Cómo la industria de Dinamarca redujo las emisiones y aumentó la productividad

Birds fly over the waters of the Yamuna river near the Signature bridge, after air pollution level started to drop during a nationwide lockdown to slow the spreading of the coronavirus disease (COVID-19), on Earth Day in New Delhi, India, April 22, 2020. REUTERS/Anushree Fadnavis - RC2O9G9SOW20
A reduction in air pollution and carbon emissions is a small positive side-effect of lockdowns.Image: REUTERS/Anushree Fadnavis
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  • La industria manufacturera puede reducir las emisiones al mismo tiempo que mejora la productividad.

  • La eficiencia energética, la electrificación, el transporte ecológico y el cambio al biogás pueden encaminar a la industria hacia el cero neto.

  • Un impuesto al carbono es una herramienta de política importante para acelerar el camino hacia el cero neto.

La pandemia de COVID-19 ha hecho que se cernieran nubarrones oscuros sobre todo el mundo, lo que ha provocado crisis sanitarias y económicas para países, empresas y comunidades. No podemos subestimar la gravedad de esta situación. Y se necesita actuar aquí y ahora.

Paradójicamente, los nubarrones oscuros de la COVID-19 también han dado lugar a cielos despejados en muchos lugares, ya que la pandemia obligó a confinar a sociedades e industrias de todo el mundo, lo que redujo las emisiones de carbono como un pequeño efecto secundario positivo.

Actualmente, me pregunto cómo mantener los cielos despejados sin los efectos negativos en la economía, que provocan desempleo masivo e inseguridad. Porque el hecho es que la crisis climática persiste. Sin acciones colectivas y decisivas, no solo persistirá, sino que aumentará en gravedad y desestabilizará a países, empresas y comunidades de todo el mundo.

Afortunadamente, hay áreas en las que podemos introducir cambios significativos para combatir colectivamente el cambio climático y lograr la reducción drástica de las emisiones de carbono necesitamos evitar destruir el clima, al tiempo que creamos empleo. Una de estas áreas decisivas es la industria. Este sector representa el 24% de las emisiones de carbono mundiales. Si bien esto significa que somos responsables de una parte importante del total de emisiones de carbono, también significa que estamos en una posición única para actuar y cambiar las cosas para mejor.

Tras años de intensa participación en la agenda climática, con una perspectiva centrada en la industria, y más recientemente como presidente de la Alianza Climática Danesa para la Industria Manufacturera, quisiera ofrecer mi perspectiva sobre cómo podemos garantizar una recuperación verde tras la COVID-19, haciendo de la próxima década una década de acción por el clima.

La industria manufacturera es un pilar de la economía danesa, ya que representa más del 40% de las exportaciones de bienes de Dinamarca en su conjunto. Mediante esfuerzos continuados, estamos convirtiendo a la industria danesa en un ejemplo vivo de que reducir nuestra huella de carbono no equivale a un peor rendimiento. Al contrario, estamos demostrando que puede hacerse al tiempo que aumentamos el crecimiento y mejoramos la productividad. Desde 1990, la industria manufacturera danesa ha reducido las emisiones de carbono en un 65%, al tiempo que ha mejorado la productividad en un 35%.

Nuestras ambiciones van más allá. Queremos alcanzar el cero neto en 2030, probablemente como la primera industria manufacturera del mundo. Aunque los escépticos dirán que la fruta más fácil de alcanzar ya ha sido recogida, consideramos que la realidad es prometedora.

En la Alianza Climática Danesa estudiamos en profundidad las tecnologías que pueden ayudarnos a alcanzar nuestro objetivo. Nuestra conclusión fue centrarnos en cuatro palancas: eficiencia energética, electrificación, un cambio hacia la movilidad ecológica y un cambio hacia el biogás, que pueden encaminar a la industria hacia el cero neto en 2030. En los sectores de difícil descarbonización, una hoja de ruta también incluiría la captura y el almacenamiento de carbono (CCS) y la captura, utilización y almacenamiento de carbono (CCUS).

Lo que hemos aprendido de la Alianza Climática Danesa va más allá del informe final y de sus datos y cifras. Es un proceso: son nuevas formas de trabajar y colaborar. Dedicamos tiempo a movilizar a representantes de las industrias mediante divulgación en línea, hackatones con expertos del sector y sesiones en profundidad con portavoces industriales para establecer un lenguaje común, una comprensión compartida y una visión conjunta de cero neto. Esta fue una buena vía para pasar la ambición de cero neto de una utopía a algo factible y práctico.

En la alianza realizamos una encuesta a una muestra representativa de empresas para conocer algunos de los obstáculos que encuentran al trabajar en iniciativas ecológicas. Comprobamos que «otras prioridades» es la principal razón para omitir las iniciativas ecológicas.

Lo que debemos analizar más a fondo, entonces, es cómo dar a las empresas el incentivo adecuado para que la transición ecológica sea una prioridad mayor. Una herramienta de política que podría ser útil en ese sentido es un impuesto al carbono. Una encuesta reciente entre miembros de la Alianza de Líderes Climáticos de CEO del Foro Económico Mundial apunta a un precio del carbono insuficiente como la principal barrera normativa.

Un ejemplo actual en Dinamarca es el sistema fiscal vigente. Gravamos el uso del calor residual industrial, a pesar de que es una forma eficaz de utilizar la energía, mientras que las emisiones de carbono solo están gravadas en parte de la industria y, en general, a un tipo demasiado bajo. Si esto se invirtiera, existiría un fuerte incentivo económico para realizar inversiones ecológicas en lugar de mantener el statu quo, lo que convertiría un impuesto al carbono en una herramienta de política importante para acelerar el camino hacia el cero neto.

Sin embargo, los impuestos no pueden ser la única herramienta de política. Muchas empresas consideran que la liquidez es un obstáculo. Esto es más relevante que nunca, ya que muchas luchan contra la COVID-19 y sus consecuencias para la economía. En los enormes paquetes de estímulo que los gobiernos del mundo están poniendo en marcha para contrarrestar la pandemia, hay oportunidades. En los países del G20, estos estímulos representan más del 11% del PIB combinado. Con ellos podemos proporcionar la liquidez necesaria para que la industria impulse su transición ecológica y, al mismo tiempo, cree empleo. Por ejemplo, las inversiones en la industria manufacturera tienen el mayor efecto multiplicador del empleo de cualquier sector en Estados Unidos.

Los estímulos ecológicos no son la única forma de movilizar capital. En la Alianza Climática Danesa hemos iniciado una colaboración intersectorial entre la industria y el sector financiero para desarrollar nuevos modelos de inversión ecológica que garanticen la disponibilidad de capital para las iniciativas ecológicas. Trabajo que actualmente está en curso.

Soy consciente de que el camino hacia el cero neto variará según el sector y el país, así como según los sistemas políticos. Sé que algunos tendrían más probabilidades de éxito aplicando otros enfoques distintos a los que he mencionado. Soy consciente de que una hoja de ruta exhaustiva incluiría también las emisiones indirectas de las cadenas de valor de las empresas. Sin embargo, creo que hay una lección común que aprender: el cero neto no es una meta lejana. Las hojas de ruta existen y podemos encontrarlas si las buscamos juntos, entre sectores y ámbitos.

A medida que más actores se sumen a este camino, podremos avanzar hacia el logro del cero neto a nivel mundial. Garantizar cielos limpios y crear empleo para el futuro.

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