La región del Golfo parece destinada a seguir siendo un punto destacado de la economía mundial pospandémica, pese a la crisis del coste de la vida y la guerra en Ucrania.
Gran parte de la región ha experimentado un impresionante repunte de la actividad económica, y la producción energética del Golfo ha aportado estabilidad durante la crisis energética mundial.
Con énfasis en la apertura y la diversificación económica, el Golfo está bien posicionado para desempeñar un papel de importancia estratégica en el cambiante orden económico mundial.
Aunque la sólida recuperación pospandémica se ha visto interrumpida por la crisis del coste de la vida y la guerra en Europa del Este, la región del Golfo parece destinada a seguir siendo un punto relativamente destacado de la economía mundial.
El crecimiento proyectado del producto interno bruto (PIB) de la región del Golfo en su conjunto en 2022 se sitúa cerca del 7%, mientras que incluso en 2023 parece alcanzable una cifra de alrededor del 3,5%. Por ejemplo, el crecimiento no petrolero de Baréin alcanzó un máximo de 11 años, de algo más del 9% interanual en el segundo trimestre y se ha situado en un 7,2% anual durante los tres primeros trimestres.
Son cifras sólidas tanto según los estándares mundiales actuales como según los históricos. Aunque este buen desempeño se debe en gran medida a la dinámica reciente del mercado petrolero, hay más factores en juego.
El Golfo ha experimentado una sólida recuperación pospandémica
La fortaleza de la economía del Golfo refleja la gestión eficaz de la pandemia de COVID-19 por parte de las autoridades regionales, que demostraron una gestión de crisis exitosa al rastrear los contagios, gestionar los riesgos y distribuir las vacunas.
Esta resiliencia ha permitido un impresionante repunte de la actividad económica. La conectividad externa se ha normalizado en gran medida, gracias a la gestión competente de un número cada vez mayor de meg eventos, como Expo 2020 de Dubái.
Esto también ha permitido al Golfo intensificar sus esfuerzos para desarrollar actividades orientadas al exterior de importancia estratégica, desde la facilitación del comercio hasta el turismo.
Los países del Golfo también están bien posicionados para desempeñar un papel decisivo en la transición energética mundial. Lideran ámbitos como la economía circular del carbono, al tiempo que mejoran la eficiencia en todas las cadenas de valor del petróleo y el gas. A la vez, están adoptando la transición mediante objetivos nacionales de energía limpia y cero emisiones netas.
El Golfo ha registrado repetidamente inversiones récord en energía solar y la eficiencia energética está surgiendo como un factor clave para impulsar la productividad. El hidrógeno verde ofrece un considerable potencial de exportación, pues permite al Golfo aprovechar sus amplios espacios desocupados y su abundante radiación solar para contribuir a la lucha mundial contra las emisiones de carbono.
La creciente integración de los mercados energéticos dentro del Golfo y más allá está haciendo posibles las exportaciones de energía limpia. Esto permitiría a los países de la región replicar en el suministro energético en general el papel estratégico que desempeñan en el petróleo y el gas.
Diversificación exitosa de la economía de la región
El impulso de crecimiento del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) se sustenta en una visión estratégica que sigue impulsando la diversificación de la economía regional hacia nuevas áreas. Situado en el corazón del Viejo Mundo, el Golfo ofrece infraestructuras de primer nivel, regulaciones competitivas a escala mundial y una población joven y bien formada. Estos factores son una garantía importante de dinamismo económico, resiliencia y capacidad de adaptación de cara al futuro.
Las visiones políticas regionales y las estrategias de desarrollo describen un futuro sustentado en el dinamismo, la productividad y la innovación. Con este fin, durante años se han canalizado inversiones sustanciales a ámbitos que van desde la educación y la investigación hasta la adopción de tecnología y el emprendimiento innovador de empresas emergentes, y estas inversiones siguen acelerándose.
Las reformas fiscales, la movilización de capital sin precedentes y una cultura de apertura están transformando las economías rentistas de antaño en un dinámico centro de importancia mundial.
La diversificación económica no solo sigue transformando la composición del PIB de las economías regionales, sino que también impulsa el crecimiento y la sofisticación de las exportaciones. Se han logrado avances sustanciales en las exportaciones de servicios, como la logística, las finanzas y el turismo, y también se están ampliando las cadenas de valor con exportaciones no petroleras para crear nuevas oportunidades.
La conectividad mundial ha sido fundamental en las estrategias de desarrollo del Golfo durante décadas, una prioridad lógica para una región flanqueada por los dos continentes más poblados y con mayor dinamismo demográfico del mundo: Asia y África.
Sin embargo, empresas de Europa y América aprovechan cada vez más las infraestructuras de primer nivel y la regulación adaptable de los países del Golfo al buscar oportunidades en los mercados de crecimiento del futuro. También permiten que un número cada vez mayor de empresas del CCG operen con un alcance cada vez más mundial.
Las infraestructuras y la regulación atraen a empresas extranjeras
Las avanzadas infraestructuras del Golfo se complementan con una apertura al comercio basada en el compromiso de toda la región con aranceles bajos, respaldado por avances continuos en el establecimiento de acuerdos comerciales favorables en múltiples direcciones.
El Golfo es un socio clave de la Zona Panárabe de Libre Comercio, pero también ha establecido acuerdos de libre comercio con países que van desde Nueva Zelanda hasta Singapur.
Se están negociando varios otros acuerdos de libre comercio. Por ejemplo, según se informa, el acuerdo entre China y el CCG se encuentra en sus etapas finales. Los países del CCG también cuentan individualmente con muchos acuerdos comerciales adicionales. En conjunto, estos acuerdos reducen al mínimo las barreras al comercio en múltiples direcciones.
Esto no solo permite a la región reorientar sus relaciones comerciales en distintas direcciones en respuesta a las circunstancias cambiantes. También proporciona una base sólida para una política económica exterior multidireccional que permite a la región aprovechar eficazmente sus infraestructuras competitivas.
A lo largo de los años, las economías regionales han reforzado sus vínculos externos mediante inversiones sustanciales y ayuda al desarrollo. Los depósitos efectuados por los bancos centrales del Golfo en sus homólogos de países afectados por la pandemia de COVID-19 o por las perturbaciones vinculadas a la guerra de Rusia en Ucrania han sido fundamentales para salvaguardar la estabilidad macroeconómica de economías regionales importantes, como Egipto.
Sin embargo, la atención se dirige cada vez más hacia las inversiones comerciales. El Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita, por ejemplo, anunció recientemente la creación de cinco empresas para impulsar inversiones de miles de millones de dólares en Baréin, Irak, Jordania, Omán y Sudán. Uno de los muchos beneficios de este creciente enfoque regional en la movilización de capital es la creación de cadenas de valor que pueden aprovechar los recursos de varias economías y aportar beneficios económicos más amplios.
Inversión para mejorar la capacidad productiva
La inversión en general ocupa un lugar central en las ambiciones futuras de los países del Golfo. Es una manera lógica de aprovechar la excepcional riqueza financiera de la región mediante la creación de nueva capacidad productiva.
Quizá el ejemplo más destacado de esta postura sea la reciente Estrategia Nacional de Inversión de Arabia Saudita, que prevé movilizar más de 27 billones de riales saudíes (7,1 billones de dólares) en la economía nacional para 2030, lo que elevaría la contribución de la inversión al PIB del 22% en 2019 al 30% en 2030.
Otros ambiciosos programas de inversión, como Proyectos de los 50 de los EAU o el Plan de Recuperación Económica de Baréin, con 30.000 millones de dólares en proyectos previstos, contemplan una movilización de capital sin precedentes, equilibrada y centrada en crear nueva capacidad productiva.
Todos los países del Golfo se han comprometido a atraer inversión extranjera directa (IED), que, incluso en medio de los desafíos económicos mundiales, ha vuelto a crecer en los últimos años, pasando de un total regional de 14.500 millones de dólares en 2017 a 44.400 millones de dólares en 2021. Solo Baréin atrajo 921 millones de dólares en IED en los tres primeros trimestres de 2022. Además, la actividad en los mercados de capitales del Golfo ha repuntado con fuerza, con un número creciente de ofertas públicas iniciales.
Una fuerza laboral joven y formada en una ubicación atractiva
La población joven de la región del Golfo es una fuente importante de competitividad. La edad media de la población regional sigue siendo inferior a 30 años y el nivel de desarrollo humano, medido según el Índice de Desarrollo Humano de la ONU, es muy alto según los estándares mundiales.
También se siguen realizando inversiones cuantiosas en educación, incluso a través de instituciones como la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdalá de Arabia Saudita, una de las instituciones de investigación de más rápido crecimiento del mundo.
Los países del Golfo también están redoblando sus esfuerzos por atraer talento excepcional y retenerlo mediante normas de visado que reconocen el valor del capital humano para impulsar el desarrollo económico. Para muchas personas en el mundo actual, la región del Golfo ofrece una combinación única de dinamismo económico, alta calidad de vida y una ubicación atractiva.
Los países del Golfo, situados en el corazón del Oriente Medio en sentido amplio, están bien posicionados para adquirir una importancia cada vez mayor en el cambiante orden económico mundial. Consolidarán su éxito con una perspectiva a largo plazo sobre la apertura, una regulación de calidad y la diversificación económica. Es probable que la propuesta de valor de la región, ya atractiva hoy, siga creciendo en los próximos años y décadas.





