Estos son los motivos por los que necesitamos financiar la investigación científica fundamental

Fundamental scientific research into fibre optics and digital imaging laid the foundation for today's networked society
Fundamental scientific research into fibre optics and digital imaging laid the foundation for today's networked society.Image: Pexels/Altered Snaps
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  • La investigación científica fundamental no se guía por consideraciones comerciales o prácticas, sino por la pura curiosidad científica.

  • Este tipo de investigación ha sentado las bases de muchas de las innovaciones más importantes de hoy.

  • Las economías modernas no pueden permitirse invertir exclusivamente en investigación aplicada.

Con frecuencia se me pide que explique la necesidad de financiar la investigación científica fundamental, que no se guía por consideraciones comerciales o prácticas, sino por la pura curiosidad científica. Especialmente en tiempos de crisis o de incertidumbre económica, ¿no debería decirse a los investigadores que se ocupen de asuntos prácticos y no debería utilizarse la financiación pública para apoyar investigaciones destinadas específicamente a resolver los problemas a los que se enfrenta la sociedad?

Pero lo cierto es que la ciencia fundamental impulsa la innovación. Además del importante valor cultural de satisfacer la curiosidad humana y de crear nuevo conocimiento, la investigación fundamental conduce a una mejor comprensión del mundo natural y establece la base esencial de conocimiento necesaria para resolver problemas prácticos y urgentes.

La historia de la innovación demuestra que la libertad de los investigadores para desarrollar sus ideas creativas, sin condiciones, ha sido vital para innumerables descubrimientos, muchos de los cuales han dado lugar a tecnologías revolucionarias con enormes beneficios para la sociedad y que han impulsado la economía.

Por ejemplo, el trabajo de Charles Kuen Kao, Willard S Boyle y George E Smith, los “padres de la fibra óptica y de la imagen digital” y galardonados con el Premio Nobel de Física de 2009, sentaron las bases de la sociedad interconectada actual. Sin sus investigaciones sobre las propiedades físicas del vidrio y sobre los circuitos integrados semiconductores, la industria de las comunicaciones, de un billón de dólares, que ha contribuido al crecimiento económico de las últimas décadas, quizá nunca habría surgido.

Otro ejemplo llamativo: cuando Einstein desarrolló su teoría de la relatividad especial y general, pocos habrían imaginado que ese trabajo experimental tuviera una aplicación práctica. Sin embargo, décadas después la tuvo, con el desarrollo de la tecnología del Sistema de Posicionamiento Global (GPS).

El sistema se basa en una red de 24 satélites que orbitan alrededor de la Tierra, cada uno con un reloj atómico de precisión, que se desarrolló originalmente para comprobar la teoría general de la relatividad. Concebido principalmente para la navegación militar, con inversiones superiores a 10 000 millones de dólares, el GPS se ha convertido hoy en una industria próspera.

Más recientemente, el Premio Nobel de Química de 2020 fue concedido a Emmanuelle Charpentier y Jennifer A. Doudna. Esto ha abierto un nuevo campo en la medicina de precisión genómica, con herramientas que pueden atacar directamente las enfermedades genéticas. Pero esto no se previó cuando los investigadores que estudiaban los genomas bacterianos encontraron extrañas secuencias de ADN repetitivas (las CRISPR), o cuando otros intentaban averiguar cómo evitar que los cultivos de yogur se echaran a perder. Tampoco era el objetivo principal de quienes estudiaban la estructura de la enzima Cas9, que actúa como las “tijeras” genéticas.

La creación de conocimiento nuevo, de alta calidad y fiable, es una condición necesaria para que surjan innovaciones útiles

Maria Leptin, presidenta del Consejo Europeo de Investigación

Uno de los casos más impresionantes es el de las vacunas contra la COVID-19. El rápido desarrollo de la vacuna de Pfizer/BioNTech por parte de Ugur Sahin y Özlem Türeci, la primera inmunización plenamente probada en ser aprobada, se basó no solo en los avances logrados en la fabricación de vacunas, sino también en una financiación sustancial de la Unión Europea y en que las autoridades reguladoras actuaron más deprisa de lo habitual. Pero esto no habría sido suficiente si no hubiera sido por años de investigación previa sobre la tecnología del ARNm, en especial la realizada por Katalin Karikó. Los investigadores que habían iniciado ensayos con ARNm para vacunas contra el cáncer mucho antes de la pandemia se dieron cuenta rápidamente de que la misma tecnología podía utilizarse para una vacuna contra la COVID-19.

El caso es que no podemos saber de antemano qué resultados de investigación acabarán siendo útiles. Pero sí sabemos que la creación de conocimiento nuevo, de alta calidad y fiable, es una condición necesaria para que surjan innovaciones útiles. Estos pocos ejemplos ilustran que el proceso que va desde un descubrimiento hasta la comercialización de una innovación exitosa no es sencillo. La innovación no sigue un proceso lineal que va desde un descubrimiento hasta una empresa emergente y, después, a un producto exitoso que aporta crecimiento y bienestar al mundo.

Los descubrimientos que hoy se realizan en laboratorios y universidades, y el trabajo de las personas cualificadas y talentosas que se forman para llevar a cabo investigaciones rigurosas, podrían dar lugar mañana o dentro de una o dos décadas a nuevos tipos de herramientas de diagnóstico para enfermedades crónicas; o a tecnologías energéticas más baratas y ecológicas; o a nuevos conocimientos sobre la interacción de las poblaciones animales y vegetales que nos permitan encontrar formas de adaptarnos al cambio climático.

La investigación de frontera sigue contribuyendo al largo, complejo e iterativo proceso de la innovación moderna, y la Unión Europea invierte en ello a través del Consejo Europeo de Investigación (ERC). Financiamos este tipo de investigación sin esperar ningún beneficio tecnológico inmediato. No obstante, además de descubrimientos fundamentales, los investigadores financiados por el ERC también han creado numerosas empresas emergentes y han transferido los resultados de sus investigaciones a empresas existentes.

Sus publicaciones científicas, algunas de ellas importantes para la evolución de nuevos ámbitos científicos, también se cuentan entre las más citadas en las solicitudes de patentes. Más del 44 % de los proyectos financiados por el ERC han generado investigaciones que posteriormente fueron citadas en solicitudes de patentes, presentadas por empresas e instituciones de todo el mundo.

Estos son datos alentadores. Las economías modernas no pueden permitirse invertir exclusivamente en investigación aplicada. Necesitamos elevar el nivel general de la investigación fundamental en el mundo y ampliar la frontera del conocimiento si queremos transformar las ideas innovadoras en productos y servicios que aumenten la productividad y eleven el nivel de vida en todo el planeta.

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