Los inversores de impacto buscan generar rentabilidad financiera y, al mismo tiempo, abordar desafíos globales como el cambio climático y la escasez de agua.
Uno de los principales focos de los inversores de impacto ha sido la descarbonización.
Otro foco productivo sería cerrar la brecha digital.
En un momento de crisis global, ¿qué se puede hacer para acelerar el cambio positivo? Los inversores de impacto tienen un papel clave, ya sean emprendedores, firmas de capital riesgo, instituciones financieras o grandes empresas cotizadas. Para quienes no estén familiarizados con el término, la inversión de impacto es una estrategia de inversión en rápido crecimiento en la que los inversores buscan generar una rentabilidad financiera significativa y, al mismo tiempo, abordar diversos desafíos, desde el cambio climático y la escasez de agua hasta la falta de acceso a la atención sanitaria y la educación, así como la creciente brecha de riqueza.
Un ejemplo reciente es el desarrollo de vacunas contra la COVID-19 durante la pandemia: un enorme desafío resuelto en tiempo récord gracias a la colaboración entre los sectores público y privado, en la que empresas de las carteras de capital privado participaron en casi todas las etapas del proceso, desde el desarrollo de medicamentos hasta el transporte de vacunas.
La idea de que la inversión de impacto desempeñará un papel importante en la solución de muchos de los problemas del mundo es cada vez más generalizada, tanto en el ámbito empresarial como en las políticas públicas. Por ejemplo, la Comisión Europea promueve activamente la inversión de impacto como parte de los objetivos de la UE para 2030 de lograr una reducción del 55% en las emisiones de gases de efecto invernadero.
Una tendencia de inversión en auge
El mercado mundial de la inversión de impacto se estima en más de 1,1 billones de dólares. Rockefeller Philanthropy Advisors, una de las mayores organizaciones filantrópicas de Estados Unidos, afirma que la inversión de impacto representa ahora uno de cada tres dólares invertidos en Estados Unidos, y que esto se debe, en gran medida, al creciente papel de las mujeres y de los titulares de patrimonio de la próxima generación en las decisiones de inversión.
Hasta ahora, el principal foco de los inversores de impacto han sido las iniciativas de descarbonización. Un ejemplo se encuentra en la industria siderúrgica, un sector que todavía depende en gran medida del carbón. Con el respaldo de inversores privados, incluidos fondos de pensiones, la empresa sueca H2 Green Steel se fundó en 2020 para producir acero en una planta que funciona con hidrógeno verde. La empresa aspira a producir 5 millones de toneladas de acero libre de combustibles fósiles para 2030 y estima que el uso de hidrógeno reducirá las emisiones de CO2 en un 95 por ciento.
Ahora, los inversores de impacto prestan cada vez más atención a factores económicos y sociales más amplios, incluido el acceso a la educación y a la financiación.
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Cerrar la brecha digital
Un ámbito productivo en el que los inversores de impacto pueden centrarse ahora es cerrar la brecha digital, lo que aportaría diversos beneficios sociales y económicos. Se ha demostrado que el acceso a Internet en las escuelas aumenta el PIB de una economía, porque una población juvenil con mayor nivel educativo da lugar a una fuerza laboral más instruida, con mayor capacidad para innovar y generar ideas pioneras. Esto, a su vez, facilitará un círculo virtuoso de mayores ingresos, más gasto, más empleos, mayor desarrollo económico y, de nuevo, mayores ingresos. Por ejemplo, para 2025, se estima que el PIB de Níger aumentaría un 20 por ciento si mejorara su conectividad hasta alcanzar el mismo nivel que Finlandia.
El Banco Mundial reconoce la inclusión financiera como un factor clave para impulsar la prosperidad. En la actualidad, unos 1.400 millones de adultos en todo el mundo siguen sin poder acceder a préstamos asequibles, seguros, cuentas de ahorro y pagos digitales. En África, casi el 60% de la población no tiene ningún tipo de cuenta bancaria, y la desconfianza en el sistema bancario tradicional está muy extendida. Sin embargo, la mayoría de los africanos sí tiene conexión móvil y confía en su operador de telefonía móvil.
Los sistemas de dinero móvil son un motor de inclusión financiera que puede mejorar significativamente la vida de las personas y, al mismo tiempo, representa una gran oportunidad de negocio para proveedores como operadores de telecomunicaciones, bancos, empresas fintech e instituciones financieras. BlackRock, una firma de inversión estadounidense, es uno de los inversores que ha detectado este potencial. A través de su equipo Global Impact, la firma invierte en varias empresas que ofrecen servicios de dinero móvil a poblaciones desatendidas de mercados emergentes.
Otro actor que apostó fuerte por el dinero móvil es el operador de telecomunicaciones MTN. Su servicio de dinero móvil es uno de los más grandes del continente africano y ofrece monederos móviles a más de 63 millones de africanos en 16 países. Este tipo de servicios financieros móviles ha permitido que muchas personas excluidas financieramente se incorporen al ecosistema financiero formal. Sin embargo, dado que alrededor de una cuarta parte de los adultos del mundo todavía no tiene cuenta bancaria, aún debemos avanzar en este ámbito.
El objetivo para 2030 de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU (ODS) se acerca rápidamente, y la asignación de capital a estos objetivos sigue siendo insuficiente. En concreto, se estima que la brecha de financiación necesaria para alcanzar los ODS asciende a 4,2 billones de dólares. Por lo tanto, es imperativo que los actores de la industria de todos los sectores inviertan en la transformación necesaria para revertir el cambio climático y abordar la desigualdad social y financiera.
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