El amoníaco producido con combustibles fósiles representa aproximadamente el 5 % del consumo mundial de gas.
La dependencia de la industria del amoníaco hace necesario pasar al «amoníaco verde», producido con hidrógeno renovable.
Las alianzas intersectoriales buscan que este «hidrógeno verde» sea una alternativa viable para reducir las emisiones y generar inversiones a gran escala.
Puede que el amoníaco no sea el antídoto contra los combustibles fósiles, pero contribuirá enormemente a reducir nuestra dependencia de ellos. Este artículo busca responder algunas preguntas importantes: qué es el amoníaco verde; cuál es la función del hidrógeno; qué significa para la producción de alimentos; y cómo puede hacer más sostenible el transporte marítimo.
Con inversiones, financiación pública y marcos adecuados, podemos reducir las emisiones de los sectores con un consumo intensivo de energía, descarbonizar la producción de alimentos, impulsar la economía del hidrógeno verde y crear un mercado de energía verde de miles de millones de dólares.
El mundo ya depende por completo del amoníaco. De hecho, la mitad de la producción mundial de alimentos depende de él, ya que es un componente clave de los fertilizantes minerales. Hoy, el amoníaco representa aproximadamente el 5 % del consumo mundial de gas. Si logramos que sea rentable producir amoníaco con energía renovable (amoníaco verde), contribuiremos a descarbonizar la producción de alimentos y daremos un gran paso hacia una economía del hidrógeno.
Pero no solo descarbonizaremos la producción de alimentos con fertilizantes verdes; también podremos descarbonizar el combustible para el transporte marítimo.
¿Qué es el amoníaco verde?
La ecuación para producir amoníaco es más o menos la siguiente:
Energía (gas u otra fuente) + agua (electrólisis) = hidrógeno + nitrógeno = amoníaco
Si sustituimos por energía renovable el gas que se usa actualmente como fuente de energía para producir hidrógeno —energía hidroeléctrica, solar o eólica—, obtenemos la ecuación del amoníaco verde.

Dato curioso: en Noruega, la energía hidroeléctrica fue la principal fuente de energía para la producción de amoníaco durante décadas, hasta 1991. Todo esto se detuvo cuando el bajo costo del gas desplazó a otras fuentes de energía. Así que, en realidad, hablamos de volver al futuro; o, mejor dicho, de mirar atrás antes de avanzar.
Proyectos impulsados por energías renovables
Varios grandes productores de amoníaco han anunciado proyectos para producir hidrógeno a partir de agua utilizando energías renovables. Yara, uno de los mayores productores de fertilizantes y amoníaco del mundo, es uno de ellos, con proyectos piloto en Australia, Noruega, y los Países Bajos. Yara también anunció recientemente planes para electrificar su planta de amoníaco en Noruega, lo que podría permitir eliminar 800,000 toneladas de CO2 al año, siempre que se disponga de la cofinanciación pública y el marco regulatorio necesarios.
CF Industries, en Estados Unidos; Fertiberia e Iberdrola, en España; y Asian Renewable Energy Hub y Fortescue Metals Group, en Australia, entre otras empresas, han puesto en marcha programas piloto de amoníaco verde en todo el mundo.
Hidrógeno viable a gran escala
El problema del amoníaco verde hoy es que las fuentes de energía verde siguen siendo mucho más caras que el gas y se necesita mucha electricidad para producir amoníaco.
Por lo tanto, el precio de la energía renovable debe bajar. Esto es posible si analizamos cómo podría abrirse el mercado actual del amoníaco a todo un nuevo grupo de usuarios y, por tanto, de compradores. El amoníaco tiene una densidad energética nueve veces mayor que la de las baterías de iones de litio y tres veces mayor que la del hidrógeno comprimido, lo que lo convierte en un portador de energía sin carbono potencialmente muy atractivo.
Ante la creciente presión sobre varias industrias para que reduzcan sus emisiones, no sorprende que las empresas se apresuren a hacer más competitivo el hidrógeno verde (y, por tanto, el amoníaco verde).
La iniciativa Green Hydrogen Catapult se puso en marcha recientemente. Empresas de todo el mundo y de diversos sectores buscan multiplicar por 50 la producción de hidrógeno verde para 2026. Esto podría reducir a la mitad el costo actual del hidrógeno verde, hasta situarlo por debajo de los US$2 por kg, un posible punto de inflexión a partir del cual el hidrógeno verde podría convertirse en la fuente de energía preferida.
Si se alcanza el objetivo, podrían reducirse considerablemente las emisiones de industrias con un consumo energético intensivo, como la siderurgia y la producción de fertilizantes, así como las de la generación de energía y, quizá lo más prometedor, el transporte marítimo de larga distancia. El sector privado está asumiendo un papel destacado en la superación de las barreras tecnológicas, de seguridad, de suministro de combustible y de viabilidad comercial para hacer posible un transporte marítimo descarbonizado.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para impulsar la transición hacia la energía limpia?
Descarbonizar la producción de alimentos
A escala mundial, la industria de los fertilizantes es responsable de aproximadamente el 1,1 % de las emisiones anuales de carbono, debido al uso de energía fósil como materia prima (aproximadamente el 80 % de la producción utiliza gas natural, mientras que el carbón representa aproximadamente el 15 %). Actualmente, el amoníaco verde es la mejor apuesta de la industria de los fertilizantes para reducir las emisiones.
Pero, como los precios del hidrógeno verde y del amoníaco verde siguen siendo mucho más altos que los del amoníaco convencional, para producir fertilizantes verdes debe ocurrir una de estas dos cosas: o bien existe un mercado para alimentos más caros y descarbonizados, o bien baja el precio del hidrógeno verde utilizado como materia prima en la producción de amoníaco.
El futuro es verde
Aunque el sector privado se apresura a producir hidrógeno verde y amoníaco verde a gran escala (para reducir los costos), BloombergNEF estima que la industria necesitará US$150 mil millones en subsidios para 2030, además de mucha más inversión total. Sin embargo, si la economía del hidrógeno llega a desarrollarse plenamente, podría convertirse en un mercado de US$12 billones, según algunas estimaciones.
Conscientes de ello, países y regiones están tomando la iniciativa para apoyar la producción de hidrógeno verde. Alemania ha destinado la mayor parte de sus fondos de estímulo para la energía limpia al hidrógeno verde; Corea y Japón han presentado hojas de ruta para orientar las inversiones y las políticas relacionadas con el hidrógeno en los próximos años; y Oriente Medio, que cuenta con la energía eólica y solar más barata del mundo, aspira a convertirse en un actor importante en el ámbito del hidrógeno verde.
El hidrógeno verde y el amoníaco verde ya no son conceptos marginales. Pero esta industria aún está en sus inicios, y la historia nos ha enseñado que industrias así necesitan cuidados y atención especiales antes de crecer y florecer.





