La nueva agencia digital de Japón y otras iniciativas están concebidas para allanar el camino a la transformación digital del país, largamente postergada.
La Ley de Superciudades tiene como objetivo mejorar la colaboración entre los sectores público y privado para la transformación digital de las ciudades.
Japón fue uno de los primeros y más entusiastas defensores de la Alianza Global de Ciudades Inteligentes del G20, cuyo intercambio de conocimientos promete propiciar la convergencia en cuestiones clave como la privacidad, la interoperabilidad y los modelos de negocio.
Este artículo apareció anteriormente en Forbes.
Para un país tradicionalmente apegado a la burocracia en papel, la pandemia de COVID-19 está poniendo de relieve la importancia de la digitalización para transformar radicalmente y modernizar los servicios públicos, desde la educación hasta la salud, a fin de adaptarse a las circunstancias cambiantes que ha provocado la pandemia.
Pese a su reputación mundial por sus notables avances tecnológicos, el sector público de Japón —y buena parte de su sector privado— ha tardado en abrazar la era digital, aunque la ciudadanía es cada vez más consciente de la necesidad de desplegar políticas digitales de amplio alcance.
Por eso, el anuncio que hizo el Gobierno japonés el año pasado sobre la creación de una nueva agencia digital para allanar el camino a la transformación digital del país fue recibido con gran entusiasmo y altas expectativas. Las nuevas iniciativas digitales se están organizando en torno a una visión conocida como Sociedad 5.0, que busca integrar las posibilidades de las tecnologías digitales con las necesidades humanas. Esta visión encaja perfectamente con la promesa de las ciudades inteligentes, que ofrecen una oportunidad sin precedentes para mejorar la vida de millones de habitantes urbanos e impulsar el crecimiento económico.
Por tanto, no sorprende que las estrategias de ciudades inteligentes estén por fin despegando en todo Japón.
El dilema de los innovadores
No siempre fue así. Japón quizá sea el país más urbanizado del G20, y sus ciudades llevan décadas inspirando visiones de nuestro futuro urbano; sin embargo, su condición de tercera economía más grande del mundo no suele verse reflejada en la competitividad digital de sus ciudades. En una clasificación reciente del influyente Centro de Competitividad Mundial del IMD, Japón ocupa apenas el puesto 27 del mundo en competitividad digital.
En algunos aspectos, Japón ha caído en el dilema del innovador. Las aplicaciones que indican cuánto falta para que llegue el autobús no son tan útiles cuando este llega siempre puntual, todos los días. Los formularios en papel no son tan problemáticos cuando las tasas de error son bajas. Paradójicamente, la capacidad de Japón para gestionar eficientemente sus sistemas analógicos heredados —con sellos personales de tinta (hanko) e incluso máquinas de fax— quizá lo haya dejado rezagado en la transformación digital que otros países impulsaron para hacer frente a los desafíos sociales.
Pero esto está a punto de cambiar con la agencia digital del Gobierno y otras iniciativas. El nuevo ministro de Transformación Digital, Takuya Hirai, ha prometido que tendrán autoridad para impulsar cambios sustanciales y permitir que el Gobierno emule la transformación digital continua del sector privado.
Cambios desde arriba y desde abajo
En mayo de 2020 se promulgó en Japón la Ley de Superciudades. Esta nueva ley tiene como objetivo mejorar la colaboración entre los sectores público y privado para la transformación digital de las ciudades. Las ciudades seleccionadas como Superciudades desplegarán inteligencia artificial y macrodatos en la atención médica, la educación, la energía, la prevención del delito y el transporte, incluido el desarrollo y uso de vehículos autónomos.
Las autoridades de las Superciudades nombrarán «arquitectos de ciudades inteligentes» con facultades para coordinar los servicios y la tecnología en sus regiones. Esto debería resolver dos problemas de larga data: lograr que cooperen los organismos aislados entre sí y garantizar la interoperabilidad de los sistemas en distintas jurisdicciones.
Mientras el Gobierno nacional marca la pauta, las propias ciudades también impulsan el cambio. Fukuoka, por ejemplo, está eliminando el tradicional sello hanko exigido en los documentos oficiales japoneses, para que los formularios puedan digitalizarse. La ciudad de Kakogawa está introduciendo Decidim, una plataforma de democracia participativa que se originó en Europa. Muchos de estos cambios están siendo impulsados por una generación más joven de líderes municipales y del sector público, comprometidos con superar la resistencia institucional para reformar radicalmente los servicios públicos mediante la innovación y la adopción de nuevas tecnologías.
En el Japón pospandémico, la recuperación económica será prioritaria, y estas iniciativas digitales se consideran una forma de fomentar el crecimiento sostenible a largo plazo y, al mismo tiempo, atender las necesidades de la ciudadanía. Algunos ejemplos:
En la prefectura de Hiroshima, se ha implementado una plataforma de intercambio de datos en el marco de una iniciativa gubernamental, mediante la cual se vinculan y analizan datos de más de 10 empresas privadas para optimizar la región.
Algunas ciudades miembros de la Alianza Global de Ciudades Inteligentes del G20, como Hamamatsu, Kaga y Kakogawa, han comenzado a implementar redes 5G locales y acceso inalámbrico de banda ancha regional mediante cable, y la inversión en este tipo de infraestructura está acelerándose.
La ciudad de Tsukuba está acelerando los servicios médicos en línea en colaboración con varias empresas emergentes.
En la ciudad de Maebashi, 155 empresas privadas han solicitado participar en la convocatoria pública del proyecto Super City, lo que indica un gran interés del sector privado en los proyectos de ciudades inteligentes.
Desafíos por delante
Pese a estos esfuerzos, las ciudades de Japón aún afrontan enormes desafíos para volverse «más inteligentes». En el pasado, nuestras ciudades han competido por atraer inversiones y obtener reconocimiento; al trabajar de forma aislada, les ha costado formular estrategias a largo plazo, adoptar políticas tecnológicas sensatas y negociar con proveedores globales de tecnología. Sumados a procesos de contratación engorrosos, sistemas fragmentados y dependencia de sistemas heredados, estos factores han provocado demasiados fracasos. Estas barreras, que afectan a ciudades de todo el mundo, siguen frenando a las ambiciosas ciudades japonesas e impidiéndoles alcanzar la transformación que propone Sociedad 5.0.
Con su enfoque de múltiples partes interesadas, el Foro Económico Mundial se esfuerza por aportar una solución. El Centro para la Cuarta Revolución Industrial reúne conocimientos especializados de todo el mundo en la Alianza Global de Ciudades Inteligentes del G20, para definir y compartir normas mundiales de las que puedan aprender ciudades grandes y pequeñas. Japón fue uno de los primeros y más entusiastas defensores de la Alianza, anunciada en la Cumbre del G20 celebrada en Osaka en 2019.
Este tipo de intercambio de conocimientos promete propiciar la convergencia en cuestiones clave como la privacidad, la interoperabilidad y los modelos de negocio. Esa convergencia en torno a normas mundiales es especialmente importante para Japón. Los mercados más grandes, como Estados Unidos y China, pueden establecer sus propias normas, y el mercado las seguirá. No puede decirse lo mismo de otras economías, entre ellas Japón. Si no sigue las normas mundiales, Japón podría quedar atrapado en ecosistemas de productos cerrados.
Ahora, el Foro busca reunir a las comunidades japonesas de ciudades inteligentes para trazar juntos un futuro más abierto y global, planteando preguntas como estas: ¿Cómo podemos implementar servicios digitales que empoderen a las personas en un mercado global abierto, en lugar de perseguir la optimización individual? ¿Cómo promoveremos la creación de las normas mundiales necesarias para lograrlo?
Celebramos la oportunidad que ofrecerá la celebración en Japón de la Cumbre Global sobre Gobernanza Tecnológica para profundizar el debate sobre este tema.





