Las crisis recientes han agravado las profundas divisiones y desigualdades en todo el mundo. Al mismo tiempo, persiste la necesidad urgente de abordar los desafíos globales compartidos, lo que plantea la cuestión de cómo resolverlos en un mundo fragmentado.
En un mundo cambiante, los modelos anteriores para alcanzar objetivos globales compartidos ya no son válidos.
Parte de la solución a estos desafíos reside en un nuevo enfoque del liderazgo empresarial que incluya innovación y colaboración, un contrato social revisado y un renovado énfasis en políticas públicas constructivas.
Estamos en un punto de inflexión histórico. El desplazamiento y la destrucción provocados por la COVID-19 y la invasión de Ucrania han sellado el fin del mundo posterior a la Guerra Fría. Además, estas crisis agudas han revelado y agravado profundas divisiones y desigualdades sociales.
En medio de este intenso cambio, numerosos desafíos globales compartidos requieren medidas urgentes:
- Una transición energética justa e inclusiva para limitar el calentamiento global a menos de 2 °C.
- La preservación de la naturaleza y los ecosistemas, incluidos los sistemas alimentarios, para que las personas puedan prosperar.
- Medidas para abordar la desigualdad de ingresos.
- Sustituir los sistemas que obstaculizan la equidad racial y de género.
- La protección de los derechos humanos, el Estado de derecho y la democracia.
El progreso humano depende de lo bien que respondamos al dilema que define nuestro tiempo: ¿cómo resolvemos desafíos globales interdependientes cuando nuestro mundo se está fragmentando profundamente?
Desafíos globales: desinformación y polarización
La «Gran Fragmentación» está impulsada por múltiples factores. Las tecnologías de la información amplifican la desinformación y los comportamientos tribales, reforzados por el auge de la «splinternet». A ello se suma el colapso medioambiental, que agrava las tensiones sociales y la polarización política, el declive democrático y las divisiones geopolíticas que abren brechas entre países y dentro de ellos. Además, los cambios sociales, que reflejan tanto avances importantes como una fuerte reacción en contra, así como el aumento de la precariedad y la desigualdad económicas, fragmentan aún más las sociedades.
Cada fuerza de fragmentación es poderosa. Sus interconexiones multiplican su impacto general y dificultan hacerles frente. Los oportunistas políticos instrumentalizan las divisiones sociales. Las redes sociales aceleran la fragmentación. Y el pensamiento maximalista («mi causa es la única que importa y es existencial») dificulta la creación de coaliciones, incluso entre posibles aliados.
En este contexto dinámico y complejo, se necesita un nuevo enfoque del liderazgo empresarial, más comprometido con el bien público y con tres elementos clave:
1. Innovación y colaboración para acelerar el avance hacia los compromisos existentes.
2. Contribuir a modernizar y fortalecer el contrato social.
3. Renovar el énfasis en soluciones constructivas de política pública.
Estos pasos ayudarán a resolver los desafíos globales y a abordar la fragmentación desde su origen, aportando un «elemento aglutinador» que permita una mayor cohesión en torno a la equidad social y el consenso.
Innovación y colaboración
Aunque las empresas han asumido numerosos compromisos nuevos, existe escepticismo sobre hasta qué punto la ambición se traduce en acciones con efectos reales. Esas dudas merecen una respuesta.
Las empresas han abrazado la visión de una economía con cero emisiones netas. Ha llegado el momento de redoblar los esfuerzos para hacerla realidad. Entre las medidas clave figuran fijar objetivos a corto y medio plazo, asumir compromisos con una transición energética justa e inclusiva y reforzar los esfuerzos para lograr reducciones de las emisiones de alcance 3.
Del mismo modo, muchas empresas han apoyado el avance de la equidad, la inclusión y la justicia. Es esencial respaldar las intenciones con acciones y reforzar los esfuerzos para abordar los cambios sísmicos en el mundo laboral, las persistentes brechas de riqueza por motivos raciales y de género, y la creciente desigualdad de ingresos.
También hacen mucha falta reformas de la gobernanza empresarial. Por ejemplo, avanzar en la diversidad de los consejos de administración y en sus competencias en materia ambiental, social y de gobernanza (ASG) ayudará a que estos guíen a las empresas en el desarrollo de estrategias empresariales verdaderamente resilientes.
Estos esfuerzos deben ir acompañados de un compromiso renovado con la innovación y la colaboración. Las mejoras graduales de los modelos existentes no lograrán el cambio sistémico necesario. Están surgiendo productos innovadores y nuevas coaliciones que permiten avanzar hacia el fin del motor de combustión interna, la descarbonización de la industria pesada y la creación de nuevos servicios que respondan a las necesidades de las comunidades; es preciso acelerar estos avances.
Modernizar el contrato social
Los últimos años han revelado y agravado las deficiencias de nuestros contratos sociales, en parte porque se basan en estructuras sociales, modelos económicos y características demográficas que definieron a la sociedad de la posguerra. No tienen en cuenta las nuevas tecnologías ni cuestiones fundamentalmente nuevas, entre ellas la crisis climática. La nueva era exige que las empresas asuman un papel activo, respetando plenamente la función del gobierno, para redefinir el contrato social del siglo XXI y permitir que todas las personas participen plenamente en la sociedad y la economía.
Entre las características clave de un contrato social contemporáneo deberían figurar el aprendizaje a lo largo de toda la vida, prestaciones transferibles y la ampliación de las protecciones laborales a modalidades de trabajo contingente en rápido crecimiento. Esto proporcionará a todos una mayor protección social y movilidad, y promoverá fuerzas laborales dinámicas e innovadoras que permitan prosperar a las empresas.
El contrato social también debe tener en cuenta la necesidad urgente de una transición energética justa e inclusiva, ofreciendo asistencia durante la transición a las personas y comunidades desfavorecidas por este cambio, considerando la equidad intergeneracional y facilitando el acceso de todos a la energía limpia.
Por último, el nuevo contrato social debe tener en cuenta las implicaciones de las nuevas tecnologías, facilitar un acceso amplio y establecer normas que permitan mantener la innovación, con protecciones frente a sus repercusiones en los derechos humanos y la privacidad.
El progreso humano depende de lo bien que respondamos al dilema que define nuestro tiempo: ¿cómo resolvemos desafíos globales interdependientes cuando nuestro mundo se está fragmentando profundamente?
Aron Cramer, presidente y director ejecutivo de BSR
Mayor énfasis en las soluciones de política pública
La primacía de la economía de mercado que caracterizó el período inmediatamente posterior a la Guerra Fría está pasando a la historia. Las soluciones de mercado por sí solas no bastarán para resolver los importantes desafíos globales que afrontamos; ha llegado el momento de que las empresas adopten un compromiso más activo y constructivo con las soluciones de política pública.
A muchos líderes empresariales puede incomodarles este papel: consideran que las minas políticas y el riesgo de alejar a grupos clave pesan más que las oportunidades de lograr avances. Este análisis de riesgos y beneficios pierde de vista el panorama general.
Abordar nuestros desafíos globales compartidos requiere marcos de políticas que alineen los incentivos y trasciendan las divisiones. Buscar activamente políticas inteligentes responde tanto al interés propio de las empresas como al interés público.
Un paso esencial consiste en reorientar los mercados de capitales hacia la creación de valor a largo plazo. Es crucial promover normas universales de presentación de informes y divulgación que abarquen la creación de valor social y ambiental, como las del Consejo de Normas Internacionales de Sostenibilidad (ISSB) y el Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras Relacionadas con el Clima (TCFD). Las empresas también deben contribuir a reforzar la transparencia y la equidad fiscales. Esto generará medidas de valor más realistas, mejorará la equidad económica y aliviará una de las principales causas de la fragmentación: la percepción de que la economía está amañada en contra de la persona promedio.
También es necesario reducir la primacía de las asociaciones comerciales, que con demasiada frecuencia adoptan una postura hostil por reflejo frente a soluciones de política pública con visión de futuro. Su estrategia ya no funciona —si es que alguna vez lo hizo—, y las empresas que la hacen posible prestan un flaco servicio.
Un punto de inflexión para el progreso humano
Que el punto de inflexión que afrontamos conduzca a un futuro prometedor o alarmante depende de que podamos superar y sanar nuestra profunda fragmentación.
Los modelos que han definido las últimas tres décadas ya no bastan. Si traducimos la ambición empresarial en acciones reales, modernizamos y fortalecemos nuestros contratos sociales y reorientamos los marcos de mercado y de políticas, podremos generar soluciones a los desafíos globales compartidos que definirán el progreso humano en las próximas décadas.





