Cómo acelerar una transición energética limpia, segura y justa

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  • La seguridad energética es actualmente la máxima prioridad para muchos gobiernos, lo que se refleja en medidas de política a corto plazo.

  • La gran pregunta que marcará 2023 es si esta prioridad afectará negativamente a los objetivos de sostenibilidad a largo plazo.

  • La inversión, la transición y el despliegue a gran escala deben producirse para 2030 de una forma sin precedentes en cualquier otra transformación global.

La pandemia, la recuperación económica, una geopolítica inestable y la guerra en Ucrania han generado presiones graves en toda la cadena de valor energética, desde el suministro hasta la entrega y la demanda, lo que ha provocado una crisis energética mundial.

Sigue siendo posible llevar a cabo una transición energética integral, pero, como pusieron de manifiesto los acontecimientos de 2022, los planes y las prioridades están a merced de la geopolítica, de las decisiones de inversión y de los imperativos del desarrollo económico, lo que sugiere que serán necesarios el pragmatismo, la agilidad, la ambición y un enfoque sistémico.

Actualmente, la seguridad energética es la máxima prioridad para muchos gobiernos, lo que se refleja en medidas de política a corto plazo —como la sustitución de combustibles, las intervenciones en el mercado y la política fiscal— destinadas a mantener los niveles de vida que proporciona un sistema energético en funcionamiento. A medio y largo plazo, alcanzar los objetivos climáticos, garantizar el crecimiento económico y hacer posible una transición energética justa para todos son fundamentales, ya que se estima que, para 2050, la economía mundial habrá duplicado su tamaño y dará servicio a dos mil millones de personas adicionales.

¿Cómo impulsa el Foro Económico Mundial la transición energética?

El Centro de Energía y Materiales conecta a líderes para dar sentido a las complejas transiciones que están transformando los sistemas energéticos, de materiales e industriales. Ofrece una plataforma para explorar cómo se cruzan la seguridad energética, la asequibilidad y la sostenibilidad.

Mediante la colaboración a lo largo de las cadenas de valor y de las regiones, el Centro hace posibles trayectorias compartidas que ayudan a los socios a alinearse en torno a soluciones prácticas para una transición segura, baja en carbono y equitativa.

Descubra el trabajo del Centro

El pilar de la economía moderna y futura

La energía es un pilar fundamental de la economía mundial y, por ello, la crisis nos ha obligado a replantear a fondo la forma en que la producimos, la distribuimos y, lo que es más importante, la consumimos. Sin embargo, abordar el statu quo y cumplir las tres dimensiones de la sostenibilidad, la seguridad y la asequibilidad es una tarea ardua y muy compleja, sustentada en una multitud de desafíos e interrelacionada con ellos.

La gran pregunta que surgió en 2022 y que marcará 2023 es si la urgencia a corto plazo de mantener el suministro eléctrico afectará negativamente a los objetivos de sostenibilidad a largo plazo. Aunque las pruebas de los últimos meses son desiguales, la crisis ha sido una llamada de atención sobre la urgencia de reformar el sistema energético, y no solo por motivos de sostenibilidad.

Equilibrar estas múltiples dimensiones y, en última instancia, alcanzar cero emisiones netas para 2050 depende de un despliegue rápido de la generación de energía limpia, de mejoras en la eficiencia energética y de un uso extensivo de medidas de eliminación de dióxido de carbono. El reloj avanza y se requieren cambios importantes de inmediato. La inversión, la transición y el despliegue a gran escala deben producirse para 2030, de una manera quizá sin precedentes en cualquier otra transformación global.

Los pilares clave de la transición energética

Mejorar la eficiencia es el primer paso de la transición. Aunque la eficiencia energética puede no tener el atractivo de las nuevas fuentes de energía, la evolución de las tecnologías digitales ofrece una gran oportunidad para erradicar el desperdicio innecesario que está integrado en nuestro sistema energético actual. Con ello se logran reducciones considerables de las emisiones.

El segundo paso consiste en modificar los patrones de demanda industrial y minorista. A medida que las economías se desarrollan y crecen, también aumenta la demanda de productos con alto consumo energético, como el cemento y el acero. Responder a estos avances de forma que se cumplan los objetivos de sostenibilidad significa que la cantidad de energía necesaria para producir una unidad de PIB en 2050 debe ser el 50 % de la actual. En este sentido, además de la electrificación con energía limpia, combustibles como el hidrógeno desempeñarán un papel importante como herramienta de descarbonización en los procesos industriales y, por tanto, en la transformación de la industria.

La iniciativa de Agrupaciones de Industrias en Transición del Foro Económico Mundial reúne a empresas y gobiernos para compartir conocimientos y mejores prácticas con el fin de alcanzar cero emisiones netas. El objetivo general es reducir las emisiones en las industrias y los sectores energéticos de difícil descarbonización, al tiempo que se apoya la competitividad económica y el crecimiento del empleo.

El tercer factor es la necesidad de generar energía limpia a gran escala. Para lograrlo, el suministro de electricidad con cero emisiones de carbono debe aumentar al menos tres veces para 2030. Paralelamente, debe acelerarse el proceso de autorización de la energía limpia y de la infraestructura relacionada, desde la fase de proyecto hasta la de funcionamiento. La inversión total en redes eléctricas debe pasar de aproximadamente 300 000 millones de dólares a 820 000 millones de dólares para 2030, y las redes eléctricas (cuya construcción tardó más de 130 años) deben más que duplicar su longitud para 2040 y aumentar otro 25 % para 2050.

Por último, reconociendo que los combustibles fósiles seguirán formando parte de la economía durante años, una dirección probable y realista a corto plazo consiste en garantizar la viabilidad futura de estos tipos de combustible. Esto implica acelerar el avance de las tecnologías de captura, utilización y almacenamiento de carbono (CCUS) y maximizar la eficiencia de los activos existentes. CCUS puede desempeñar tres funciones a escala mundial y nacional. Puede reducir las emisiones netas de gases de efecto invernadero a corto plazo, compensar las emisiones residuales de difícil reducción a medio plazo y lograr emisiones netas negativas a largo plazo.

Soluciones holísticas y estructurales

Acelerar una transición energética sostenible, segura y justa requiere un enfoque holístico y soluciones estructurales. Centrar los esfuerzos en el suministro, la distribución y la demanda de energía, junto con una transformación más amplia en todos los ámbitos, desde los combustibles utilizados hasta la infraestructura construida, es fundamental.

Será necesario abordar nuevos problemas, en gran medida imprevistos, que generarán los distintos tipos de combustible y sus cadenas de suministro. Los responsables de la formulación de políticas también deberán tener en cuenta la interconexión del sector energético con otros sistemas importantes, en particular la alimentación, el agua, la biodiversidad y la movilidad. Las nuevas políticas energéticas tendrán consecuencias para estos sistemas, y viceversa.

Desarrollar un terreno común mediante una colaboración radical entre los modelos financieros, regulatorios y de la industria garantizará que podamos afrontar esta crisis y aprovechar las oportunidades que crearán un futuro energético sostenible, seguro y asequible.

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