decidir hasta dónde quieren llegar para adoptar un estilo de vida digital y, al hacerlo, exponer su vida y sus finanzas personales a posibles delincuentes en internet; ese es un problema social. Es un problema universal. Por ejemplo, la Madre Naturaleza lleva 3.000 millones de años combatiendo los virus. La naturaleza libra una batalla constante e interminable contra ellos. Del mismo modo, también nosotros estaremos en una lucha perpetua contra los virus. Pero hasta dónde estamos dispuestos a llegar para detener la piratería informática, los virus, el malware, etc., depende sobre todo del clima político, no de la tecnología.
En resumen, hablo del panorama general: nos dirigimos hacia el capitalismo perfecto, en el que los intermediarios deberán vender capital intelectual para sobrevivir. Estamos pasando del capital en materias primas al capital intelectual. Esa es la gran transición del mercado. El capital en materias primas incluye el petróleo y el oro, pero esa es la riqueza del pasado. Los grandes multimillonarios de hoy no ganan sus miles de millones con el oro: los ganan con los datos, porque esa es la nueva riqueza del futuro.
Y eso nos lleva a otra pregunta: ¿hasta dónde llegará la revolución robótica?
Hay tres tipos de trabajos que los robots no pueden reemplazar. En primer lugar, no pueden realizar trabajos manuales que requieren ciertas habilidades. Los robots no pueden reparar un inodoro averiado, recoger basura al azar ni clavar un clavo, y apenas pueden abrir una puerta. Los basureros, fontaneros, carpinteros y trabajadores de la construcción tendrán empleo en el futuro. Los trabajos manuales que requieren ciertas habilidades y no son repetitivos prosperarán en el futuro; para comprobarlo, basta con hablar con el Pentágono.
El Pentágono lleva décadas intentando perfeccionar el soldado robot, pero ha fracasado estrepitosamente debido a problemas de reconocimiento de patrones y destreza manual. Lo segundo que los robots no pueden hacer es interactuar con las personas; no pueden ser abogados, consejeros, profesores ni trabajar en relaciones humanas. Solo un abogado puede hablar con un juez y un jurado; los robots no pueden hacerlo en absoluto porque no entienden las costumbres humanas ni los valores cambiantes.
Y, en tercer lugar, los robots no pueden ser capitalistas intelectuales: las personas que hacen funcionar la economía gracias a la innovación, el liderazgo, las ideas nuevas, las nuevas energías y la imaginación. Los robots carecen de todo eso. Ahí es donde entrarán en juego los seres humanos. Será una colaboración entre personas y máquinas. Pero algunos trabajos repetitivos desaparecerán. Ya no tenemos herreros, pero no nos lamentamos por ello porque el trabajador del automóvil sustituyó al herrero. Y los trabajadores de la industria automovilística tendrán que formarse para convertirse en trabajadores manuales con ciertas habilidades y tareas no repetitivas, trabajadores de relaciones humanas o capitalistas intelectuales.
El capitalismo duradero requiere innovación
El modelo de capitalismo perfecto se aplica a Estados Unidos y a las democracias occidentales, pero el capitalismo está actualmente en retroceso. De hecho, en Asia y China prevalece un modelo de capitalismo autocrático. ¿Considera que el capitalismo perfecto será un fenómeno global o que quedará limitado a las democracias de Occidente?
Una de las razones del colapso de la Unión Soviética fue que muchas personas se dieron cuenta de que los precios se basaban en una ficción: un simple burócrata decía: «De tin marín de do pingüé, ¿cuánto cuesta este objeto?». Se ignoraba por completo el mercado y lo que la realidad determinaría en el mercado negro. El mercado negro se ajustaba más a la oferta y la demanda porque, por supuesto, ahí era donde los delincuentes ganaban dinero.
A los gobiernos no les importa la oferta y la demanda.
China tiene un sistema híbrido en el que reconocen que necesitan la tecnología de los capitalistas. ¿Qué hacen? Ruegan, piden prestado y roban; absorben toda la tecnología que pueden obtener de fuentes consolidadas, siempre que mantengan el control.
Pero no es una solución permanente porque no crea nuevo valor ni nuevas industrias. Simplemente roba, replica o copia el valor existente y no crea ideas nuevas. El proceso de crear nuevas industrias y tecnologías prácticamente de la nada, a partir de una idea, se denomina reducción de la entropía.
Reducir la entropía requiere una enorme libertad para concentrar la imaginación, la creatividad y la capacidad intelectual. El sistema chino funciona porque han dominado un arte: copiar. No crean industrias completamente nuevas, lo que requiere reducir la entropía. Y mientras sigan copiando, estarán a la vanguardia de la economía solo porque disponen de mucha mano de obra para hacerlo.
Pero el capitalismo requiere algo más; de lo contrario, se estanca o acaba como la Unión Soviética: con una economía estancada en la que los precios no guardaban ninguna relación con la demanda real de la sociedad.
Así que, según su visión, el futuro del capitalismo perfecto se extenderá por todo el mundo porque solo los países capitalistas pueden innovar adecuadamente.
¿Cómo crea riqueza la física? Creando dos cosas importantes: energía e información. Los físicos dominamos ambas porque creamos nuevas formas de energía e información. En un sistema como el de China, no pueden generar nuevas formas de energía ni de información; pueden copiarlas a la velocidad de la luz, pidiéndolas prestadas, rogando por ellas o robándolas, pero no pueden crear industrias completamente nuevas.
Los chinos no son tontos. Tienen un sistema híbrido, pero siempre quieren mantener el control; la supremacía del Partido Comunista es de importancia primordial. Mientras estén en la cima, tolerarán muchas cosas, pero la realidad es que no innovarán si eso pone en peligro su control, lo que plantea un enorme problema si quieren convertirse en líderes tecnológicos de vanguardia.
En otras palabras, para ser líder tecnológico y no seguidor se necesita libertad de ideas y conceptos, algo que el Gobierno chino se resiste a tolerar. Esta falta de libertad e innovación se agudizará a medida que intenten convertirse en líderes de la economía mundial, y no solo en seguidores.
Los grandes multimillonarios de hoy no ganan sus miles de millones con el oro: los ganan con los datos, porque esa es la nueva riqueza del futuro.
Michio Kaku, profesor de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (EE. UU.)
¿Cuál es el principal cambio que hará del mundo un lugar mejor? De hecho, por lo que dice, se trata de dejar que prospere la innovación, ¿verdad?
Una de las cosas que ocurrirán es la red cerebral. El futuro de internet no es digital, sino neuronal. Estamos en proceso de digitalizar el cerebro humano para que sea compatible con internet. Ya podemos grabar recuerdos y enviarlos por internet. Son recuerdos sencillos, recuerdos de ratones; ahora estamos grabando recuerdos de primates.
La formación de los recuerdos tiene lugar en el hipocampo y estos pueden codificarse y subirse a internet. De hecho, en el Instituto Tecnológico de Massachusetts han creado falsos recuerdos, lo que plantea toda clase de problemas jurídicos y filosóficos. Los siguientes serán los pacientes de alzhéimer: les implantaremos un chip cerebral y, con solo pulsar un botón, los recuerdos inundarán sus mentes. El Pentágono de EE. UU. pagará por ello debido a todos los soldados que regresaron de Irak y Afganistán con lesiones en la médula espinal y quedaron paralizados.
Con el tiempo, internet se convertirá en la red cerebral. Pensarás y tus pensamientos controlarán el mundo que te rodea. Las personas totalmente paralizadas ya pueden escribir en la pantalla de una computadora, comunicarse y redactar correos electrónicos; dentro de ciertos límites, pueden hacer todo lo que se hace en una computadora. Por ejemplo, una persona paralizada inauguró en São Paulo el Mundial de fútbol de 2014 en Brasil. Llevaba un exoesqueleto y aun así pudo patear un balón. Mil millones de personas vieron a un hombre paralizado dar inicio al Mundial.
Esto revolucionará las comunicaciones. ¿Por qué verías la televisión o irías al cine? No son más que pantallas bidimensionales con sonido. ¿Quién quiere eso? En el futuro querrás emociones, sentimientos y recuerdos, y querrás ser uno con el actor o la actriz.
Pensemos en Charlie Chaplin. Fue uno de los hombres más famosos del mundo hasta que los físicos y los ingenieros perfeccionamos el sonido mecánico. Entonces desaparecieron las películas mudas, porque ¿quién quiere ver a un actor que solo baila? Quieres verlo cantar o hablar. En el futuro también querrás ver a los actores sentir. Eso también reducirá las fronteras entre las personas.
A veces, cuando alguien dice que ciertas personas están sufriendo, la respuesta es: «Sí, no me lo creo». Pero si pudieras sentir el sufrimiento ajeno y darte cuenta de que es real, eso cambiaría nuestra forma de ver las relaciones humanas. También afectará al destino de las naciones. Los niños ya juegan a videojuegos con personas de otro país o continente. Puede que sientan más afinidad por alguien de otro continente que por alguien de su propio vecindario. Y, cuando crezcan, sentirán de manera diferente hacia las personas de otros países que los adultos de hoy.
Piensen en lo que también podrían hacer los adolescentes: en lugar de poner una carita feliz al final de cada oración, añadirán una emoción, un recuerdo de su primera cita, su primer beso, su primer baile de graduación, su primer baile. Esto es algo enorme. No es de extrañar que Elon Musk esté investigándolo: no es tonto.
Los físicos llevamos décadas trabajando en esto. Las resonancias magnéticas nos permiten escanear los pensamientos del cerebro humano. Si me estás mirando, puedo extraer de tu cerebro la imagen de mí mismo mediante una resonancia magnética; la máquina puede descomponer tu cerebro en 30.000 píxeles y volver a ensamblarlos para formar un rostro humano. En el futuro también podremos grabar los sueños.
Los primeros sueños se están grabando ahora mismo en [la Universidad de California en Berkeley; he visto las imágenes (que, lo admito, son muy rudimentarias). Pero el simple hecho de que podamos hablar así es asombroso.
Iba a preguntarle qué le hace ser optimista, y parece que es la quinta ola. ¿Cuándo llegará?
A mediados de siglo, deberíamos tener un reactor de fusión en funcionamiento y una computadora cuántica viable que llegue al mercado. La red cerebral tardará algunas décadas más en despegar, pero los inversores ya están apostando por ella.
Permítanme terminar con esta reflexión: no estoy de acuerdo con la mayoría de los futuristas. La mayoría dirá que la tecnología es moralmente neutra: un martillo es moralmente neutro, una espada puede usarse contra el enemigo o contra uno mismo. La mayoría de los futuristas dirá que no hay una orientación moral. Yo no estoy de acuerdo. Las computadoras e internet confieren una orientación moral porque internet difunde información y empodera a las personas. La gente se da cuenta de que no tiene por qué vivir así. ¿Por qué debería tolerar a un dictador? ¿O la pobreza? Cuando otros países han abordado y resuelto estas cuestiones, eso da impulso a las personas de países empobrecidos para promover la democracia.
Así que la democratización del planeta está impulsada por internet, para bien o para mal (por supuesto, también tiene aspectos negativos). Pero existe una orientación moral. Cuando llegue la red cerebral, podrás sentir la alegría y el sufrimiento de otras personas y darte cuenta de que no fingen. Si sufren, hay un motivo, y las personas podrán compartir esta experiencia común, lo que nos acercará más.
Por último, permítanme decir que una de las claves para crear un futuro prometedor es educar a la población. Cuando era niño, aprendí algo llamado «el enfermo de Asia». Me dijeron que China e India serían pobres para siempre debido a sus enormes poblaciones. Pero hoy sabemos que podrían convertirse en superpotencias en el futuro. ¿Qué pasó? Un campesino ignorante y sin educación sí es una carga para la sociedad, pero una vez que recibe educación, puede cambiar el destino del mundo.
Esta entrevista sirvió de base para La gran narrativa, el nuevo libro de Klaus Schwab y Thierry Malleret que recoge la Visión de Davos y explora cómo podemos dar forma a una narrativa común y constructiva para el futuro.
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