Mariana Mazzucato sobre repensar el Estado para mejorar las alianzas

Mariana Mazzucato, Professor, University College London
Mariana Mazzucato, Professor, University College LondonImage: World Economic Forum / Manuel Lo
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  • Mariana Mazzucato, profesora del University College London, ha dedicado su carrera a desafiar a los responsables políticos para que repiensen cómo colaboran con los líderes empresariales para provocar un cambio significativo en sus comunidades.

  • En la siguiente entrevista, afirma que es optimista en cuanto a que los movimientos sociales actuales y la disposición de las empresas y los gobiernos a actuar abren un camino para abordar los problemas clave a los que se enfrenta el mundo.

  • Esta entrevista es una de las aportaciones de The Great Narrative, el nuevo libro de Klaus Schwab y Thierry Malleret.

¿Cómo pueden las instituciones públicas mantener mejores relaciones con las empresas? Ese ha sido un eje central del trabajo de Mariana Mazzucato, profesora del University College London.

Sostiene que el sector público tiene un papel más importante que desempeñar junto con el sector privado para abordar muchos de los problemas que afronta la sociedad.

La siguiente entrevista con Mazzucato fue una de las 50 aportaciones de líderes intelectuales globales para The Great Narrative, el nuevo libro de Klaus Schwab y Thierry Malleret que describe cómo podemos crear un futuro más resiliente, inclusivo y sostenible tras la COVID-19.

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A través del trabajo que he realizado, incluido en mi nuevo libro, Mission Economy: A Moonshot Guide to Changing Capitalism, he trabajado a nivel global y también en el ámbito más local. Una de las cosas más emocionantes, que me acelera el corazón y me hace más feliz, es el trabajo que realizo en Londres, en mi propio barrio de Camden. Es un microcosmos del mundo. Tenemos lo mejor que el mundo puede ofrecer, pero también una privación extrema, delitos con arma blanca y pobreza.

Hemos puesto en marcha la Camden Renewal Commission, que intenta llevar las misiones en las que he trabajado a nivel global a lugares concretos, como la vivienda social. Podemos hacer lo que no podemos hacer a mayor escala, que es sentar a la mesa a ciudadanos, a la gente y a voces diversas. Así, la Misión de Crecimiento Limpio se aloja en viviendas sociales, y desde el principio contamos con las asociaciones de vecinos en la mesa, debatiendo qué significa convivir de forma más sostenible.

Esa clase de participación ciudadana resulta enormemente interesante. Recientemente pusimos en marcha un consejo, alojado en mi instituto y en ONU-Hábitat, que reúne a alcaldes precisamente en torno a estas cuestiones: por qué necesitamos un nuevo enfoque para unir al sector público y al privado, y qué significa a nivel municipal para los distintos problemas a los que se enfrentan los alcaldes. Así, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) pasan a formar parte de la estrategia de inversión, en lugar de ser un mero elemento secundario.

Repensar el Estado

Durante los últimos 10-15 años, ha realizado una inmensa variedad de trabajos y tiene mucha influencia entre los responsables políticos. Pero si tuviera que definir o destilar todo lo que ha hecho hasta ahora en solo tres frases, ¿cuál sería su gran idea central?

Repensar el Estado, ¡punto final! Literalmente, tres palabras. Pero la frase adicional no se debe a que el Estado sea mejor o más importante, sino a que hemos teorizado y幻imaginado poco el papel que el Estado puede desempeñar colaborando con las empresas. Creo sinceramente que, al final, todo se reduce a la colaboración. Pero mientras que tenemos mucha reflexión sobre el sector privado —disponemos de escuelas de negocios, cursos excelentes, gestión estratégica y ciencias de la decisión—, en el caso del Estado, en el mejor de los casos lo hemos pensado como una forma de corregir los mercados. Ese es el tipo de Estado que tenemos: llega demasiado tarde y con poco, siempre en modo de corrección, ¡sin aliento!

Se trata de asociaciones público-privadas, pero la colaboración se está debilitando por un sector empresarial ultrafinanciarizado y por un sector público poco teorizado y constantemente centrado en corregir problemas.

Mariana Mazzucato, profesora del University College London

¿Cómo se gobiernan, entonces, las plataformas digitales en beneficio común? ¿Cómo logramos un verdadero pacto verde que incluya tanto la oferta como la demanda, así como la contratación pública y una orientación y dirección reales por parte del Estado? No disponemos de organizaciones públicas creadas para hacerlo. Y, de nuevo, se trata de asociaciones público-privadas, pero la colaboración se está debilitando por un sector empresarial ultrafinanciarizado y por un sector público poco teorizado y constantemente centrado en corregir problemas. Mi verdadera contribución se ha centrado en el lado estatal —repensar las instituciones públicas, el sector público, el valor público, el propósito público y las nociones de Estado emprendedor— para que podamos contar con más orientación, pero también con mejores asociaciones con las empresas.

The Great Narrative, de Klaus Schwab y Thierry MalleretImage: Forum Publishing

¿Cree que, a estas alturas, su idea central de repensar el Estado se ha visto confirmada? Ha ganado mucha tracción en los últimos dos o tres años. ¿Son ahora conscientes las personas de lo que esto significa y están dispuestas a poner en práctica algunas de las políticas que usted recomienda?

Creo que sí. El problema es que no basta con escuchar una charla TED. Por eso he creado toda una institución en torno a esto, un departamento del University College London llamado Instituto de Innovación y Propósito Público, porque la formación y el nuevo currículo necesarios para hacer lo que he planteado todavía deben inventarse, y en cierto modo lo estamos inventando. Contamos con un máster en Administración Pública excelente, cuyo eje es repensar el valor, repensar el propósito, repensar las burocracias creativas y utilizar el pensamiento de diseño para transformar nuestros entornos, en lugar de limitarnos a arreglar pequeñas partes desde dentro.

Aunque mi mensaje ha sido escuchado y el lenguaje está cambiando gracias a él, es imposible lograrlo basándose únicamente en una forma estática de seguir haciendo negocios como siempre. Ese rediseño de todas las distintas palancas que tiene el Estado —desde la contratación pública, las subvenciones y los préstamos, hasta la introducción de condicionalidades para establecer un contrato social simbiótico y adecuado, y mucho más— es mucho más difícil que simplemente hablar de ello. La formación y los talleres necesarios sobre el terreno son muy importantes.

Y ahora, cuando el Estado recupera capacidad presupuestaria, eso no basta. No se pueden resolver los problemas simplemente echando dinero. El problema es también, literalmente, rediseñar los fondos públicos para que dejen de ser «máquinas de subsidios», para que dependan menos de garantías y subvenciones, y para que tengan realmente la idea de reconstruir mejor hacia adelante. Eso exige un tipo de asociación público-privada muy diferente, y el sector privado es fundamental en ello. Todavía se realiza un cabildeo muy regresivo por parte de grandes farmacéuticas o empresas tecnológicas, y de algún modo el Estado acaba cediendo porque la narrativa sobre innovación y crecimiento sigue en manos de un pequeño grupo de creadores de valor.

Eso, creo yo, es lo más difícil: crear un conjunto de funcionarios públicos más seguros de sí mismos. Desgraciadamente, la energía en la sala sigue inclinándose más hacia el lado privado, y por eso la palabra «acuerdo» es muy importante, como en el Pacto Verde. Por lo que respecta a la parte «verde», sabemos qué hacer —para ser sinceros, no es ninguna ciencia de cohetes—, pero la parte del «acuerdo» es extremadamente difícil, y eso implica un nuevo contrato social. Cómo hacerlo exactamente requiere mucha más aceptación, porque significa que muchas de las actuales rentas y posiciones de poder establecidas, los beneficios excesivos que existen, deben reducirse.

Por eso, incluso las mismas empresas que acuden a la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos y hablan del valor para los grupos de interés y del propósito, y luego, cuando llega el momento de compartir los derechos de propiedad intelectual durante una pandemia sanitaria, no lo aceptan. Debemos predicar con el ejemplo en materia de valor para los grupos de interés, y utilizar una nueva forma de asociación público-privada es clave para ello.

¿Qué opina de los países o regiones más afines a sus ideas y de aquellos que se muestran más reacios a ellas?

Para ser sincero, mi experiencia no se refiere tanto a países. Hay experimentos u organizaciones, o lo que yo llamo «entornos de prueba», en algunos países que están mucho más dispuestos y capacitados para implementar algunas de las ideas. Incluso en el Reino Unido, a nivel nacional, apenas ha sido un Estado emprendedor en los últimos años, pero algunas de las cosas que ha hecho han resultado enormemente inspiradoras. El Government Digital Service (GDS) creó una plataforma web completamente nueva para el Gobierno, replanteando que los ciudadanos no son clientes ni consumidores, sino usuarios con derechos humanos. Además, un sitio web centrado en el ciudadano busca transformar la relación entre las personas y el Estado de bienestar en lo relativo a la obtención del permiso de conducir y del pasaporte.

Estos ejemplos han requerido un replanteamiento que no se ha producido en otros departamentos. También ha exigido un grupo de talentos que pudieran incorporar bajo la orientación de las personas que crearon BBC iPlayer, lo cual resultó enormemente inspirador, yendo en contra de la tendencia habitual de externalizar este tipo de cosas al sector privado. La BBC es una organización muy interesante que ha reflexionado sobre estas cuestiones del valor público y el propósito público.

Lo interesante a nivel global son los nuevos bancos de desarrollo que se están creando. El Banco Asiático de Desarrollo resulta bastante interesante porque, a partir de las conversaciones que he mantenido con ellos, reconocen que esto no puede limitarse solo a infraestructuras. Esto exige un enfoque más orientado a retos y a misiones para el propio Banco, en el que no se trata de elegir ganadores —una lista estática de sectores o tipos de empresas, como las pequeñas y medianas empresas—, sino de elegir problemas y después utilizar financiación paciente y a largo plazo para estimular a quienes están dispuestos, y aportar financiación adicional a quien es pequeño (pero no es por ser pequeño por lo que se recibe el dinero).

De forma similar, existen fondos públicos de inversión, como Yozma en Israel, un buen ejemplo del pasado. He trabajado con ciudades y estados, como California, y he puesto en marcha un nuevo fondo público de inversión precisamente porque gran parte de la riqueza generada en California fue resultado de cuantiosas inversiones sociales, pero después las ganancias se privatizaron. ¿Cómo se diseña un fondo de este tipo a nivel estatal y municipal? Singapur resulta bastante interesante porque ha logrado que ser funcionario resulte atractivo. Esto se aplica tanto a las estructuras salariales —yendo en contra de la idea habitual de que hay que pagar a los funcionarios lo mínimo para que vayan a otra parte— como a tener ideas explícitas sobre el Estado emprendedor, sobre las que he dialogado con ellos. Creo que, gracias a ello, ha conseguido atraer un tipo diferente de talento.

El nivel municipal es muy interesante. Yvonne Aki-Sawyerr, la extraordinaria alcaldesa de Freetown, Sierra Leona, está aplicando una estrategia realmente importante para las ciudades africanas que se centra en grandes problemas relacionados con la desigualdad y el cambio climático, y en utilizar todas las palancas de que dispone la alcaldesa, así como en catalizar distintas formas de asociaciones público-privadas y aumentar la confianza que los ciudadanos depositan en el proceso de formulación de políticas. Esto se debe a que hoy existe un problema de confianza, ya que la gente ha perdido la esperanza tanto en los políticos como en los líderes empresariales, por lo que trabajar a nivel comunitario es muy importante. Por cierto, Ruanda también es muy interesante con su misión libre de plásticos, y estamos trabajando en distintas ciudades de América Latina. La ciudad de Medellín se ha fijado objetivos muy ambiciosos, como Medellín la más educada, la ciudad más educada a la que aspiran llegar. Pero para ello ha sido necesario reunir a distintos actores para situar la educación permanente en el centro de la estrategia urbana.

Visión de futuro

En pocas palabras, ¿cuál es su visión del mañana? ¿Cómo ve la evolución del mundo en los próximos años?

La cuestión más importante es el acuerdo: un nuevo acuerdo orientado a objetivos que tienen que ver con un pacto verde, pero también con un acuerdo sanitario y con una nueva forma de gobernar las plataformas digitales. Tenemos asociaciones muy problemáticas y ecosistemas parasitarios. Basta con ver lo que ocurre con la vacuna contra la COVID-19: se han invertido miles de millones por parte de los sectores público y privado, con mucho capital privado en fase temprana durante la etapa de mayor riesgo del desarrollo de las seis vacunas y, aun así, permitimos que el ecosistema siga siendo tan parasitario como siempre, alimentándose de enormes cantidades de financiación pública. Después permitimos que estos derechos de propiedad intelectual y precios muy elevados, que luego el Estado debe subvencionar una y otra vez mediante distintos mecanismos. Esa es una forma muy ineficiente de impulsar una asociación público-privada en el ecosistema de innovación.

Creo que es sumamente importante lograr un acuerdo más simbiótico; un acuerdo más mutualista; una asociación público-privada funcional, y no disfuncional, y establecer métricas para la asociación, del mismo modo que existen métricas para las normas ambientales, sociales y de gobernanza en las empresas. Además, el contexto es uno en el que la participación del trabajo en la renta mundial es la más baja que jamás haya existido, mientras que la participación de los beneficios es una de las más altas que jamás se han registrado, y gran parte de esos beneficios son rentas.

Y no basta con aumentar los indicadores de bienestar y el PIB. De hecho, tenemos que depurar nuestras medidas de crecimiento de toda la búsqueda de rentas y de las rentas que acumulan distintos tipos de poder monopolístico. Es muy importante y forma parte del propio acuerdo, pero eso exige una comprensión mucho más cuidadosa y detallada de lo que ocurre en el ámbito de las plataformas digitales, en el de la innovación sanitaria y en el de la revolución sostenible y energética. Necesitamos remangarnos y entrar en los detalles.

Tenemos que dejar de hablar en un nivel tan difuso (como dirían mis hijos) y concretarnos. Para ello necesitamos asociaciones en las que podamos probar una relación distinta. Como ocurre con la vacuna: si se observa la asociación con AstraZeneca y la asociación con Pfizer, la de AstraZeneca fue mucho más ambiciosa en cuanto a trabajar con investigadores de la Universidad de Oxford, pagados con fondos del sector público, y por eso impuso condiciones muy estrictas sobre las temperaturas de la vacuna, sobre el coste y los precios, así como sobre el intercambio de conocimientos.

Diferenciar un proyecto de otro y aprender a hacer las cosas de esta manera más funcional y simbiótica exige un nivel de granularidad que debe ir más allá del habitual pensamiento compartimentado entre lo público y lo privado. De nuevo, es muy fácil hablar de asociaciones público-privadas; es mucho más difícil diseñarlas para que sean buenas asociaciones.

¿Qué le hace ser optimista respecto al futuro?

Solo llevamos seis años con los ODS, así que ya es un contexto optimista (desde 2015 tenemos 17 objetivos acordados). Además, el sector empresarial al menos habla ya de propósito y valor para los grupos de interés. Y está mi trabajo, que consiste en tratar de convencer a los gobiernos para que sitúen las misiones públicas en el centro. Por eso, lo que me hace ser optimista es la posibilidad de unir las misiones públicas y el propósito privado en torno a los ODS, así como la urgencia que se requiere en la actualidad.

Son los jóvenes quienes lo exigen —por ejemplo, con la presión constante de Fridays for Future y Black Lives Matter— para que esto funcione para todos, en lugar de quedarse, en el mejor de los casos, en una especie de debate al estilo de Davos. Eso me hace ser optimista. La combinación de los tres —los movimientos sociales que impulsan el cambio, la aparente disposición de las empresas a situar el propósito en el centro y la de los gobiernos a situar las misiones en el centro— me hace ser optimista respecto a que existe un camino por delante.

Esta entrevista sirvió como aportación para The Great Narrative, el nuevo libro de Klaus Schwab y Thierry Malleret que encapsula la Visión de Davos y explora cómo podemos dar forma a una narrativa común y constructiva para el futuro.

El libro ya está a la venta en Amazon. Puede pedir una copia en formato Kindle o en rústica en Amazon.com, Amazon.fr, Amazon.de, Amazon.co.uk, Amazon.ca, Amazon.com.au y en cualquier tienda de Amazon del mundo. Es la segunda entrega de la serie The Great Reset. Puede descargar el libro gratis en Amazon Kindle hasta el 10 de enero de 2022.

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