El cambio climático, la guerra en Ucrania y la COVID-19 nos muestran que los riesgos sistémicos requieren una respuesta global coordinada.
La abundancia de datos y las plataformas digitales son herramientas vitales para prepararse ante los grandes riesgos y fortalecer la resiliencia frente a ellos.
Los gobiernos y las empresas deben trabajar juntos para desarrollar planes de acción y estar preparados para el próximo evento de riesgo sistémico.
Cuando las aseguradoras hablan de riesgos, estos suelen parecer bastante abstractos. Esto es especialmente cierto en el caso de los riesgos sistémicos, aquellos que trastornan profundamente economías enteras. Sin embargo, en los últimos dos años hemos vivido los riesgos sistémicos de formas muy reales y difíciles.
Primero llegó la COVID-19, con su impacto en la salud pública y los daños que ha causado a las economías en general, además de las innumerables consecuencias personales que muchas personas todavía intentan superar.
En conjunto, hemos aprendido mucho de esta experiencia compartida que sigue en curso, incluida una mayor conciencia no solo de nuestra vulnerabilidad, sino también de cómo podemos trabajar juntos ante una amenaza común sin precedentes.
Luego llegó la guerra en Ucrania. Para quienes nos hemos criado en Europa y estamos acostumbrados a su carácter inclusivo, centrado en los valores y multicultural, esta experiencia es absolutamente distópica.
Hace veintitrés años me casé con una persona de una familia ucraniana y, en las últimas semanas, he presenciado de primera mano la experiencia de los refugiados de guerra y el trauma que provoca ver sus vidas trastocadas de la noche a la mañana. Recogimos a familiares en Ucrania y los llevamos a un lugar seguro en Suiza; el miedo y la preocupación constantes por quienes tuvieron que quedarse atrás nos acompañan cada día.
No se puede cuantificar el consuelo psicológico que supone poder contar con un sistema de apoyo bien organizado en Suiza, mi país adoptivo por elección, ni la increíble empatía de amigos y colegas.

En tercer lugar, la crisis climática sigue ocupando un lugar destacado, a medida que experimentamos con mucha más frecuencia el carácter ineludible del cambio climático. En 2021 se produjeron más de 50 inundaciones graves en todo el mundo, que causaron pérdidas económicas combinadas superiores a 80.000 millones de dólares. Por desgracia, fenómenos como las inundaciones —que afectan a casi un tercio de la población mundial— son cada vez más frecuentes, pero hemos hecho poco para adaptarnos a su poder disruptivo.
Siempre reflexiono sobre el papel que puede desempeñar el sector de los (re)seguros y sobre cómo podemos combinar nuestras capacidades con las de otros para fortalecer la resiliencia de la sociedad. ¿Cómo podemos ayudar a gobiernos, empresas y personas a dar lo mejor de sí, garantizando al mismo tiempo la eficiencia y la eficacia en momentos críticos? La respuesta parcial a la que he llegado es que necesitamos una integración masiva de datos para alimentar servicios integrales de gestión de riesgos.
Repensar los planes de colaboración público-privada
Crece la demanda de vías sostenibles para avanzar. El sector de los seguros debe aprovechar este cambio en la sensibilidad pública y trabajar con los gobiernos para garantizar la preparación futura frente a los riesgos.
Junto con nuestros interlocutores en el gobierno, podemos reforzar la capacidad del sector público para gestionar los riesgos y ampliar las opciones de financiación de riesgos, así como explorar con renovada convicción distintos enfoques para aumentar drásticamente el impacto en las brechas de adaptación.
De hecho, no partimos de cero. Existen algunos casos de referencia y debemos aprovechar las lecciones aprendidas en los últimos tres años, reconociendo al mismo tiempo que todavía se están escribiendo algunos capítulos del libro de la resiliencia.
¿Cómo podría ser una hoja de ruta de este tipo?
El primer paso para lograr una mayor resiliencia es identificar los riesgos sistémicos y, al mismo tiempo, comprender que, como nos ha demostrado la COVID-19, identificarlos por sí solo no basta. Muchos países occidentales previsores elaboraron hace décadas planes y marcos de respuesta a pandemias, y aun así registraron un elevado número de muertes por COVID-19.
¿Por qué? Aunque se identificaron los riesgos, no se habían establecido marcos de gestión de riesgos ni se habían puesto a prueba de forma significativa para desplegarlos con rapidez y eficacia. Además, las herramientas disponibles no se adaptaban a la evolución dinámica de la pandemia; pasamos meses intentando ponernos al día.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en materia de soluciones climáticas basadas en la naturaleza?
El mundo se enfrenta a crisis ambientales convergentes: la destrucción acelerada de la naturaleza y el cambio climático.
Las soluciones climáticas basadas en la naturaleza (NCS, por sus siglas en inglés) —inversiones en programas de conservación y gestión del territorio que aumentan el almacenamiento de carbono y reducen las emisiones de carbono— ofrecen una vía importante para abordar ambas crisis y generar beneficios ambientales y sociales adicionales.

La investigación realizada para el informe del Foro Nature and Net Zeroconfirma las estimaciones de que las NCS pueden aportar un tercio de la mitigación climática necesaria para alcanzar una trayectoria de 1,5° y 2° para 2030, y a menor coste que otras formas de eliminación del dióxido de carbono. Este informe se basa en las recomendaciones del Grupo de Trabajo para la Ampliación de los Mercados Voluntarios de Carbono, e identifica seis medidaspara acelerar la ampliación de las NCS de alta calidad y desbloquear los mercados mediante los esfuerzos conjuntos de líderes empresariales, responsables de la formulación de políticas y la sociedad civil.

Para promover la colaboración, en 2019 el Foro y el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sosteniblese unieron para crear la Alianza para las Soluciones Climáticas Basadas en la Naturalezacon el fin de reunir a actores públicos y privados e identificar oportunidades y barreras para invertir en NCS.
Las organizaciones miembros de la Alianza NCS aportaron conocimientos especializados para desarrollar la guía Soluciones climáticas basadas en la naturaleza para empresas, una guía de alto nivel sobre el uso creíble de créditos de NCS por parte de las empresas.
Póngase en contacto para sumarse a nuestra misión de liberar el poder de la naturaleza.
Hasta la fecha, solo unos pocos países cuentan con un marco integral de gestión de riesgos, junto con responsables y registros de riesgos específicos que permiten seguir mejorando la capacidad de respuesta y las medidas de mitigación de riesgos. Esta es una brecha estructural que debe cerrarse con urgencia. Como nos recuerdan los acontecimientos mundiales recientes, los riesgos sistémicos no pueden superarse realmente hasta que se designe a países y actores dentro de cada país para planificar y trabajar juntos en la creación de resiliencia.
A continuación, debemos integrar mucho más nuestras respuestas y hacerlas más adaptables y ágiles.
Las plataformas digitales mejoran la preparación y la respuesta
Swiss Re colabora actualmente con gobiernos para crear una plataforma digital a medida que coordine las labores de emergencia en caso de catástrofe natural. Aunque algunos países ya cuentan con fondos de seguro obligatorios para proteger a los propietarios de viviendas y con compromisos de las aseguradoras para apoyarles en la evaluación de pérdidas, crear juntos una plataforma digital es un enfoque totalmente novedoso. Una vez lanzadas y operativas, estas plataformas digitales permitirán compartir información de forma inmediata y segura, además de facilitar y supervisar la respuesta de emergencia entre un amplio grupo de partes interesadas. Por supuesto, el diseño de la plataforma incluirá el análisis de escenarios y la preparación ex ante.
Nuestra coordinación no tiene por qué limitarse a la resiliencia frente a los riesgos físicos: estas plataformas también pueden ampliarse para abordar otros riesgos sistémicos. La clave es comenzar con un núcleo básico de activos y capacidades, con un diseño adaptable que permita escalar en múltiples direcciones al menor coste.
Aunque se ha iniciado el trabajo con unos pocos países piloto que ya cuentan con un marco de riesgos establecido, nuestra ambición es poner este enfoque a disposición de muchos más países para que puedan superar de un salto sus brechas estructurales.
El propósito de Swiss Re es hacer que el mundo sea más resiliente al ser un socio en materia de conocimiento y transferencia de riesgos, y esto cobra más sentido que nunca. Espero que muchos compartan nuestro entusiasmo por pasar a la acción; la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos, en mayo, ofrecerá la oportunidad ideal para continuar este diálogo con nuestros socios del sector público.





