Por qué necesitamos cooperación mundial para descarbonizar las ciudades y el sector inmobiliario

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  • Dado que más del 60% de las emisiones de carbono de las ciudades suelen proceder de los edificios, es necesario aunar esfuerzos para descarbonizar el sector inmobiliario cuanto antes.

  • Ante la escasa armonización e integración, los inversores inmobiliarios transfronterizos y los usuarios finales tienen dificultades para desenvolverse en el panorama regulatorio mundial de las emisiones netas cero de carbono.

  • Estamos llegando a un punto de inflexión en el que los gobiernos y el sector inmobiliario deben colaborar para lograr una mayor armonización y coherencia en las políticas, la regulación y la presentación de informes.

En un mundo cada vez más complejo e inestable, la urgente necesidad de descarbonizar el sector inmobiliario sigue siendo constante.

No hay soluciones rápidas que transformen de repente los edificios actuales, ineficientes desde el punto de vista energético, en modelos de construcción sostenible en las próximas décadas. Se necesitarán tiempo, inversión y conocimientos especializados para rehabilitar la mayoría de los edificios de las zonas urbanas.

Sin embargo, dado que más del 60% de las emisiones de carbono de las ciudades suelen proceder de los edificios, es necesario aunar esfuerzos cuanto antes.

Por eso, los compromisos a largo plazo con un futuro de cero emisiones netas están impulsando ahora la presión a corto plazo para empezar a formular planes de acción que permitan avanzar de forma constante.

En todo el mundo, los gobiernos municipales suelen encabezar los esfuerzos. Desde Nueva York hasta París y Singapur, muchas ciudades cuentan ya con una serie de objetivos y medidas para los inmuebles comerciales nuevos y existentes.

Image: Investigación global de JLL

Aunque este impulso merece reconocimiento, también conlleva sus propios problemas.

El informe de JLL Descarbonizar las ciudades y el sector inmobiliario revela un mosaico de normativas y métricas que evoluciona rápidamente en 30 grandes ciudades del mundo. La escasa armonización e integración da lugar a un panorama mundial complejo.

Cada ciudad recurre a una combinación propia de herramientas para descarbonizar los edificios: desde códigos de construcción, marcos de presentación de informes y divulgación y auditorías energéticas, hasta normas mínimas para edificios, incentivos y programas aceleradores.

Como consecuencia, los inversores inmobiliarios transfronterizos y los usuarios finales tienen dificultades para desenvolverse en el panorama regulatorio mundial de las emisiones netas cero de carbono (NZC) y garantizar que sus carteras estén preparadas para el futuro.

Ciudades a las que prestar atención

Algunas ciudades son líderes indiscutibles a la hora de concebir y poner en práctica planes innovadores. La conocida lista de ciudades pioneras «sostenibles», como Copenhague (con su iniciativa Energy Leap) y Vancouver (con su Plan de Edificios de Cero Emisiones), vuelve a situarse a la vanguardia. Han acumulado un impulso, experiencia y conocimientos considerables, y avanzan con paso firme en esta importante década de acción.

Pero, posiblemente, las ciudades a las que conviene prestar atención son las grandes urbes internacionales progresistas en materia climática, que adoptan las posturas más decididas para descarbonizar los edificios. En Asia, por ejemplo, Singapur cuenta con un Plan Maestro de Edificios Verdes ambicioso y centrado en objetivos, una hoja de ruta para ecologizar su parque inmobiliario de aquí a 2030. El programa de comercio de derechos de emisión de Tokio incentiva a los propietarios de edificios a reducir las emisiones mediante objetivos y permite a las partes vender o comprar créditos.

En Estados Unidos, la ciudad de Nueva York ha introducido una amplia gama de leyes sobre evaluación comparativa del consumo energético, auditorías energéticas, normas de emisiones y códigos de construcción. También ha establecido uno de los impuestos sobre el carbono más elevados: 263 dólares por tonelada de CO2.

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Y en Europa, París lidera los esfuerzos para abordar el carbono incorporado con sus «Principios de diseño para la reutilización» y su normativa RE2020, que abarca el impacto del carbono durante todo el ciclo de vida. Londres marca el ritmo en materia de legislación sobre biodiversidad: exige que los grandes proyectos de desarrollo elaboren un plan para lograr una «ganancia neta de biodiversidad».

Modelos de colaboración para el futuro

A medida que surgen prácticas recomendadas en ciudades pioneras y progresistas en materia climática, estamos llegando a un punto de inflexión en el que los gobiernos y el sector inmobiliario deben colaborar para lograr una mayor armonización y coherencia en las políticas, la regulación y la presentación de informes.

Debemos extender las prácticas recomendadas por todo el mundo. Muchas ciudades apenas comienzan su camino hacia la descarbonización y pueden aprender mucho de los éxitos y los errores de las ciudades líderes. Sin embargo, con demasiada frecuencia siguen su propio rumbo.

Las alianzas en todos los niveles serán fundamentales para reunir recursos y conocimientos, compartir las prácticas recomendadas, educar y acelerar el progreso, ayudar a ampliar la escala de las tecnologías y lograr el equilibrio adecuado entre regulación, incentivos, coerción y promoción. A medida que se aceleren los esfuerzos de descarbonización, debemos incorporar también a los numerosos pequeños propietarios, inversores y ocupantes que a menudo carecen de los conocimientos y los recursos necesarios para actuar por su cuenta.

Los gobiernos municipales tienen un papel clave en la creación de la infraestructura, los marcos, las leyes y los incentivos necesarios para que todas las partes interesadas tengan éxito. En particular, deben impulsar la ecologización de las redes energéticas locales, sobre las que el sector inmobiliario tiene poco control directo.

Y aunque la descarbonización sea el objetivo final, debe llevarse a cabo junto con la equidad social, la asequibilidad, la biodiversidad y la adaptación al cambio climático.

Si hay algo que hoy tienen en común todos los gobiernos municipales es entender que ha llegado el momento de actuar con urgencia. Aunque el panorama regulatorio mundial sea confuso, como puso de manifiesto la COP26 del año pasado, existe un amplio reconocimiento de que las emisiones de los edificios son importantes y un firme interés en armonizar las normativas, la presentación de informes y las normas de medición.

Los objetivos de cero emisiones netas sencillamente no serán alcanzables sin un programa proactivo y colaborativo que reduzca de forma significativa las emisiones de carbono incorporado y operativo de los edificios.

Al colaborar, aprender de otras ciudades y compartir las prácticas recomendadas, los gobiernos municipales estarán mejor preparados para cerrar la brecha entre la intención y la acción y lograr que esta década crucial marque un verdadero punto de inflexión en la creación de un futuro más sostenible.

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